Argentina: Qué hacen las empresas para escapar a los acuerdos oficiales de precios
Ante la andanada intervencionista, los particulares deben aguzar su ingenio para sortear la garra del Estado. El desabastecimiento vuelve a asomar cono lo hace siempre que el burócrata se interpone entre la oferta y la demanda.
Por Alfredo Sainz
La Nación
Buscan alternativas como el lanzamiento de envases más chicos o el desarrollo de productos premium
Como ya parece un clásico en la economía argentina, la férrea política de acuerdos de precios impuesta desde el Gobierno trajo como consecuencia la agudización del ingenio de algunos empresarios a la hora de burlar los congelamientos que impulsa la Secretaría de Comercio Interior.
Si bien el panorama dista mucho del caos que pronosticaban ciertos economistas cuando desde el Gobierno se "invitó" -en forma casi compulsiva- a las empresas a sentarse a negociar los acuerdos, en los últimos meses se hicieron cada vez más comunes algunas prácticas de compañías que intentan recuperar la rentabilidad perdida a partir de que no pueden aumentar sus precios de venta al público y sus costos de producción siguen creciendo.
Así, reaparecieron en el mercado prácticas comerciales como la presentación de envases más pequeños, la apuesta a los productos premium que no están alcanzados por los acuerdos de precios y hasta alguna señal de alarma, como el leve crecimiento registrado en los faltantes de mercaderías en las góndolas de los supermercados.
"El problema no son tanto los acuerdos de precios, sino la percepción de que se van a mantener por un largo plazo. Lo que logra la incertidumbre es frenar los planes de inversión de las empresas, porque nadie quiere quedar atrapado por una suba en los costos que después no pueda trasladar a sus precios", explica Guillermo Oliveto, director de la consultora CCR.
En el caso de la venta en envases más pequeños, en realidad, se trata de reflotar una práctica que se había popularizado en 2002, cuando por la crisis la mayoría de las empresas optaron por ofrecer envases más chicos y económicos, de manera de atenuar el impacto de las subas de precios y así perder menos clientes.
Esta vez, sin embargo, el objetivo que persiguen las empresas cuando lanzan un paquete más pequeño o con menor contenido no es conservar algún cliente dentro de la categoría, sino intentar mantener sus márgenes operativos. "En muchos productos, achicar las presentaciones es la única alternativa que nos queda para no perder plata, ya que hoy los únicos que están congelados son los precios, mientras los costos siguen subiendo", admite el director de una compañía fabricante de alimentos.
Otra herramienta que utilizan cada vez más las empresas para sortear las imposición de no tocar sus precios es el lanzamiento al mercado de productos más sofisticados, que al tratarse de nuevas presentaciones no están alcanzados por los acuerdos. "La cuenta que hacen en las empresas es que no es lo mismo ganar el 10% con un producto que cuesta $ 1, que el 10% sobre algo que vale $ 4, a lo que se suma el hecho de que en los productos premium lógicamente no hay tanta preocupación por parte del Gobierno en materia de precios", explican en CCR.
Esta búsqueda de la rentabilidad perdida, sumada a la recuperación del consumo en los sectores de mayores ingresos, explica la explosión en la oferta registrada en algunas categorías como las leches fortificadas o saborizadas, que se convirtieron para las empresas del sector en una alternativa para recuperar sus márgenes de ganancias, ante la imposibilidad de aumentar el precio de la leche en sachet.
Problemas en las góndolas
Otro signo de los cambios producidos a partir de la imposición de los controles de precios es el cambio de tendencia registrado en los faltantes de mercaderías. Si bien en el sector nadie se atreve a hablar de un incipiente proceso de desabastecimiento, tampoco se puede obviar el hecho de que, después de tres bajas consecutivas, en 2006 se quebró la tendencia y por primera vez desde 2001 se registró una suba en el porcentaje de productos faltantes en las góndolas de los supermercados argentinos.
Según los datos presentados en las jornadas de supermercadismo realizadas la semana pasada, en 2006 el número de faltantes se incrementó en casi un 25%, pasando del 6,09% registrado en 2005 al 7,52% de este año. "Obviamente que, ante cualquier faltante, el principal perjudicado es el consumidor final, pero en segunda medida también se perjudican la cadena que comercializa el producto y la propia industria", explicó Maximiliano D Alessandro, subdirector de logística de Wal-Mart Argentina, en la presentación del estudio sobre faltantes de mercaderías.
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