Venezuela: ¿Potencia económica endógena?
Por Jose Santiago Nuñez Gomez
El Universal
Desde hace unas semanas el Presidente anda con que Venezuela está en camino de convertirse en una potencia económica. Como en todos los casos previos de predicamentos como ese, la cosa ha comenzado como la anticipación de que pasaremos a ser una “pequeña potencia económica”. Conociendo su discurso, podemos afirmar que en pocos días, si es que ya no lo está haciendo, comenzará a proclamar que ya lo somos. También en pocos días le parecerá excesiva la modestia de tan solo pretender que seamos una pequeña potencia económica; entonces pasaremos a ser una potencia económica a secas.
¿Qué es una potencia económica? ¿Qué se quiere decir con eso de que Venezuela sea, hoy o en el futuro, una potencia económica?
Comencemos por lo primero: se trata de una adjetivación, de una calificación (positiva) que se quiere introducir en relación con la economía de Venezuela.
La economía de Venezuela es un absoluto: es lo que es, es lo que en Venezuela se hace en términos de crear riqueza, juntando los factores (principalmente el trabajo productivo) que pueden dar lugar a ese resultado; calificarla como “fuerte”, “poderosa”, “potente”, etc., supone necesariamente compararla con la de otros países.
El principal mecanismo de comparación de la economía de los países es el que resulta de la comparación entre sus monedas; y esto porque, de un tiempo a esta parte, el valor de las monedas no se define por el volumen o cantidad de oro (u otro bien de valor universalmente reconocido) que su emisor entrega a cambio de ellas, sino que éstas expresan la riqueza que tiene y produce el país del emisor; y, desde luego, que la rata de intercambio entre las monedas no puede ser la que fije una autoridad política que en esa definición no esté dispuesta a someterse a lo que en el particular opine el común de sus súbditos –un tipo de cambio oficial-, tendría que ser un cambio libre, cosa que no tenemos. Aquí hay un control de cambio y se nos dice que ese régimen no se cancelará.
Por otra parte, una economía poderosa suele vender los bienes que produce en los territorios de otras economías, porque lo hace de una manera más eficiente y, por consiguiente, a menor costo; y, hasta ayer la propuesta presidencial eran las formas primitivas y menos productivas de fabricación de bienes y servicios: yuca y topocho, dos cochinos y cuatro gallinas en el patio de la casa, un conuco con unas maticas de maíz; en una palabra, el tema bucólico-endógeno que ocupó el discurso presidencial, cuando no hablaba de esa potencia económica que él quiere que seamos, o que anticipa que llegaremos a ser, bajo su liderazgo esclarecido.
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