¿El derrocamiento de Maduro supone un cambio de régimen o algo distinto?
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Las justificaciones de las políticas militares del presidente Donald Trump hacia Venezuela han sido diversas: desde frenar el narcoterrorismo hasta reducir los ingresos petroleros que recibe el régimen de Nicolás Maduro mediante la interceptación de los buques petroleros del país, pasando por la remoción de Maduro del poder. Maduro es un socialista y un criminal que ha arruinado la economía venezolana y provocado un éxodo masivo de la población del país. Tras una extracción militar unilateral realizada en la mañana del 3 de enero de 2026, Maduro fue removido de su cargo y se encuentra ahora bajo custodia de Estados Unidos.
Las acciones de la Casa Blanca no hacen más que aumentar la incertidumbre sobre lo que sucederá de ahora en más. Si bien el ataque implicó una incursión militar en Venezuela, el Congreso no parece haber sido informado tal como lo exige la ley. Cuando se le preguntó sobre el futuro de Venezuela, Trump dejó la puerta abierta a una presencia sostenida de Estados Unidos en el país, afirmando: “vamos a administrarlo” y “nos vamos a quedar hasta que pueda producirse una transición adecuada”. Curiosamente, sin embargo, la administración Trump evitó utilizar el término “cambio de régimen”.
No está claro qué prevé la Casa Blanca para la transición ahora que Maduro ya no está. A partir de la confusa rueda de prensa de Trump, fue difícil determinar qué estaba sucediendo realmente sobre el terreno en Venezuela. “¿Transición hacia qué?” podría ser la pregunta más importante en este momento, especialmente debido a que parecería que la incursión militar fue simplemente una “operación relámpago” para aprehender a Maduro, sin que quedara una presencia militar estadounidense significativa en el país (solo amenazas de un segundo ataque más grande si Venezuela no hacía lo que Estados Unidos quería).
Lo más destacable es que Trump ninguneó a María Corina Machado, líder de la oposición democrática. El partido de Machado ganó las últimas elecciones venezolanas en 2024, pero se le impidió asumir el cargo. En su lugar, Maduro presentó un recuento fraudulento de votos que lo declaró ganador. Los comentarios de Trump ignoraron por completo al candidato ganador de esos comicios, Edmundo González Urrutia, una extraña omisión, teniendo en cuenta que la mayoría de los gobiernos occidentales, incluido el de Estados Unidos, habían reconocido previamente a González como el legítimo vencedor. Por el contrario, Trump pareció elogiar a la vicepresidenta socialista escogida por Maduro, Delcy Rodríguez, por estar “dispuesta a hacer lo que Estados Unidos quiere”. Trump también señaló que los remanentes del régimen estan ahora “actuando de manera muy diferente”. Por su parte, Rodríguez ha reclamado el título de presidenta “interina”, pero de inmediato desafió a Trump al exigir la liberación de Maduro.
El caos resultante y las afirmaciones de que Estados Unidos podría “administrar el país” plantean una serie de opciones alarmantes. ¿Prevé Trump enviar un gran número de efectivos militares a Venezuela? ¿Está esperando llegar a un acuerdo que remueva a Maduro, pero no a la maquinaria socialista chavista? ¿Se encuentra tratando de negociar un acuerdo que permita a las empresas petroleras estadounidenses reparar la decrépita infraestructura petrolera venezolana y quedarse con una parte de los futuros ingresos por exportaciones? Trump ha insinuado a menudo este último objetivo al hablar de obtener un “reembolso para Estados Unidos por robarnos nuestro petróleo”.
En cualquier caso, a primera vista, parece que la versión de Trump de la Doctrina Monroe implica un retorno al imperialismo descarado en materia de recursos y comercio mediante el empleo unilateral de la fuerza militar. Un desarrollo de ete tipo sería aún más flagrante que la “diplomacia del dólar” estadounidense en América Latina en la década de 1920. Igual de alarmante es que la operación en Caracas se lhaya llevado a cabo sin la aprobación previa del Congreso, lo cual es tanto ilegal como inconstitucional. Maduro puede que ya no esté, pero el camino por delante está plagado de incertidumbre sobre las intenciones del gobierno estadounidense, o incluso sobre un plan coherente para lo que viene después. De este modo, Venezuela no será el único país donde se haya socavado el Estado de derecho.
Traducido por Gabriel Gasave
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