Lula: Un duro camino
Por Danilo Arbilla
El Universal
EL CAMINO hasta el próximo 1o. de octubre, día en que se realizarán las elecciones presidenciales en Brasil, puede hacérsele algo más largo y un poco más duro al favorito presidente Luis Inacio Lula da Silva.
Hoy ya parece bastante más difícil que sea reelecto en la primera vuelta. Si no lo consigue, se da por hecho que lo lograría en el “balotage”, pero no es lo mismo; ni para su imagen ni para su gestión en los siguientes cuatro años.
Lula ha demostrado ser inmune a los efectos corrosivos de las denuncias por corrupción. Con algunos tropezones, habría sorteado con éxito todos los embates, acusaciones e investigaciones contra su gobierno y su partido, que involucraron a por lo menos cuarenta de sus correligionarios; entre ellos consejeros y amigos muy allegados. En este plano le ha ido mucho mejor que lo que le fue a Fernando Collor en 1992.
Pero surgen otros “virus” a los que el ex sindicalista sería sensible. Uno es la propia izquierda. La irrupción en escena de la senadora Heloisa Helena como candidata del Partido del Socialismo y Libertad (PSOL) formado por disidentes del PT, ha hecho variar los porcentajes de las encuestas. La nueva figura, expulsada del gobernante Partido de los Trabajadores por sus críticas a la política económica, ya tiene el 10%. Lula se mantiene primero (44%), pero en baja. Mientras el ex gobernador de Sao Paulo, el socialdemócrata Geraldo Alckmin le sigue con el 28%.
Atacado desde una punta por “traicionar” o abandonar los principios y propuestas que lo llevaron al poder, puede que desde la otra, y con el pasar de los días reaviven los ataques por la corrupción. Ello, muy problablemente, sumará más de una piedra al camino.
Lula, además muestra otro flanco débil, que nada tiene que ver con izquierdas, derechas o socialdemócratas sino que toca a ese espíritu de “grandeza” o imperial, que se le señala a los brasileños y que últimamente ha sido maltratado hasta en el fútbol en donde eran los indiscutibles emperadores.
Es cierto que los del G-8 le dieron una mano invitándolo, junto a Vicente Fox, a la reunión en Rusia (la rabieta de Hugo Chávez no debe haber sido chica), pero eso no basta para recomponer una posición de liderazgo bastante alicaída.
La semana pasada, en Córdoba. Lula asumió la Presidencia por seis meses del Mercosur, en donde antes era el jefe indiscutido. Hoy, en el Neomercosur de fuerzas armadas conjuntas, larguísimos oleoductos y bonos binacionales cuyo ritmo lo marca Chávez, mientras Néstor Kirchner bate palmas, ya no lo es tanto. El tinglado formado en Córdoba, en donde hasta trajeron al viejo pope él, según Forbes, multimillonario Fidel Castro, pareció tener el claro propósito de quitarle brillo al nuevo presidente temporal, y, en alguna forma, dar una respuesta, más allá de discursos y declaraciones del momento y protocolares, a la invitación que Lula le habría realizado a Fox, para que se integrara de lleno a la asociación. Esto es; una manera de decirle que la nueva institución va por otro lado y que el eje y aunque se aleje del sur no pasa por el México de Fox.
Habría que ver qué hace Lula en ese campo en los meses que vienen. Puede que no mucho, está muy cercado por Hugo, Kirchner y Evo. Le será difícil recuperar lo perdido y eso, quizás, los brasileños no se lo perdonen.
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