Maragall evangélico
Por Carlos Rodríguez Braun
ABC
En los “Fragmentos de un evangelio apócrifo”, Borges sentencia: “Nadie es la sal de la tierra, pero nadie, en algún momento, no lo es”. Incluso Pascual Maragall fue capaz de brillar cuando denunció en el Parlamento catalán que el signo característico de la gestión nacionalista había sido la corrupción. Para colmo, tuvo un segundo momento de gloria hace no mucho tiempo, cuando precisó en una entrevista en “El País” la diferencia entre ser de derechas y de izquierdas: “Estar con el dinero o con los que no lo tienen, con los que tienen mando o con los que no lo tienen”. Ante disparates de este tenor existe la tentación de limitarnos a reír de buena gana, o a seguir leyendo al Dante en el Canto VIII del Paraíso, a partir de “L´avara povertà di Catalogna”. Pero conviene no eludir la ponderación de lo que la izquierda presume: como Cristo, ella es la amiga de los pobres.
La reivindicación política de la izquierda tiene esta crucial dimensión económica. Es interesante que socialistas y comunistas, tan hostiles a la Iglesia, se afanen en copiarla. El propio Zapatero, en su discurso de investidura, lagrimeó hablando de “los humildes”. Edgar Morin ha dicho: “soy de izquierdas porque sufro con los que sufren”. Y Alfonso Guerra, esa joya que hace un cuarto de siglo aseguró que abandonaría la política porque su vocación era la docencia, y ahí sigue -en la política, claro- afirmó que lo que le apasiona es “la insoportable piedad del sufrimiento ajeno”. Ningún abnegado misionero lo habría dicho mejor.
El cuidado de los pobres, por tanto, parece volver a la izquierda representativa del Evangelio, pero no sólo del apócrifo borgesiano sino del verdadero de la Palabra de Dios. Los que acusaron a la religión de ser el opio del pueblo parecen ser más religiosos que nadie.
Hay truco, claro. Una primera trampa es que los socialistas emplean dinero ajeno extraído con la fuerza del fisco. Por eso doña Leire Pajín no es igual a la Madre Teresa. Y una segunda trampa es que cuando pasamos del dicho al hecho, la izquierda no cuida especialmente de los pobres, y cuanto más izquierdista es, menos los cuida.
Pero si levantamos la voz para protestar, estos amigos de los pobres (que rara vez son pobres) tienen una réplica deliciosamente dogmática. ¿Qué responde Maragall cuando se trata de los izquierdistas que acabaron robando y matando, los tiranos comunistas que empobrecieron y asesinaron a millones de trabajadores? Muy fácil: el comunismo ¡fue de derechas!
- 23 de junio, 2013
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