Con la muerte de Saddam Hussein
Por Guy Sorman
La Nación
PARIS – La condena dictada contra Saddam Hussein por un tribunal iraquí -por musulmanes y en idioma árabe- constituye un gran acontecimiento histórico, quizás un viraje, no sólo para Irak, sino para el islam de lengua árabe.
Por cierto, la violencia y la furia habitan esa parte del mundo desde hace siglos y las ejecuciones de jefes de Estado son cosa corriente. Pero es la primera vez que se impone una destitución por la vía legal, conforme a procedimientos jurídicos incuestionables.
El tribunal de Bagdad introduce en la civilización árabe musulmana nociones jurídicas que nada deben al Corán ni a sus miles de interpretaciones circunstanciales. Así, ella entra en el campo de los derechos del hombre, de lo universal: reconoce el concepto de los crímenes de lesa humanidad.
Saddam Hussein no puede comprender esto. Sin duda, también es demasiado pronto para que lo comprenda una parte del mundo árabe. No obstante, gracias al juicio, ese mundo ha dejado la tradición tribal, basada en la raza y la venganza, para adoptar la norma de una civilización universal y moderna.
El fallo tiene otro gran mérito: por fin, ha calificado claramente la dictadura de Saddam y de tantos otros comparsas suyos en la región. No fue un despotismo ilustrado, aunque él supo persuadir a algunos occidentales de que lo era. Tampoco fue un régimen laico opuesto al oscurantismo islamista. Fue una simple dictadura racista, fundada en el poder exterminador de su tribu sunnita contra los chiitas y kurdos.
Por ende, la calificación de “crimen de lesa humanidad” se aplica perfectamente a su caso, tan cercano al genocidio que también podría haberse mantenido esta última acusación.
Sean cuales fueren los sobresaltos que cause, este fallo reanuda la modernización del islam de lengua árabe, interrumpida en los años 50. Desde comienzos del siglo XIX -o, más exactamente, desde la invasión de Egipto por Napoleón- hasta mediados del XX, los musulmanes de habla árabe habían seguido el camino de la modernización y la liberalización al estilo occidental.
Por entonces, nadie dudaba de la compatibilidad del islam con la democracia liberal. En Irak, Siria, Egipto y el Líbano, los derechos del hombre y el progreso económico avanzaron juntos durante un siglo sin dañar en absoluto la identidad musulmana. En verdad, fue en la década de 1950 cuando la influencia soviética, los golpes de Estado militares y los sufrimientos de la descolonización reemplazaron la democracia liberal por las pasiones nacionalistas, racistas, tribales y, más tarde, islamistas. La explicación del caso Saddam Hussein se hallará en la historia del siglo XX, más que en el Corán.
El proceso contra Saddam cierra el paréntesis de las ideologías totalitarias y reintroduce a los países islámicos de lengua árabe en la evolución hacia las Luces, quizá no en forma inmediata, sino en el largo plazo histórico. Esto debería satisfacer a los cientos de millones de musulmanes del mundo entero que practican un islamismo moderado y, en vez de una quimérica restauración del califato, anhelan una democracia liberal.
Pensemos que al abandonar la escena, Saddam Hussein prestará, por fin, un verdadero servicio a su pueblo.
(Traducción Zoraida J. Valcárcel)
- 23 de enero, 2026
- 26 de enero, 2026
- 25 de enero, 2026
- 20 de enero, 2026
Artículo de blog relacionados
Fundación Atlas para una Sociedad Libre Cuán alejada de la realidad parece la...
7 de diciembre, 2017Por Carlos Rodríguez Braun ABC Hace un par de sábados pronosticamos el contraataque...
8 de diciembre, 2007The Wall Street Journal Americas Los alcistas del dólar realmente necesitan mantener la...
18 de junio, 2012- 18 de junio, 2013














