“Falacionomía” con “rostro humano”
Por Eugenio D´Medina Lora (*)
Ha trascendido que el gobierno peruano tiene como uno de sus asesores y referentes intelectuales al economista argentino Bernardo Kliksberg, quien se anuncia como el creador del concepto de “gerencia social” y un escudero de la que él denomina, como varios otros, la “economía con rostro humano”.
No se entiende qué quieren expresar los socialistas criollos, hoy reciclados en gran medida en las socialdemocracias latinoamericanas, con sus discursos de economía con “rostro humano”. Si en los cincuenta y sesenta despotricaban contra el mercado, después de la caída del Muro de Berlín se dieron cuenta que tenían que aceptarlo porque con el muro se cayeron sus teorías de la dependencia, de la sustitución de importaciones y de la demanda agregada expansiva. Pero en América Latina, donde el tiempo tarda en adecuarse a las vueltas que da el mundo, todavía encuentran el último bastión de una defensa que ya no tiene nada de técnica, pero sí demasiado de privilegios de una casta de intelectuales derrotados, pero aun peligrosos.
Kliksberg plantea cosas como la siguiente: que América Latina está peor que África porque existe mayor desigualdad, aunque admite que en África hay más pobreza. Esto implica que el 10% de pobres latinoamericanos tienen mayor ingreso real que el 10% más pobre africano, pero que el 10% más rico de América Latina es más opulento que el 10% más rico de África. Entonces sigue con las trilladas recetas del “nuevo” socialismo aggiornado: que reconoce al mercado, pero que la gente tiene que ser más solidaria entre sí, las empresas tienen que asumir su responsabilidad social y las políticas sociales tienen que ser más activas.
Siguiendo el pensamiento Kliksberg, si le quitamos la mitad de la riqueza al 10% más rico de América Latina, entonces reducimos la desigualdad y listo: ¡ya estamos mejor que África! Qué fácil había sido, ¿no? Desde luego, ninguna mención a la voracidad de los aparatos estatales latinoamericanos. Ninguna alusión a la carga de la deuda externa que nos cercena más de un tercio de los PIBs en América Latina y que se contrajeron para alimentar las voracidades estatales latinoamericanas en los sesenta hasta los ochenta. Ni a la fatal alianza de los gobiernos “de izquierda” con los clanes mercantilistas empresariales amantes del proteccionismo y de las salvaguardias y excepciones tributarias con nombre propio. Ni al dispendio fiscal y monetario de los muchos gobiernos latinoamericanos que ocasionó las hiperinflaciones de hace dos décadas y que hipotecaron varios años de desarrollo a los salvavidas del FMI, que antes seducía a los gobiernos para prestarles plata y ahora hace lo propio para que nos aumenten los impuestos para alimentar las cajas fiscales.
El flamante asesor económico del gobierno no acepta que la economía es una ciencia. No tiene rostro, sino razones, hechos, teorías y pruebas empíricas. No admite que una economía sana no vive de la dádiva ni de la solidaridad, sino de la capacidad de generar excedente económico y de incorporar crecientemente a la mayor cantidad de personas la generación y apropiación de ese excedente sobre las sólidas bases de su contribución efectiva. Cuando la solidaridad es compulsiva, se vuelve expropiación.
Tampoco entiende que la principal responsabilidad social de las empresas es no quebrar, porque cuando lo hacen generan agujeros en el sistema económico y en los flujos de inversión, por no mencionar el hecho de que mucha gente pierde sus empleos directos e indirectos. Es mejor no decir nada sobre el hecho de que cualquier empresario latinoamericano, grande o pequeño, tiene sentado a su lado como socio preferente al propio estado. Que cuando hay ganancias, salta a tomar su parte, vía tributación, pero cuando hay pérdidas, no las comparte.
¿Y las políticas sociales? Baste preguntarse cuánto han servido los programas de “lucha contra la pobreza” apañados por el socialismo latinoamericano para luchar efectivamente contra ella y revertir la indignante situación de 4 de cada 10 latinoamericanos que la padece. Han servido sí, pero pagar la burocracia que administra esos programas. Los pobres sólo dejarán de serlo cuando se les incorpore masivamente al mercado y no a una presunta caridad, que sirve de velo de ignorancia para cubrir a quienes sí se benefician con el acceso privilegiado al manejo de estos programas. Urgen políticas sociales creadoras de más mercado, no de más caridad y clientelismo.
En el primer gobierno de García Perez hubo un asesor palaciego tristemente célebre de apellido Carbonetto, también argentino, que fue el ideólogo de la “heterodoxia” económica que nos condujo a la hiperinflación medida en millares. Ojalá no sea fatal coincidencia. Los encargados de manejar la economía argentina, una de las mas ricas de América Latina, produjeron los peores resultados económicos en los últimos cincuenta años de la región, debido a que su estado fue tan saqueador y corrupto, que hace aparecer al nuestro como moderno y eficiente. Por supuesto, amparados en las recetas de sus “economistas de bandera”, que desde Raúl Prebish, postulaban el mismo discurso que hoy, actualiza Bernardo Kliksberg. Y eso que contaron con la permanente ayuda del FMI. Y por supuesto, también con la economía hecha falacia, cuyo rostro es el de cada economista pseudo-científico que, cada tanto, aparece con la misma cantaleta.
(*) Consultor y profesor de la UPC
- 23 de junio, 2013
- 21 de enero, 2026
- 22 de enero, 2026
Artículo de blog relacionados
CISLE Varios analistas ven el 2024 como un año en el que puede reventar...
29 de septiembre, 2023Libertad Digital, Madrid No han sido muchos los analistas que han logrado prevenirnos...
20 de febrero, 2009- 12 de febrero, 2008
La Prensa, Buenos Aires Desde el inicio de su segundo mandato la presidenta...
9 de febrero, 2012













