Reactivación, transcición y crecimientos económicos
Por Juan Carlos de Pablo
Fortuna
Las palabras tienen que servir para entender aquello a lo que se refieren las palabras. Lo contrario puede ser muy divertido y cautivante, pero es generalmente muy costoso.
Lo tiene que tener claro cualquier gerente general que le pide a su gerente comercial que le muestre el informe sobre las ventas. Si la empresa quiere seguir existiendo, mejor que ambos gerentes entiendan que la realidad no es el informe sino las ventas… y la falta de ventas.
Con la lectura de la evolución del PBI de los países ocurre exactamente lo mismo. Cada tanto tiempo (cuando iba a la facultad, una vez por año; ahora cada trimestre), las oficinas de estadística de los gobiernos informan su estimación del nivel de actividad económica, generalmente en tasas porcentuales de variación. Es tan popular hoy el PBI que ya ni siquiera se lo menciona. Así, se habla de que “la Argentina creció 8%”, no su Producto Bruto Interno.
Cuando en el párrafo anterior digo lectura, quiero decir interpretación. ¿Cómo “leer” qué le ocurrió al PBI, durante el trimestre pasado, en países como la Argentina, China y Estados Unidos, y qué le ocurrió durante el siglo XX? Esta no es materia estadística sino económica.
Al respecto es fundamental diferenciar entre reactivación, transición y eso que ahora se denomina “crecimiento sustentable”.
La reactivación es una fase del ciclo económico; la transición tiene que ver con la absorción de un significativo hecho nuevo; el crecimiento sustentable alude a las condiciones bajo las cuales los factores que hoy aumentan el PBI estarán presentes la semana, el mes y el quinquenio que viene, de manera que durante mucho tiempo observaremos aproximadamente la misma tasa de crecimiento del PBI.
La Argentina a partir de 2003 es el típico ejemplo de reactivación; China desde fines de la década del ’70 es el mejor ejemplo mundial actual de transición. Si usted quiere tener alguna idea de lo que cuantitativamente significa desarrollo sustentable, calcule la tasa de crecimiento del PBI de los países durante un siglo entero.
Así como vamos, el PBI argentino de 2006 terminará superando en 38,6% al de 2002. Al mismo tiempo resultará 13,1% superior al de 1998 (4% más alto, por habitante, porque ojo que ya transcurrieron 8 años desde que comenzó este ciclo económico). No falta a la verdad quien sólo muestra el impactante 38,6% de aumento entre 2003 y 2006, pero no contribuye a entender. Cuando se tiene en cuenta lo que ocurrió a partir de 1998, se concluye que lo que estamos viviendo en la Argentina es una fortísima reactivación, luego de la fortísima recesión verificada entre el segundo semestre de 2001 y algún momento de 2002.
En 1976 Mao tuvo una gran idea: morirse. De la mano de Deng Xiao Ping y sus sucesores, quienes vivimos en estos años estamos siendo testigos de un hecho histórico con mayúsculas: la incorporación del 20% de la humanidad al capital, la tecnología y los mercados mundiales de comienzos del siglo XXI.
China, que “no existía” cuando yo fui a la facultad, no solamente pelea un lugar en el “Grupo de los 7”, sino que así como va en poco tiempo más va a pelear un lugar en el “Grupo de los 2”. Desde que en 2000 tuve la oportunidad de visitar algunas ciudades chinas (nadie va a China, como nadie va a Europa), cada vez que se me presenta la oportunidad formulo el siguiente interrogante personalizado: ¿qué sabés hacer vos, que los chinos todavía no? Y subrayo el todavía, porque los chinos aprenden.
Así como lo de Argentina es reactivación, lo de China es transición. Cuando, dentro de algunas décadas, China complete su proceso de llenado y asimilación del capital, la tecnología y los mercados mundiales, veremos cuál será su tasa de crecimiento sustentable. Cosa que hoy a ningún decisor le importa, porque cada uno de nosotros está pensando cómo aprovechar, o cómo ajustarse, ante la transición china.
De manera que quien dice que en los tres últimos años la Argentina crece “a tasas chinas”, en el mejor de los casos alude a una coincidencia estadística. Coincidencia que en el plano interpretativo impide diferenciar entre una reactivación y una transición.
El desarrollo sustentable es un invento, porque la realidad es cíclica y está sujeta a shocks, en todos los países del mundo. No es un mal invento, para conjeturar. La idea de desarrollo sustentable alude a identificar causas transitorias del crecimiento del PBI (ejemplo: aumento exógeno del precio de los productos de exportación), que si no se diagnostican como tales, cuando vuelve a caer dicho precio el sistema financiero y las finanzas públicas se quedan “colgadas del pincel”. Como lo explicó Raúl Prebisch en la Memoria del Banco Central de… 1938 (lectura recomendada particularmente para quienes creen que esto de entusiasmarnos en la etapa favorable del ciclo es un invento de la década de 1990).
En la práctica no hay estimaciones reales de crecimiento sustentables. Como sustituto imperfecto, observemos las tasas de crecimiento del PBI de los países, durante muchísimo tiempo. Ejemplo: a lo largo del siglo XX, el PBI de Japón creció 4,1% equivalente anual, el de Estados Unidos 3,2%, el de Alemania 2,7%, el de Inglaterra 1,9%… y el de la Argentina 3,2%. En buen romance, fuera de las reactivaciones y de las transiciones, el PBI de los países crece, digamos, alrededor de 3% anual. Lo demás es fantasía, o peligrosa ilusión.
¿Para qué sirve todo esto? Para entender lo que está ocurriendo en la Argentina, y lo que puede llegar a ocurrir. El PBI de nuestro país recuperó rápidamente lo que había perdido rápidamente. Gracias a buenos precios internacionales, las inversiones de la década de 1990 y expansivas políticas monetarias y fiscales, llegamos hasta aquí. De aquí en más cabe esperar crecimientos del PBI mucho menores de los observados hasta ahora, porque trimestre más trimestre menos, la reactivación se agota.
¿Es lo que sigue crecimiento sustentable? Imposible saberlo, pero ciertamente que no va a continuar a tasas chinas; y menos cuando se enfrenta con cuestiones como la energética, la de la oferta de mano de obra con actitud y aptitud para el trabajo, etc
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