La ruta de Centroamérica
Por Eduardo Ulibarri
Firmas Press – El Comercio, Lima
Resulta insignificante a escala global y muy modesto si se compara con el apabullante dinamismo del sudeste asiático. Pero es notable para una región que, hace dos décadas, era reconocida como una de las más conflictivas del mundo.
Durante más de la mitad del siglo XX, dependientes de productos mal pagados, como el banano, el café, el maíz o el azúcar, los centroamericanos vivieron largos períodos de letargo; también de explotación, dictaduras y marginación.
Luego, una industrialización superficial, protegida con altos aranceles e impulsada por el primer mercado común del hemisferio, dio cierto dinamismo a sus economías y oxigenó tímidamente el entorno político y social. Pero pronto se agotó como estrategia. Solo Panamá siguió una orientación diferente, más abierta al mundo y vinculada a su canal, y Costa Rica se mantuvo como excepción democrática.
Según Cefsa, una empresa consultora costarricense, en el 2001, las economías de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá apenas crecieron un 1,7% en promedio; por tanto, su ingreso por habitante se redujo. Pero, a partir de entonces, comenzaron un proceso ascendente, que llegará este año a cerca del 5% de aumento en el PBI regional, con perspectivas similares para el próximo año y una buena ruta por delante.
De acuerdo con las estimaciones, el ingreso por habitante, en términos reales, habrá crecido 43% entre el 2000 y el 2007; el desempleo se reducirá del 6,4% al 5,2%, quizá el más bajo de la historia.
Las reservas monetarias están en sus niveles más altos, las finanzas gubernamentales se han estabilizado y la inflación ha retrocedido.
Los grandes motores de este impulso han sido la adopción de políticas económicas responsables y lejanas del populismo, y una creciente apertura económica e incorporación al comercio internacional.
En los siete años del estudio, las exportaciones totales del istmo aumentaron un 38%. El TLC con EE.UU., ya vigente en todos los países, salvo Costa Rica y Panamá, dará aun más impulso a esta tendencia y a las inversiones. Y la eventual ampliación del canal tendrá positivos ecos en toda la zona.
Por supuesto que las cifras globales impiden ver las diferencias y problemas puntuales; tampoco revelan las realidades sociales, aún llenas de pobreza.
Por ejemplo, la ventaja en ingreso de Panamá y Costa Rica con respecto a Honduras y Nicaragua se ha ampliado. Mientras los dos primeros llegarán a US$5.493 y US$5.398 por habitante en el 2007, los dos segundos apenas alcanzarán US$1.135 y US$940.
Los salvadoreños, guatemaltecos y hondureños mantienen una creciente dependencia de las remesas enviadas por familiares en EE.UU. En estos tres países el problema de la inseguridad ciudadana ha crecido dramáticamente.
Costa Rica ha mostrado una gran incapacidad para la toma de decisiones oportunas, por algo el TLC aún no ha sido ratificado. En Panamá, la debilidad del Estado de derecho se mantiene como un gran reto. Es algo que comparte la mayoría de los otros países.
Sería irresponsable pretender que el claro avance económico es, en sí mismo, la solución. Aún resulta insuficiente y poco uniforme; además, debe ir acompañado de muchas otras decisiones para mejorar en infraestructura, educación, salud, empleo, seguridad y otros ámbitos sociales.
Pero está claro que Centroamérica se encuentra en un excelente momento para levantar varias anclas. Antes, casi todo funcionaba mal. Ahora, varias cosas van mejor.
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