Instinto de casta
Por Rómulo López Sabando
El Expreso de Guayaquil
Cuando Jaime Nebot, aludió al FMI, al Banco Central y esas “minorías privilegiadas que mantienen al pueblo encadenado”, recordé el pensamiento de Alberto Lleras Camargo (1906-1990), publicado en VISION 46, No. 5, 1976: “No es la bomba atómica, ni la polución, ni siquiera la súperre-población. Es la mayor plaga de nuestro tiempo”.
Político, jurista, periodista, ministro de Estado, diputado y diplomático colombiano. Presidente de la República (1945-1946; 1958-1962), con 80% de los votos, dirigió la Unión Panamericana (1947-1948). Secretario fundador de la OEA. Rector de la Universidad de los Andes.
Jefe del Partido Liberal, tranzó con el Partido Conservador para el Manifiesto de Benidorm (1956), que creó el Frente Nacional y el Pacto de Marzo (1957) para oponerse a la dictadura del militar Rojas Pinilla. Impulsó la alianza de ambos partidos y el Pacto de Sitges (España), para rotar la Presidencia, con enmienda constitucional aprobada en referéndum (diciembre 1957).
“La plaga es la burocracia”, dijo Lleras. “A ella le pertenecemos. El Estado le pertenece”. “La técnica le da armas para estabilizarse y extenderse”. “Con los computadores dio un salto prodigioso”. “Cualquier cosa que se diga sobre la contaminación, extensión alarmante de las enfermedades venéreas, cualquier otra amenaza del mundo contemporáneo, ninguna es más voraz, ni ha crecido tanto en tan poco tiempo como la burocracia”.
Según el diccionario “plagas” son animales o enfermedades devastadoras, que destruyen y arrasan, en salud, plantas, animales o medios naturales.
“La única predicción seria sobre los desastres que amagan al planeta es que, para el 2000, estará dominado por la burocracia. No podrá librarse de ella”, dijo.
“Millones trabajarán para el grupo selecto de burócratas que tendrán toda clase de prestaciones sociales, garantías, ventajas en los gastos públicos para ellos y sus familias, y ningún estímulo para trabajar más que los demás o por los intereses ajenos que les están confiados.
El propósito de vivir, lo mejor posible, del dinero de los demás se cumple rigurosamente”. “Nadie ha votado en contra de la extensión de los servicios que se dan, con generosa mano, a los burócratas, así se trate de vacaciones en las playas, de becas para perfeccionar sus conocimientos, de auxilios de marcha a cualquier país extranjero, de lotes en cementerios, de entierros de primera clase o de la incorporación de seres extraños y hostiles a la familia, como las concubinas, dentro de los servicios del seguro social”. “Inventada una prestación, se adopta automáticamente por todos los institutos del Estado”.
“Las organizaciones internacionales los extienden a todos los países, vertiginosamente, al paso que las empresas privadas son forzadas, por sus sindicatos, a no quedarse atrás”. (Y, digo yo, así surge la “burocracia de la empresa privada” con similar prepotencia, arrogancia e ineficiencia).
“Millones de abogados trabajan activamente para que esas prestaciones se hagan efectivas inmediatamente, y no hay riesgo de que este tipo de leyes se queden, como las benéficas para la humanidad, escritas, sin que se intente, por años, su aplicación” “Todos reman, furiosamente, en la misma dirección.
Los contribuyentes, los consumidores, los que no tienen el privilegio de ser dependientes de alguien, pagan en silencio y sin darse cuenta del modo de “vivir mejor” que ha encontrado la burocracia, sin los afanes, los riesgos y la inseguridad propia de la masa general. El Estado, cuyos costos de personal son imparables, sigue aumentando los impuestos, que los burócratas devoran inmediatamente”.
“La burocracia civil, militar, los expertos y los simples funcionarios, sin título ni especialización, son cada día más costosos”. “Jamás hubo tantos empleados públicos, ni se pagaron tantas y tan diversas prestaciones al funcionarismo. Esa implacable maquinaria se come los esfuerzos que podría realizar y realiza el Estado, que apenas se puede mover bajo ese peso”.
“Las máquinas no son para eliminar empleos, sino para crearlos a montones. El burócrata se reproduce, apenas se organiza. Necesita siempre dos ayudantes y una secretaria. Todos ingresan a ese mundo fácil, que va de la cuna al sepulcro, pasando por la precoz jubilación. Como todas las castas, esta es abominable, antipática. Y trata, a quienes tienen que acudir a ella, con arrogancia y malas maneras. No es su culpa, sino su instinto de casta”, concluye Lleras.
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