Ante graves conflictos desatendidos
Saltar desde los palcos para zambullirse en la multitud, como lo acaba de hacer Kirchner, no figuraba en ningún manual sobre los desvaríos de la política latinoamericana. Quizás es un profeta de lo nuevo. ¿O fue una manera desesperada de contrarrestar los efectos perniciosos que tuvo en las encuestas el reciente protagonismo de Luis D Elía?
Puede ser. Kirchner sabe mejor que nadie la hemorragia electoral que le provocó el jefe de su más eficaz fuerza de choque. Fue también una pérdida de tiempo. Graves conflictos parecen incubarse al lado mismo de la Argentina. Sin embargo, el gobierno y su diplomacia parecen indiferentes.
Uruguay ha decidido no hacer nada más por su relación con la Argentina. Los dirigentes políticos orientales son conscientes de que los aguarda el sinsabor de un largo conflicto sin resolver. Kirchner sólo ofrece nuevas peleas.
Hemos sobrevivido a Juan Manuel de Rosas; sobreviviremos a Kirchner , han dicho en Uruguay. Bolivia podría caminar hacia la secesión si una noción de racionalidad no se impusiera allí. Esa tragedia colocaría en vilo la paz de América del Sur y lanzaría sobre la Argentina nuevos y desconocidos problemas.
Brasil y la Argentina son los dos países con influencia probable en Bolivia. Pero Evo Morales sólo acepta los consejos de Hugo Chávez y de Fidel Castro. Tuvo -y tiene- sus entreveros con Lula y con Kirchner. Evo ha cambiado las reglas del juego en medio del juego. La asamblea constituyente, convocada para reformar la Constitución boliviana, ha decidido que resolverá por mayoría simple (que es la que controla Morales) y no por los dos tercios de sus miembros, como estaba estipulado, porque eso la obligaba al consenso con sus opositores.
La asamblea decidió también que su condición es originaria y se propone desconocer todo lo que sucedió desde la independencia política en 1825. Podría desconocer, por lo tanto, los títulos de propiedad. El rico oriente boliviano (Pando, Beni, Santa Cruz de la Sierra y Tarija) hierven de sublevación. Un viejo proyecto secesionista de esa región dejó de merodear los silencios y se ha hecho manifiesto en los últimos días.
Ni Brasil ni la Argentina quieren la secesión de Bolivia, a pesar de que la zona sublevada tiene la segunda reserva energética de la región, después de Venezuela. Al presidente Lula lo tironean dos convicciones. Una de ellas es la defensa de los intereses brasileños en Bolivia. La decisión de Evo de ocupar Petrobras con tropas del Ejército significó para Lula un desgaste interno mayor que las denuncias de corrupción en su partido. Estuvo en discusión su liderazgo frente a la agresión a una empresa estatal que forma parte del caudal emocional de los brasileños.
La otra convicción, tal vez la primera que tuvo, fue confiar en que la condición indígena de Evo (en Bolivia es indígena cerca del 70 por ciento de la población) podría estabilizar la desestabilizada política boliviana. El problema surge cuando el caudillo de La Paz pone en duda las propiedades brasileñas en Bolivia, sea Petrobras o sean las miles de hectáreas con cultivos de soja en manos de empresarios brasileños.
La secesión de Bolivia terminaría en un serio forcejeo entre Brasil y la Argentina por el control de las reservas energéticas bolivianas. Santa Cruz de la Sierra abastece el 70 por ciento del consumo de gas de San Pablo y el ciento por ciento de otros estados. Tarija exporta gas a la Argentina para que ésta pueda proveer de energía a Chile y a Uruguay. El conflicto boliviano podría agravar la crisis energética argentina, que ya está entre nosotros.
Chile y Perú, que tienen centenarios pleitos limítrofes con Bolivia, tomarían seguramente precauciones militares ante ese drama boliviano. La exacerbación del nacionalismo ha sido siempre un buen recurso para unir lo que está desunido. Puede esperarse, por lo tanto, un discurso boliviano francamente hostil contra Chile.
Es imposible imaginar una secesión boliviana sin un apronte, al menos, de guerra civil. ¿Por qué Chávez dejaría de lado la tentación de financiarla? La Argentina podría vérselas, además, con un torrente migratorio imposible de contener. En los últimos días, hubo sectores civiles bolivianos que llamaron a las armas para defender a Evo. La oposición pidió la mediación urgente de la OEA y el gobernador de Santa Cruz de la Sierra advirtió sobre la decisión de decirle adiós a su viejo país. Que Dios salve lo que quede de Bolivia , dramatizó.
Tal vez sea la Argentina el país en mejores condiciones para influir en Bolivia: no tiene allí la propiedad de grandes empresas ni Kirchner es Bush. Kirchner hizo una gestión mediadora eficaz cuando Lula estuvo enfurecido contra Evo, y luego le deslizó al presidente boliviano que debía integrar la minoría blanca a su proyecto político.
Buenos consejos. Pero el problema consiste en que Kirchner dice esas cosas como al pasar y luego se dedica a incomodar a De la Sota con "Pichi" Campana. Su actual diplomacia se paraliza hasta recibir la orden del mandamás.
Kirchner moldea la política exterior a su gusto y su gusto lo está aislando peligrosamente. Su gusto fue mostrar una derrota de Uruguay en el tribunal del Mercosur, que resolvió sobre los cortes de los puentes internacionales, y logró instalar esa idea en muchos medios durante varias horas. ¿Por qué atizó el fuego entre los asambleístas de Gualeguaychú? Más tensión con Uruguay sería ya insoportable.
Aquel tribunal llamó la atención a la Argentina por la ausencia del Estado en los largos piquetes y, sobre todo, regionalizó el conflicto cuando se declaró competente para tratar el caso. El gobierno argentino había reclamado la incompetencia del tribunal argumentando que se trataba de un problema bilateral. Uruguay no pidió compensaciones económicas en esa presentación, por lo cual el tema no estaba en discusión.
Es cierto que el tribunal no quiso fijar una política a futuro. Pero ¿qué tribunal juzga en abstracto? Ninguno. Es igualmente cierto que el tribunal dejó constancia de que los cortes no fueron instigados por el gobierno argentino. Nadie había dicho que Kirchner hubiera instigado los cortes; su error fue no haber hecho nunca nada frente a una clara violación del derecho internacional.
La desidia argentina con Uruguay está empujando a Uruguay a los brazos de Washington. Tabaré Vázquez le anunció a Lula en Brasil, el viernes último, que su país comenzará negociaciones con los Estados Unidos por un tratado comercial. Lula le respondió que un tratado comercial es posible, pero no un tratado de libre comercio (TLC), porque violaría los acuerdos del Mercosur. Uruguay está ofendido con los socios mayores del Mercosur.
Al revés, la Bolivia de Evo tiene interés en ingresar como socio pleno de la alianza comercial, pero Brasil quiere saber si hay una Bolivia previsible en el largo plazo y si la redacción final de su Constitución es homologable para la región y para el mundo.
Kirchner pasa el rato cooptando instituciones y desbaratando lo poco que quedaba del viejo sistema de partidos políticos. Detrás de él está el vacío o la figura temible de Luis D Elía. Sólo la Corte Suprema de Justicia se niega a inclinarse ante el caudillo y lo corre con las cuestiones que él no resuelve. Lo corre por izquierda para empeorar sus males. En esos siete jueces de la Corte se refugia la última esperanza en la desarbolada República de Kirchner.
- 23 de junio, 2013
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