Los trabajadores latinos reconstruyen a Nueva Orleans
El Comercio, Quito
Nueva Orleans (EE.UU.), EFE
La tristeza y la rabia inundan las calles de Nueva Orleans en el primer aniversario del paso fatídico del huracán “Katrina”, pero lo que para muchos es pena, para miles de hispanos es la oportunidad de sus vidas.
Como la tradicional sopa local, el “gumbo”, que lleva pescado, verdura y carne, así renace Nueva Orleans, con una mezcla de razas y culturas en la que el ingrediente latinoamericano tiene un sabor más destacado que nunca.
Atraídos por las labores de reconstrucción de la ciudad, miles de hispanos procedentes de sus países o del interior de EE.UU. han hecho de Nueva Orleans su residencia provisional, aunque todavía es pronto para saber si ese cambio será definitivo.
Por el momento, a falta de estadísticas oficiales, Mario Zabala, director de la emisora “Radio Tropical”, estima la población de hispanos en alrededor del 15 por ciento del área metropolitana de la ciudad, es decir, en torno a las 120 000 personas.
“Hay mucha población flotante, que vive en otras ciudades pero viene de lunes a viernes a trabajar aquí”, asegura a Efe Zabala, quien, además, asegura que los mexicanos han pasado a ser la comunidad latina más importante en sustitución de los hondureños.
Para Zabala, natural de Honduras, la razón de esta presencia masiva de hispanos es que “el latino no se duerme en los laureles, ni espera que el Gobierno le ayude. Por eso, hay tanta gente dispuesta a trabajar duro”.
Eso es exactamente lo que hace seis días a la semana María Teresa, una empleada del hogar boliviana que se desplazó a Nueva Orleans con su familia desde Texas cuando unos amigos le contaron las oportunidades de trabajo que podría encontrar allí.
A ella y su familia, el “Katrina” les ha concedido una oportunidad, pero no por ello se olvida de la tragedia que supuso el huracán.
“Tenemos muchos amigos que lo perdieron todo, incluso a gente querida. Eso no se puede olvidar y también nos hace esforzarnos más en hacer bien nuestro trabajo”, dice María Teresa, que prefiere omitir su apellido.
Entre los numerosos obstáculos que se ha encontrado en Nueva Orleans, destaca principalmente el transporte público, que le obliga a esperar durante horas para llegar a su puesto de trabajo y otras tantas para regresar.
Por el contrario, lo que más preocupa a Rubén López, un albañil guatemalteco, son sus problemas con el idioma inglés, que apenas conoce.
López llegó hace cuatro meses con un permiso temporal de trabajo que consiguió en su país y vive en las casas que van siendo reparadas y nadie reclama.
Sin embargo, su dependencia total de alguien que sepa inglés le deja recluido la mayor parte del tiempo en su casa, con el único anhelo de la conversación diaria con su mujer y sus hijos.
“No creo que me quede aquí cuando caduque mi visado (el próximo mes de enero). No sé si podría soportarlo, aunque he tenido la gran suerte de poder venir aquí y ahorrar mucho dinero. Ahora tengo muchos planes para cuando vuelva a Guatemala, como abrir un negocio propio”, relata.
Pero hasta que se sepa qué ocurrirá con los inmigrantes hispanos y cómo se configurará la nueva ciudad, los clásicos “jazzmen” de Bourbon Street ya saben que tienen que dejar un hueco a los mariachis, que comienzan a aparecer en establecimientos hosteleros.
Quién sabe, tal vez con un poco de suerte, hasta podría brotar un estilo nuevo y sugerente de este “crisol musical”.
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