El populismo chavista pierde fuerza
Editorial – ABC
Los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial en Ecuador han representado una nueva contrariedad para los partidarios del nuevo populismo iberoamericano. Los candidatos apadrinados directa o indirectamente por el presidente venezolano Hugo Chávez llevan perdidas unas cuantas elecciones este año, empezando por Colombia, Perú o México y terminando este domingo en Ecuador. Rafael Correa se ha quedado lejos de una victoria que no hace tanto daba por segura y deberá afrontar una incierta segunda vuelta, puesto que el más votado ha sido el empresario Álvaro Noboa.
La efervescencia política que generan las maniobras del venezolano sigue en plena actividad, pero la experiencia de los países donde ha llegado a extender sus tentáculos ya no favorece la difusión de sus ideas.
El caso de Bolivia, por ejemplo, donde la gestión del presidente Evo Morales ha alejado las inversiones extranjeras y desencadenado graves protestas sindicales, no ha servido para consolidar la imagen de una línea política esencialmente perniciosa para los países donde se aplica.
Como en una imagen a gran escala de esta situación, ayer Guatemala ganaba a Venezuela en las primeras votaciones de Naciones Unidas por un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad, y aunque la cuestión no ha quedado definida a falta de una segunda vuelta, parece evidente que las maniobras de Hugo Chávez no han tenido el éxito que éste esperaba.
La corriente populista sigue existiendo, y es previsible que Chávez tenga todavía mucho margen de maniobra a cuenta de los altos precios del petróleo y de la desintegración política de la oposición venezolana. A veces, quienes logran hacer frente a los populistas tampoco pasan de ser demagogos sin la solidez de los verdaderos hombres de Estado, pero es evidente que la oferta ideológica del eje Caracas-La Habana ya no es, ni mucho menos, la marea imparable que se temía hace año y medio.
Pese a todo, hay que lamentar que el continente siga en un proceso de escisión profunda entre los partidarios del libre comercio -escenificado en los acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea, que poco a poco se definen en torno al Mercosur- y los adscritos el Pacto Andino, del que afortunadamente Chile ha emprendido el camino de vuelta.
El mes que viene sabremos si en Nicaragua vuelve al poder el sandinista Daniel Ortega, revolucionario de la vieja guardia que, con el apoyo venezolano, tiene planes de truncar el camino de los demás países centroamericanos a la integración económica. La elección vuelve a ser -como sucederá en la segunda vuelta en Ecuador- entre los partidarios del pasado y los del futuro, entre una concepción esquizofrénica del poder basada en el populismo o la esperanza en un futuro mejor, vinculado a las corrientes que consolidan la riqueza de las naciones.
- 23 de junio, 2013
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