¿Crecimiento decepcionante?
Por Hernán Büchi
El Mercurio – Libertad y Desarrollo
No pretendo en esta columna seguir la regla que en privado enseñaba un destacado político. "No importa cómo sean las cosas, sino lo que uno logra hacerlas parecer". De igual modo decía que "la solución de los problemas no es lo importante; en general, toma mucho tiempo para la paciencia de la política, lo relevante es quién aparece como culpable de ellos". Sin duda las palabras recientes de un parlamentario socialista forman parte, consciente o no, de la utilización de la esta última regla; denigrando a los empresarios, queda el terreno allanado para que la opinión pública los sindique a ellos como responsables de sus dificultades y no a quienes hoy tienen el poder y conducen al país.
En la perspectiva anterior, sería fácil aprovechar que las cifras recientes de crecimiento y empleo no son buenas. El hecho de que la estimación de aumento del Producto Interno Bruto del primer semestre no alcanzara el 5,0%, sino que quedará en el 4,9% y que conjuntamente con ello haya habido un mal desempeño de la inversión, la cual no creció en el segundo trimestre, se prestan para presentar las cosas peor de lo que son.
Sin embargo, es más responsable tratar de ayudar a resolver los problemas en lugar de usar la oportunidad para tratar de encontrar culpables que nos convengan políticamente. En realidad, los datos recientes lo que hacen es confirmar algo que ya sabíamos: el desempeño económico es más modesto que lo deseable y posible, dadas las excelentes condiciones externas. A su vez, confirman que la trayectoria de la inversión está lejos de permitir que el país vuelva a crecer a tasas de 7% anual, como Chile lo hizo por largo tiempo antes de la llamada crisis asiática.
La pregunta relevante es si podemos lograr algo distinto y mejor o si, por el contrario, es muy poco lo que podemos hacer para cambiar los padrones de crecimiento, como piensan quienes tienen una visión más escéptica sobre el impacto de las políticas económicas en el desarrollo.
Para responder dicha pregunta, conviene partir destacando que a estas alturas no es posible poner en duda que las condiciones externas son excepcionales y se están manteniendo por más tiempo del esperado. De hecho, son mucho mejores que las previas a la crisis asiática, cuando el país vivió un progreso que no había conocido antes. Es indudable, a su vez, que si replicáramos el dinamismo de esos años llegaríamos rápidamente a la categoría de desarrollados.
Para apreciar lo que significa la bonanza actual y entender que aun cuando se desvanezca más adelante, puede tener efectos duraderos si la aprovechamos bien, conviene mirar qué es lo que está pasando con la posición deudora del Gobierno y del país.
De deudor a acreedor
La deuda del Ejecutivo y la deuda externa han sido tradicionalmente problemas crónicos de los países latinoamericanos en el pasado y Chile no fue una excepción en estas materias. Es por ello que será un hito de gran relevancia lo que sucederá en materia de deuda si la bonanza actual se prolonga hasta el próximo año. El Gobierno acumulará más de US$ 20.000 millones. Con ello dejará de ser un deudor y pasará a ser un acreedor aun tomando en cuenta los bonos de reconocimiento, que en nuestro caso son el principal pasivo previsional a cargo del Estado. Por su parte, el país considerado como un todo y en base a los recursos del fisco y las reservas del Banco Central también dejará de ser un deudor. Ello, sin tomar en cuenta las importantes inversiones de los chilenos, incluyendo los fondos de pensiones en el exterior.
Coincido con la posición pública del Gobierno que los recursos que estamos recibiendo no se deben usar inadecuadamente. Basta pensar en qué puede pasarle a un país como Venezuela, que está viviendo el boom del petróleo, si éste se acaba. Claramente no está siendo asignado de tal forma que asegure un crecimiento vigoroso en condiciones más adversas. Ningún chileno querría correr ese riesgo, más aún si consideramos que el cobre es más veleidoso que el petróleo y un aterrizaje violento en su precio sería catastrófico para nosotros, especialmente si se produce mientras nos encontramos en medio de una fiesta de gasto público.
Sin embargo, no creo que tener una posición conservadora sea sinónimo de no aprovechar en buena forma la oportunidad histórica que está teniendo Chile. Si sólo cerramos las compuertas para evitar el mal uso, lo más probable es que éstas terminen siendo desbordadas de mala manera, como lo insinúan las presiones parlamentarias por mayor gasto. A su vez, aunque seamos exitosos en contener la avalancha no creo que sea lo correcto, ya que no comparto la posición de los escépticos que piensan que es poco lo que se puede hacer para crecer más.
Reitero que estamos frente a una oportunidad única. Nuestra dinámica política, en particular la visión ideológica de la coalición de gobierno, que es contraria a la creatividad empresarial, nos ha llevado a frenar la inversión, el empleo y con ello el desarrollo. La situación actual nos da una nueva chance para pasar por encima de esos escollos.
Una propuesta de acción para aprovechar la coyuntura debe tener una componente de corto y otra de mediano plazo. En la perspectiva de corto plazo, debemos recordar que el beneficio lo está recibiendo el fisco, mientras que el sector privado es castigado por los altos precios del petróleo. Aun teniendo a la vista los datos recientes sobre la evolución del gasto, creo conveniente compensar al sector privado en forma rápida y efectiva. Una rebaja de los impuestos a los combustibles es una manera eficaz de hacerlo.
Por su parte, mirando hacia el mediano plazo, resulta imprescindible sentar las bases para potenciar la inversión y el empleo. El desarrollo del capital humano es vital para que éste último crezca y mejoren las remuneraciones. Estimo que las condiciones actuales permitirían hacer un plan fiscal de mediano plazo que destine entre 2 y 3% del PIB para reestructurar impuestos, para potenciar la inversión y financiar programas que mejoren nuestro capital humano. Ello ayudaría a compensar los efectos de una visión cada vez más antiinversión y antiempleo y, con ello, podríamos llevar de vuelta nuestro crecimiento potencial a aquel que conocimos hace una década.
Es una paradoja que este gobierno vea su imagen deteriorarse mientras goza de un golpe de fortuna que cada vez se muestra más como algo único. Ojalá sepa usarlo para el bien del país y con ello de su propia imagen en la historia.
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