Mao: treinta años después del horror
Editorial – ABC
Hace treinta años, el 9 de septiembre de 1976, moría Mao Zedong: el sanguinario timonel al que hoy dedica nuestro periódico un reportaje con motivo del aniversario de su óbito. Con él, la galería de los horrores del totalitarismo alcanzó el paroxismo cuantitativo y cualitativo de la crueldad. Sobre su persona recae el triste récord de superar la longitud del rastro de terror dejado tras de sí por cualquiera de los tiranos expelidos por la parte más oscura de la historia de la Humanidad. Baste decir al respecto que más de treinta millones de chinos murieron durante la década que duró la llamada Revolución Cultural. Pero el suma y sigue del horror maoísta es aún más desolador si añadimos las cifras de la represión y la violencia vividas durante la guerra civil contra el Kuomitang liderado por Chiang Kai-shek.
Sin embargo, más allá de los números que aportan algunas de las excelentes biografías que han sido publicadas con motivo de este aniversario, lo cierto es que Mao encarna a la perfección el perfil del déspota engendrado por la mortífera combinación ideológica que fraguó el siglo XX de la mano del comunismo y el resentimiento antioccidental. Y no sólo porque sus delirios visionarios y la frialdad planificadora de su apetito de muerte hicieran posible que tiranos como Stalin o Hitler hayan pasado a ocupar un segundo plano ante el tribunal de la historia, sino porque produjo un engendro teórico, el maoísmo, que fue capaz de seducir intelectualmente a una parte -ciertamente la menos avisada- de la elite intelectual y de la juventud universitaria del planeta, especialmente en Europa, donde la mezcla ideológica de utopismo y anticolonialismo sigue parcialmente viva a través de infinidad de vestigios de agitación y propaganda que continúan minando eficazmente la proyección de Occidente y sus instituciones entre los países del llamado Tercer Mundo.
Treinta años sin Mao, es cierto, pero todavía su imagen es visible desde las esquinas de la plaza de Tiananmen. En ella reposan sus restos y, aunque se ha reducido el culto a su persona bajo el actual régimen chino, su legado sigue en pie, adaptado a las circunstancias y dentro de un proceso de metamorfosis que aún permanece sin despejar las inquietudes que alimentan ese otro “Gran Salto Adelante” que China ha experimentado en los últimos años con su extraordinario crecimiento económico y tecnológico. Lo que sea en el futuro la emergente superpotencia asiática es la incógnita de una compleja ecuación todavía por resolver. Tendrán que hacerlo las nuevas generaciones educadas en la economía de mercado y la apertura política, pero antes habrán de redimir a su país de las responsabilidades de un régimen que sigue a la sombra de la culpable herencia de Mao.
- 23 de junio, 2013
- 22 de enero, 2026
- 21 de enero, 2026
Artículo de blog relacionados
El País, Montevideo A Bolivia con sus yacimientos de gas le pasa la...
25 de agosto, 2008El 29 de abril es el 119 día del año del calendario gregoriano. Quedan 246 días para...
29 de abril, 2011- 26 de julio, 2015
Por Rosendo Fraga Perfil Georgia es una de las ex repúblicas soviéticas, devenida...
10 de agosto, 2008














