Ecuador: Producción estancada + expectativas negativas = desempleo
Por Maritza Carvajal, Msc
Cámara de Industrias de Guayaquil – Revista Industrias
Las políticas de generación de empleo tienen que ser articuladas desde el Ejecutivo para que involucren a todos los ministerios y no solo a uno. Conviene que se orienten a la reactivación de la producción y la eliminación de barreras que impiden su ajuste, como la rigidez de la legislación laboral, los elevados costes laborales, la fijación de salarios…
Resulta inquietante. El desempleo y el subempleo expanden sus tentáculos en Ecuador. Y al parecer ahora, ni siquiera la migración logra aliviar la situación, como ocurrió durante 2001 y 2002, cuando se convirtió en una vía de escape para los miles de ecuatorianos que, agobiados por el coletazo de la crisis bancaria en la economía, decidieron abandonar su terruño.
Cifras del Banco Central revelan que la tasa de desempleo fue de 9,30% de la Población Económicamente Activa (PEA), en diciembre de 2005; 7,9% para el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. En el primer caso, el porcentaje se circunscribe a Quito, Guayaquil y Cuenca; y en el segundo se extiende a las zonas urbanas en el ámbito nacional.
Bajo los mismos parámetros anteriores, el subempleo cerró en 2005 con una tasa de 49,14%, de acuerdo con el ex Instituto Emisor; y 60,8%, según el INEC.
A junio de 2006 el escenario se deterioró. En conjunto, el de-sempleo y el subempleo sumaron 59,87% de la PEA, si se consideran las tasas difundidas por el Central. Un porcentaje abrumador, que con escasa variación, se ha mantenido como constante los últimos tres años.
Aunque las estadísticas oficiales no sean completamente confiables, por el manejo político que en ocasiones se pudiera hacer de ellas, los elevados porcentajes, comparados con otros países de la región, deben sonar como una voz de alarma para quienes aspiran a llegar a Carondelet. Poco o nada podrán hacer al respecto, las actuales autoridades de Gobierno, en los cinco meses que le restan al régimen, si no implementaron los correctivos necesarios desde que llegaron al Poder.
¿Qué está pasando en el mercado del trabajo en Ecuador?. Además de que no existe la suficiente oferta laboral para satisfacer la demanda, los empleos existentes se están tornando precarios.
En primer término, los motivos se vinculan con el estancamiento del aparato productivo.La afirmación no es nueva. Ha sido repetida en sinnúmero de ocasiones por estudiosos del tema, empresarios, catedráticos, y hasta por las mismas personas que buscan trabajo y no lo encuentran, cuando con mucho sentido común, comentan la situación.
En efecto, la economía ecuatoriana no crece lo suficiente para lograr que la oferta de trabajo intente acercarse a la demanda. En 2005, el Producto Interno Bruto (PIB) llegó a 3,93%, alentado fundamentalmente por la bonanza petrolera; y en 2006 se estima que será de 3,84%, en buena parte también por la suerte de los elevados precios del petróleo en el mercado internacional.
Mientras tanto, en 2004, la agricultura creció 0,20%, la pesca 2,15%, la industria manufacturera 2,67… En 2005 hubo una recuperación de esos sectores productivos como consecuencia de las expectativas por la posible firma del TLC con Estados Unidos, pero la aspiración fue truncada en 2006. Y aquí entra en juego un factor adicional: las expectativas racionales de los agentes económicos, sustentado en la teoría que le mereció el Nóbel de Economía a Robert E. Lucas, en 1995. Sin un TLC a la vista, las inversiones en los sectores productivos no serán mayores, pues ya no se avizoran las posibilidades de hacer negocios y por tanto no habrá una recuperación importante de las actividades, por ende, tampoco del empleo.
Ese aspecto, que contribuirá a la escasa dinamia productiva, se adiciona a las barreras estructurales que impiden un ajuste automático en el mercado del trabajo, vinculadas con los excesivos costes laborales, la rigidez de la legislación laboral, la inflexibilidad de los salarios y el desempate entre la educación universitaria y las necesidades de las empresas.
En reiteradas ocasiones se ha hablado y escrito sobre la frustración de los profesionales, que habiendo dedicado años de estudio en la universidad, no encuentran las puertas abiertas en las empresas, del desaliento de quienes por diferentes razones han perdido sus puestos de trabajo y no logran reemplazarlo, y de que los empleos existentes se están tornando precarios, pero nada se ha hecho para encontrar soluciones de fondo al problema.
Más de una vez, las supuestas soluciones se han quedado en enunciados de quienes han pasado por el Ministerio de Trabajo y Recursos Humanos, mientras el monstruo del desempleo y subempleo se fortalece.
Tal vez ello explique que, en 2004 hayan salido 603.319 ecuatoriano y hayan retornado 528.912 ecuatorianos. Pero nada comparable con las cifras de 2000, cuando se fueron 519.974 e ingresaron 344.052 ecuatorianos.
Para resolver la situación sería un error acudir al tradicional camino señalado por Keynes, de aumentar la demanda agregada mediante el aumento del gasto público. Un accionar como aquél generaría un mayor Estado empresario, que pudiera dar resultado en el corto plazo, pero que tiene perniciosos efectos secundarios, que han quedado demostrados en más de una ocasión en la práctica. En teoría lo nocivo de esa vía fue explicado por Milton Friedman, en la Curva de Phillips a largo plazo.
Las políticas de generación de empleo no debieran provenir, de manera aislada, del Ministerio de Trabajo y Recursos Humanos, sino que debieran ser concebidas como políticas de Estado, articuladas y orientadas a la reactivación de la producción. Para ello es prioritario el establecimiento de una política de desarrollo consistente que ofrezca a los agentes económicos un derrotero en el mediano plazo. En ese contexto son necesarias líneas de crédito para los sectores productivos urbanos y también rurales, con miras en este último caso, a contrarrestar la migración a las grandes ciudades porque en sus lugares de origen, los pobladores no vislumbran posibilidades de progreso para ellos y sus familias.
Paralelamente conviene que el próximo Gobierno, y el actual en el poco tiempo que le resta, trabajen en la eliminación de las causas que motivan la elevada percepción de riesgo que tiene el país para los inversionistas, que al momento desalientan la creación o el establecimiento de nuevos negocios de empresas pequeñas, medianas y grandes. Amén de los excesivos trámites y tiempo requerido para abrirlos y de la cantidad y diversidad de impuestos a pagar para operar en el sector formal de la economía.
De igual manera resulta conveniente reducir las barreras que contrarrestan el ajuste automático en el mercado, ya mencionadas. El 15% de la participación de los trabajadores en las utilidades, la doble jubilación, la obligación de contratar empleados que pudieran ser menos eficientes…, se añaden a los citados.
Así también convendría un diálogo con miras a que el sistema educativo se adapte a las necesidades de las empresas.
Esas son solo algunas opciones para evitar que la pendiente del desempleo y subempleo continúe y perjudique a los profesionales, trabajadores y empresarios.
La autora es Editora General de la Revista Industrias
- 23 de junio, 2013
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