La ‘traidora’ que impidió a Televisa comprar Univisión
Por Nikhil Deogun
The Wall Street Journal
Iva Toguri D’Aquino, la mujer conocida como “Tokyo Rose” que fue condenada por Estados Unidos por traición tras difundir propaganda política durante la Segunda Guerra Mundial y luego indultada, falleció hace un par de semanas. Sin embargo, los Estatutos Tokyo Rose, como se apodaron a las leyes que impiden que un extranjero posea más del 25% en medios estadounidenses, siguen vigentes.
Los accionistas de Univision Communications Inc., la principal empresa de televisión en español en EE.UU., recientemente decidieron vender la compañía a un grupo de firmas de capital privado por US$12.300 millones. Grupo Televisa, el gigante mexicano que provee a Univisión gran parte de su popular programación, habría pagado más, pero las leyes Tokyo Rose se interpusieron.
Emilio Azcárraga Jean, presidente de Televisa y casado con una estadounidense, se unió a firmas de EE.UU. para lanzar una oferta por Univisión. Sin embargo, sus socios no estaban dispuestos a pagar demasiado y, lo que debió ser una subasta acalorada, al final no provocó mucha bulla. Azcárraga, el único postor que habría pagado con gusto mucho más y cuya familia ayudó a fundar Univisión, se vio frustrado por leyes que surgieron en una época cuando la radio era considerada alta tecnología. El empresario mexicano dijo ayer que planea vender el 11% que Televisa tiene en Univisión.
Hoy en día, los inversionistas estadounidenses claman por adquirir empresas de telecomunicaciones extranjeras. El estadounidense Haim Saban, cuyo consorcio ganó la subasta por Univisión, ha comprado además un grupo de televisoras alemanas, obteniendo un tercio del mercado televisivo de Alemania.
Cambios importantes como la disponibilidad de contenido de medios en Internet “hacen difícil comprender por qué” las limitaciones a la propiedad extranjera siguen vigentes en EE.UU., dice Thomas Middelhoff, ex presidente ejecutivo de la empresa alemana de medios Bertelsmann.
Aunque pocos se quejan sobre quién posee canales de TV por cable, ciertos grupos apoyan límites a la propiedad de emisoras y defienden que poseer periódicos y estaciones de TV en una misma ciudad equivale a una concentración excesiva de medios. Estos críticos aseguran además que no se pueden confiar las radiodifusoras estadounidenses a extranjeros porque los foráneos podrían utilizar las ondas para propagar los intereses de los gobiernos de sus países.
Dado el dominio de Televisa en México, “estoy seguro de que hay gente que no desea una empresa, con una relación tan estrecha con el gobierno mexicano, al servicio de los ciudadanos hispanohablantes” en EE.UU., dijo Andrew Schwartzman, presidente de Media Access Project, una firma de interés público que se opone rotundamente a la relajación de las reglas de propiedad.
Quizás hay motivos legítimos para preocuparse de que Televisa adquiera Univisión, ya que le daría a una sola empresa un enorme control sobre el contenido y la distribución de la programación televisiva en español en EE.UU. No obstante, las preocupaciones sobre el control que los gobiernos extranjeros puedan ejercer sobre las ondas de EE.UU. son infundadas.
Si Azcárraga hubiera adoptando la nacionalidad estadounidense —al estilo de Rupert Murdoch— habría violado la legislación mexicana que prohíbe a los extranjeros poseer radiodifusoras mexicanas.
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