El nuevo Congreso de EE.UU. sería más proteccionista y menos proempresa
Por Deborah Solomon y Michael M. Phillips
The Wall Street Journal
WASHINGTON — La victoria del Partido Demócrata en las elecciones legislativas de Estados Unidos marca el fin de un período de seis años en el que la Casa Blanca y un Congreso favorables al mundo de los negocios promulgaron nuevos acuerdos de libre comercio con países latinoamericanos y otros, redujeron los impuestos para las corporaciones y los inversionistas y —con excepción de la ley de reforma corporativa Sarbanes-Oxley— evitaron imponer nuevas regulaciones al sector.
La pregunta ahora es hasta qué punto podrán los demócratas —controlados por un presidente republicano y un Senado dividido— mover el péndulo en la dirección opuesta. Aunque todavía tienen que delinear su agenda legislativa, muchos demócratas ya están hablando de elevar el sueldo mínimo en EE.UU., poner freno a las remuneraciones de los ejecutivos e impulsar mayores impuestos para las empresas, en especial las compañías petroleras. Nancy Pelosi, que probablemente será la nueva presidenta de la Cámara de Representantes, ya hizo un llamado a terminar con los "regalos tributarios" para las petroleras, negociar los precios de los medicamentos con las farmacéuticas y revertir los recortes de impuestos para los más ricos.
Sin embargo, no está claro cuánto podrán avanzar en esta dirección. Muchos analistas creen que los demócratas sólo lograrán un puñado de iniciativas de este tipo, entre ellas el aumento del salario mínimo.
Algunos grupos empresariales se esforzarán por asegurarse de que las políticas tributarias y de libre comercio no sean revertidas. Varios demócratas se presentaron en sus campañas electorales como críticos del libre comercio, argumentando que el sector industrial de EE.UU. está perdiendo terreno frente a empresas de bajos sueldos con sede en China y otros países emergentes, cuyas protecciones medioambientales y laborales son más débiles.
La autoridad de fast-track del presidente —que le permite someter acuerdos comerciales al Congreso para su aprobación o rechazo, pero sin permitir enmiendas— expira en julio de 2007 y es poco probable que un Congreso demócrata vuelva a otorgar este amplio poder al mandatario. "La primera batalla que ganaremos será revisar el fast-track del presidente Bush", dice Leo Gerard, presidente del sindicato metalúrgico United Steelworkers.
De pronto, algunos países latinoamericanos que están a la espera de la ratificación legislativa de sus acuerdos de libre comercio con EE.UU., como es el caso de Perú y Colombia, probablemente reforzarán sus esfuerzos por acelerar la votación antes de que entre en funcionamiento el nuevo Congreso, a principios de 2007.
El debate comercial se vuelve particularmente intenso en el caso de China, cuyas exportaciones están creciendo a pasos agigantados. Los legisladores estadounidenses bien podrían presionar a China para mejorar su protección de los derechos de propiedad intelectual y otras reglas de comercio. El congresista demócrata Charles Rangel dijo ayer que los estadounidenses "deben estar enojados como el infierno… tenemos que proteger los empleos de EE.UU. y a los fabricantes de EE.UU.".
Compensación ejecutiva
Se espera que un Congreso en manos demócratas también ponga la mira en las compensaciones ejecutivas excesivas, favoreciendo iniciativas como darles a los accionistas voto para aprobar los paquetes de remuneraciones. Es una medida que muchas empresas objetan.
Sin embargo, Barney Frank, el demócrata que probablemente encabezará el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, y varios de sus correligionarios se han mostrado abiertos a reformular algunas provisiones controvertidas de la Ley Sarbanes-Oxley, una petición constante del sector empresarial.
Etanol versus petróleo
Otra industria que podría verse tanto beneficiada como perjudicada por el cambio en el poder legislativo es la automotriz. Se prevé que los demócratas presionarán más por el uso de combustibles alternativos. Aunque los fabricantes de Detroit se oponen a los nuevos estándares en el consumo de combustibles propuestos por los demócratas, sí ven con optimismo el potencial del etanol para reemplazar a la gasolina. El sector está dispuesto a contribuir en la construcción de una infraestructura productora de etanol.
Lo que a estas empresas les gusta menos es el interés de los demócratas por abordar el problema del cambio climático con la limitación de las cantidades de dióxido de carbono que se pueden emitir. ¿La razón? Los automóviles se encuentran entre los mayores contaminantes de esta categoría.
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