Cuatro errores mentales que debe evitar cuando invierta
Por Jonathan Clements
The Wall Street Journal
Invertir es algo tan sencillo que cualquiera puede hacerlo.
Seamos francos, no hay que estudiar mecánica cuántica para amasar un colchón financiero decente para su jubilación. Lo que tenemos que hacer es ahorrar en forma regular, comprar unos cuantos fondos de inversión baratos y esperar nuestra recompensa con paciencia.
De todos modos, la mayoría de nosotros menospreciamos esa sencillez. En realidad, nos consideramos demasiado confiados y demasiado listos. ¿El resultado? Basta con dar un somero repaso a los errores mentales que cometen los inversionistas.
Sin dudas
En los últimos años, los inversionistas han acudido a inversiones que van más allá de los mercados locales de renta fija y renta variable, como los bienes básicos, las acciones de empresas de mercados emergentes y el oro. Esto es un poco sorprendente, teniendo en cuenta nuestra inclinación por lo familiar, como depósitos a plazo y cuentas de ahorros. Y cuando decidimos aventurarnos con acciones, tendemos a quedarnos cerca, favoreciendo los activos de nuestro empleador o empresas locales.
Entonces, ¿qué motor empuja a algunos inversionistas hacia las materias primas, los mercados emergentes y el oro? La respuesta es, en una palabra, “rendimiento”.
Estas inversiones han obtenido deslumbrantes ganancias en años recientes y han tenido un efecto poderoso en la psicología de los inversionistas.
“La gente tiende a comprar las inversiones que le hubiera gustado adquirir el año pasado”, explica Terrance Odean, un profesor de finanzas de la Universidad de California, en Berkeley. “En parte, ello se debe a que simplemente extrapolan la tendencia pasada, y en parte porque creen que los mercados son más predecibles de lo que son en realidad”.
Si fuéramos racionales, seríamos reacios a comprar un activo a medida que su precio se dispara, debido a que nos veríamos obligados a pagar más por la misma inversión. Pero, en la práctica, nos sentimos tentados a invertir en acciones o en fondos de inversión de moda porque asumimos que el futuro se parecerá mucho al pasado inmediato.
De hecho, después de un tiempo, el buen desempeño puede hacer que cualquier activo nos parezca una apuesta segura, por exótico que sea.
¿Qué pasa si mordemos el anzuelo y compramos?
Si la inversión sigue creciendo, eso hincha aún más nuestra confianza, ya que atribuimos las ganancias a nuestra propia habilidad de inversión. “La gente que tiene suerte tiende a presumir que tiene talento”, dice Odean. “Confunde el éxito con la inteligencia”.
La revancha
Quienes han invertido en materias primas, mercados emergentes y oro no han sufrido por su exceso de confianza. Aún así: los buenos tiempos pueden evaporarse rápidamente, como lo avalan los dueños de casas en los países, incluyendo Estados Unidos, que empiezan a sufrir un enfriamiento del mercado inmobiliario.
“La gente dice que el mercado de bienes raíces ha perdido fuerza”, señala Meir Statman, profesor de finanzas en la Universidad de Santa Clara, en California. “Lo que en realidad quieren decir es que no quieren vender al precio actual”.
En vez de aceptar que las condiciones del mercado de bienes raíces han cambiado, los que están vendiendo sus propiedades usualmente tienen una fijación en el precio que pagaron o el monto que hubieran obtenido cuando el mercado estaba en su cima. Lo cierto es que, ya sea en bienes raíces o acciones, a la gente le gusta “desquitarse primero y después vender”.
Esto sucede, en parte, porque queremos ganar dinero y en parte porque no queremos arrepentirnos. Si vendemos por menos de lo que pagamos o menos de lo que obtuvieron nuestros vecinos, tenemos que reconocer que cometimos un error.
Todo lo que baja…
De la misma manera en que los inversionistas asumen que las inversiones al alza seguirán en ascenso, evalúan las que están cayendo y estiman que se prolongarán esas pérdidas. Es más, si el sufrimiento dura lo suficiente, algunos inversionistas se convencerán de que sólo les quedan pérdidas por delante y venderán.
Cuando una inversión tambalea, es a veces una señal de que los fundamentos subyacentes se han deteriorado y, por ende, vender es la decisión inteligente. Sin embargo, es difícil sostener que los fundamentos se han deteriorado, por ejemplo, en el caso de los bonos del Tesoro estadounidense indexados a la inflación. Después de todo, si conserva estos bonos hasta su maduración, ofrecen un rendimiento sobre la inflación garantizado por el gobierno de EE.UU.
Perdiendo el control
En vez de ahorrar dinero regularmente, muchas veces preferimos gastarlo y posponer los ahorros para el futuro.
Según la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio de EE.UU., por ejemplo, la tasa de ahorro ha sido negativa desde mediados de 2005. Esto refleja, en parte, nuestra lucha con el autocontrol. Tengo la impresión de que la tasa de ahorro negativa también tiene que ver con el exceso de confianza de algunos inversionistas que creen que las cosas nos terminarán bien de alguna u otra manera. ¿Un error mental? Tal vez el mayor de todos.
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