No se pone de acuerdo la juventud cubana respecto de Castro
Por César González-Calero
La Nación
Pide flexibilidad económica y política
LA HABANA.– Apostado contra el muro del malecón habanero, Nelson mira la línea del horizonte y la va recorriendo con su dedo índice. A los 26 años sólo tiene una obsesión: salir de Cuba. Como él, muchos jóvenes cubanos reclaman una apertura económica, antes que un cambio político, para afrontar los años venideros con cierta esperanza.
Nelson llegó a La Habana hace un par de años desde su natal Holguín, en el oriente de la isla, pero en la capital cubana no ha encontrado lo que buscaba: “Vine acá porque allí no hay futuro. Pero esto está igual de malo, y peor se va a poner ahora con la situación”. La “situación” a que hace referencia Nelson es la cesión temporaria del poder que realizó Fidel Castro el pasado 31 de julio a su hermano, Raúl, debido a la delicada cirugía intestinal a que fue sometido el líder cubano, de 80 años.
El régimen es consciente de que la desconexión con la juventud es una realidad. En diciembre pasado, el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, reconoció explícitamente que uno de los principales retos de la revolución era ganarse la confianza de los dos millones y medio de jóvenes que se criaron durante el denominado “período especial”, los años duros de principios de la década del noventa. En ese entonces Cuba tuvo que prescindir del sostén económico que representaba la Unión Soviética. Unos años en los que, según Pérez Roque, "se desarrollaron los vicios y tendencias negativas" que ahora son moneda corriente en la isla.
No son muchas las voces disconformes que se dejan oír en La Habana. Desconfiados hasta de su sombra, los cubanos recelan de todo aquel que se interesa por su opinión política. En estas últimas semanas, en la capital cubana reina, junto a la calma, un silencio abrumador.
"Si me preguntas de béisbol, no paro, pero del hombre [Fidel] no voy a hablar. ¡Qué va!", se excusa un joven negro del barrio Centro Habana, uno de los más conflictivos de la capital cubana.
La Universidad de La Habana alza sus muros neoclásicos en pleno centro de la ciudad. En estas fechas, sus aulas están cerradas. Sólo algún estudiante despistado se deja caer por allí.
En las escalinatas que conducen al rectorado, una joven avanza apresurada. Al interpelarla por la inédita situación política que vive el país, se le descompone la mirada: "Lo siento, estoy apurada, pregúntele a otro".
Ante la insistencia, la joven ofrece airadamente una respuesta críptica: "Está todo normal; lo único que puedo decir es que los jóvenes estamos más dispuestos que nunca a defender lo nuestro".
Un joven licenciado en Filosofía, que prefiere escudarse en el anonimato, ofrece su versión de la actitud de los jóvenes: "No encontramos espacios donde aflore el debate. En la esfera universitaria, todos los intentos de abrir espacios de crítica se han frustrado, sencillamente porque las autoridades no quieren que haya debate".
Ante ese panorama, algunos jóvenes han optado por construir sus propios canales de expresión. En Alamar, una ciudad dormitorio en las afueras de La Habana, se viene gestando desde hace años un movimiento alternativo que ha generado interesantes propuestas artísticas al margen del sistema.
Allí se organizaron los primeros festivales de rap, que con los años se han convertido en estandarte contracultural para las nuevas generaciones. Desde fines de los años 90, varios grupos de jóvenes han tomado la calle para realizar sus actividades creativas, recitales de poesía, teatro y música.
La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) cuenta con más de medio millón de militantes, según fuentes de la organización. Fundada en 1962, tres años después del triunfo de la revolución, es la hermana menor del gobernante Partido Comunista Cubano (PCC), e incubadora de nuevos dirigentes. Su principal objetivo es la "formación integral y multifacética de las nuevas generaciones".
Los jóvenes fidelistas
Yanier González, delegado de la UJC en un hospital de La Habana, resumía así el sentimiento de esa otra parte de la juventud cubana, la que expresa abiertamente su opinión, coincidente con las consignas del régimen: "Siempre defenderemos la más gloriosa de nuestras victorias, nuestra revolución del pueblo y para el pueblo".
En el lado opuesto de ese discurso oficial, muchos jóvenes cubanos llevan ya años imitando los patrones de comportamiento capitalistas.
En un país donde circulan dos monedas, el peso cubano y el peso convertible (la moneda fuerte que sustituyó al dólar en octubre de 2004), no es ya raro encontrar discotecas atestadas de veinteañeros con teléfonos celulares y ropa de marca, que bailan y beben desenfrenadamente hasta bien entrada la madrugada.
Son parte de esa generación del "período especial", parte del reto al que se refería el canciller Pérez Roque. El desafío de la revolución por atraer a la generación desconectada.
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