Los Nuevos Republicanos
Por George Will
El Iberoamericano
Cerca de 2,6 mil millones de dólares se dedicaron a las 468 carreras electorales de la Cámara y el Senado. ¿Escandalizado? No lo esté. Los americanos gastan eso en chocolate cada dos meses. Pero aunque los Republicanos tengan más dinero, su eficacia se vio mermada porque los Demócratas al menos practicaron lo que incesantemente predican a otros — diversidad.
Al menos los Republicanos saben ahora adonde lleva “el puente a ninguna parte”: al desierto político. Pero hay tres motivos para que los conservadores atemperen sus desaliento.
En primer lugar, no fueron castigados por buscar el conservadurismo, sino por olvidarlo. En segundo lugar, admiran la racionalidad del mercado, y el mercado político ha funcionado. En tercer lugar, en varios frentes importantes, el conservadurismo continuó su avance el martes.
Por supuesto, el motivo del giro electoral no fue ese puente de 223 millones de dólares en Alaska, ni siquiera el vicio del que es emblema — gasto a espuertas por parte de un Congreso de control Republicano que intenta comprar el poder permanente. El gasto a diestro y siniestro (las leyes agrícola1 y de autopistas), el incremento casi por ocho de las señales desde 1994) y demás licencias (la intervención Terri Schiavo, por ejemplo) se han intensificado al tiempo que el recuerdo de los Republicanos del motivo por el que buscaron el poder originalmente se ha desvanecido.
Pero los Republicanos se hundieron bajo el peso de Irak, la lección de lo cual es patente: las guerras de elección deben ganarse rápida en lugar del prolongadamente. La víspera de las elecciones el presidente, pensando quizá que uno no debe hacer chapuzas con el éxito, prometió que su secretario de defensa se quedaría. Esa promesa pereció el miércoles como resultado del rechazo del martes a la dirección Republicana que, aunque enfática, no fue extraordinaria, considerando la ofensa que la provocó — dirección de la guerra peor aún que la de la guerra de 1812.
Los resultados de la Cámara el martes — el final a 12 años de control Republicano — fueron normales; el motivo de ellos carecía de precedentes. Los 40 años de control Demócrata de la Cámara antes de 1994 fueron aberrantes: en los 140 años desde 1866, las primeras elecciones post-Guerra Civil, el control de la Cámara por parte de un partido ha cambiado hoy 15 veces — una media de una vez cada 9,3 años. Pero nunca antes unas elecciones a medio mandato han condenado tan severamente a un presidente por una única política.
La Guerra de Irak, al igual que el puente de Alaska, proclama mordazmente cómo se ganaron los Republicanos su amonestación. Son culpables de apostasía de los principios conservadores en casa (frugalidad, gobierno limitado) y de sostener principios anti-conservadores en el extranjero (grandiosidad con construcción de naciones practicada de manera incompetente).
Cerca de 2,6 mil millones de dólares se dedicaron a las 468 carreras electorales de la Cámara y el Senado. ¿Escandalizado? No lo esté. Los americanos gastan eso en chocolate cada dos meses. Pero aunque los Republicanos tengan más dinero, su eficacia se vio mermada porque los Demócratas al menos practicaron lo que incesantemente predican a otros — diversidad. Diversidad de pensamiento, nada menos: algunos de sus ganadores hasta respetan la Segunda Enmienda.
Los mercados libres, mercados políticos incluidos, equilibran y producen bienes para cumplir la demanda. El Partido Demócrata, un estudiante lento pero capaz, ha abandonado el tema del control de armas y ha dado la bienvenida a candidatos opuestos en parte o incluso en su totalidad a la agenda de derecho al aborto. Esto proporciona justificación al reclutamiento de candidatos por parte del Representante Rahm Emanuel y el Senador Chuck Schumer, presidentes de los comités de campaña del Senado y la Cámara Demócratas, respectivamente. Karl Rove se imagina como segunda repetición de Mark Hanna, arquitecto de la ascendencia Republicana asegurada mediante la elección de William McKinley de 1896. En Emanuel, los Demócratas podrían haber encontrado otro Jim Farley, el mecánico político que mantuvo funcionando con presteza la coalición potencialmente discordante de FDR a lo largo de los años treinta.
Hacer que la mayoría Demócrata de la Cámara funcione con suavidad exigirá delicadeza. Las seis elecciones empezando con 1994 dieron lugar a mayorías Republicanas con apenas una media de 10 escaños. Las seis elecciones previas a 1994 dieron lugar a mayorías Demócratas de 44 escaños de media. La mayoría de Nancy Pelosi será menos de la mitad de eso. La portavoz más izquierdista de la historia de los Estados Unidos volverá a ser líder de la minoría en el 2009 a menos que no evite una agenda que pueda implementarse sin que muchos Demócratas elegidos en distritos de alineamiento Republicano pongan en peligro sus escaños.
Este año, los Demócratas aceptaron de manera tácita gran parte del movimiento del país hacia la derecha a lo largo del último cuarto de siglo. No llamaron a restaurar los tipos fiscales marginales del 70% que Reagan rescindió. Y aunque Pelosi y 15 de los 21 presidentes probables de comités en el Congreso próximo votaron contra la Reforma Social de 1996 que ha ayudado a reducir el número de personas que viven a costa de la seguridad social en un 60% a grosso modo, este año los Demócratas no hablaron de rescindirla.
El movimiento de derechos de la propiedad ganó fuerza el martes cuando los votantes de nueve estados aprobaron medidas para restringir el ejercicio de expropiación por parte de los gobiernos con el fin de incrementar sus beneficios fiscales. En Michigan, los detractores de la discriminación positiva en materia racial en la contratación pública, la educación y el empleo aprobaron su referéndum 58 a 42, a pesar de ser rechazado en más de tres a uno. En Minnesota — el único estado que los Demócratas han logrado en las últimas ocho elecciones presidenciales, pero que se está convirtiendo en un estado bisagra — el gobernador Republicano Tim Pawlenty salió reelegido. Y llegado enero, la cifra de Republicanos en la Cámara (200 al menos) será mayor que la mayor cifra de la era Reagan (192 en 1981-83).
El país sigue estando receptivo al conservadurismo. Esa doctrina — si vuelve a definir a los Republicanos del Congreso, en lugar de ser defendida simplemente — puede ser su puente de vuelta del desierto.
© Washington Post Writers Group
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