Intel y otras firmas tecnológicas usan la filantropía para cultivar futuros clientes
Por Jason Dean y Peter Wonacott
The Wall Street Journal
Las grandes compañías de tecnología, cuyos mercados establecidos han madurado, comienzan a ver su futuro en un inusitado grupo de clientes potenciales: los habitantes pobres de las zonas rurales de los países en vías de desarrollo.
Eso llevó a Craig Barrett, presidente de la junta directiva de Intel Corp. a Shijingwei, una aldea de agricultores en la provincia de Guangdong, en el sur de China. Hace una semana, Barrett se sentó en una polvorienta habitación para hacer una demostración de la primera computadora personal conectada a Internet de la comunidad, donada por el gigante de semiconductores estadounidense en agosto. El representante de la aldea, Huang Yongqing, mostró a sus habitantes cómo usar la PC para revisar los precios de mercado de la caña de azúcar y la fruta —a los que antes era muy difícil acceder— para ajustar así sus mezclas de cultivos y maximizar sus ganancias.
Intel espera trabajar con compañías y gobiernos locales para repetir este experimento en cientos de aldeas en China, a la vez que ayuda a entregar computadoras y acceso a Internet a clínicas y escuelas rurales. La compañía ha lanzado iniciativas similares en India. Vestido con un turbante rojo y un chal, Barrett inauguró la semana pasada una nueva red inalámbrica de alta velocidad en el pueblo de Baramati.
El objetivo de Intel, que fabrica los chips con los que funcionan la mayoría de las computadoras del mundo, es convertir a una parte de la población rural del mundo en usuarios de tecnología y, a la larga, transformarlos en clientes. Los proyectos de Intel en dos de las economías más grandes y de mayor crecimiento del mundo, así como en otros países, forman parte de una estrategia de las compañías tecnológicas para obtener beneficios al hacer el bien en lugares pobres del mundo con acceso limitado a la tecnología.
Su objetivo es llegar a lo que los ejecutivos llaman “los próximos mil millones de usuarios” de tecnologías de consumo, como Internet y los celulares. Las imágenes de ejecutivos ayudando a los pobres también pueden contribuir a mantener las buenas relaciones con los gobiernos, una parte fundamental de los negocios en China e India.
En mayo, Intel anunció planes para invertir US$1.000 millones a lo largo de cinco años para mejorar el acceso a Internet en países en vías de desarrollo y capacitar a profesores. Motorola Inc. ha vendido millones de teléfonos de US$30 en mercados emergentes a gente que nunca antes había usado uno. Por su parte, la rival de Intel, Advanced Micro Devices Inc., unió fuerzas con el fabricante de PC Quanta Computer Inc. para producir laptops por tan sólo US$100 y distribuirlas a niños en países como Brasil, Nigeria y Tailandia.
Las iniciativas son parte filantropía, parte estrategia empresarial. La mayoría de los usuarios de celulares y PC provienen de países ricos o de partes prósperas de países en desarrollo. Pero estos mercados maduraron y los niveles de crecimiento comienzan a estancarse. “Hay cerca de 1.000 millones de usuarios de Internet. Los próximos 1.000 millones no van a ser gente que viva en ciudades”, dijo Barrett en una entrevista durante su viaje.
El ejecutivo, de 67 años, también lidera una oficina de Naciones Unidas que busca formas de reducir la brecha digital. En septiembre viajó a Chile, Perú, Colombia y Brasil y ayudó a conectar a Tarintins, una remota aldea del Amazonas brasileño.
Llevar la tecnología a los usuarios rurales no es sencillo. Requiere navegar la burocracia local, ofrecer productos ultrabaratos y enseñarle a gente, que tal vez ni siquiera tenga electricidad, los beneficios de las computadoras. Los ejecutivos reconocen que sus esfuerzos no se reflejarán en sus resultados en el corto plazo. Sin embargo, los beneficios potenciales son significativos. China e India crecen a más del 8% y cuentan con poblaciones rurales gigantescas que podrán disfrutar de la nueva riqueza.
Para empresas como Intel, Microsoft y Motorola, que han prometido invertir miles de millones de dólares en China e India, estos proyectos ayudan a entender cómo hacer negocios en estos complejos mercados.
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