Irán y el atentado de la AMIA
Por David A. Harris
El Nuevo Herald
El 18 de julio de 1994 se ejecutó en Buenos Aires el atentado terrorista más mortífero contra un objetivo judío desde la Segunda Guerra Mundial. El edificio de AMIA, el organismo central de asistencia social de la comunidad judía argentina, fue destruido. Murieron 85 personas, judías y no judías por igual; centenares resultaron heridas. Esto sucedió después de otro siniestro ataque terrorista dos años antes contra la embajada de Israel en Buenos Aires.
Las sospechas que rodearon el atentado de 1994 inmediatamente apuntaron a Irán y Hezbolá, quienes al parecer actuaron con la ayuda de cómplices locales, posiblemente traídos de la zona de la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Allí prospera una numerosa comunidad árabe, lo que ha generado gran preocupación entre las agencias de inteligencia de Occidente. Sin embargo, las investigaciones oficiales no llegaron a ninguna conclusión.
A pesar de reiteradas promesas de los gobernantes argentinos de investigar el atentado a fondo, todo terminó siendo mucho ruido y pocas nueces.
Por fin ahora se logró dar un gran paso adelante en la causa. Los fiscales argentinos, encabezados por Alberto Nisman, acaban de publicar el esperado informe solicitando la captura de siete líderes iraníes, entre ellos el ex presidente Alí Akbar Rafsanjani, el ex ministro de Relaciones Exteriores Alí Akbar Velayati y el ex jefe de Inteligencia Alí Fallahian. Uno de los hombres más buscados en EEUU, Imad Mughniyeh, de Hezbolá, también está en la lista. El hallazgo más importante de Nisman es que Hezbolá ejecutó el atentado en el centro de la capital argentina a instancias de “las autoridades de mayor jerarquía del gobierno de Irán”.
Aunque tomó 12 años –durante los cuales la AMIA y su socio, el American Jewish Committee, movieron cielo y tierra exigiendo justicia–, la noticia cayó como una bomba. Seamos sinceros: Irán, gobierno que patrocinó el atentado, es miembro de Naciones Unidas. Este país ordenó un ataque a otro estado miembro de la ONU. Y, según deja en claro el informe de Nisman, la decisión se tomó al nivel más alto. No queda espacio para una negación plausible por parte de la jerarquía iraní en servicio en aquel momento.
¿Acaso se detendrá a los identificados en los pedidos de captura para extraditarlos a Argentina? Si cualquiera de ellos pone un pie fuera de Irán, esto sería teóricamente posible. Mas queda en manos de la comunidad internacional garantizar que la teoría se convierta en realidad.
De más está decir que Teherán ha negado los hallazgos del informe. ¿Quieren saber quién es responsable del esfuerzo argentino de acuerdo con los iraníes? Un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores reveló que ”las nuevas mentiras son parte de un complot sionista”. ¿Por qué? Para desviar ”la atención del mundo de los delitos cometidos por los sionistas contra mujeres y niños en Palestina”, por supuesto.
Sí, siempre se llega a los ”sionistas” y sus ”complots” en este oscuro mundo de conspiraciones, la misma idiosincrasia que produjo la estrambótica teoría de que Israel y sus simpatizantes fueron responsables del atentado del 11 de septiembre y, más recientemente, que se los debe culpar por el genocidio sudanés en Darfur. Cualquier mentira viene bien para librar de responsabilidad a los verdaderos culpables.
Ya es hora de que el mundo enfrente tres crudas realidades sobre Irán:
Primero, según se documenta ampliamente en las 800 páginas del informe argentino, Irán es cómplice del terrorismo internacional. De hecho, el Departamento de Estado de EEUU se ha referido reiteradamente a Irán como el principal estado patrocinador de terrorismo a nivel mundial.
Segundo, el programa de armas nucleares de Irán continúa a toda marcha, violando las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del Organismo Internacional de Energía Atómica. Un día, Irán podría intentar usar dichas armas –o ponerlas a disposición de un grupo como Hezbolá– para atacar a quienes percibe como enemigos.
Y tercero, hasta la fecha Irán cree que puede tenerlo todo jugando con el uranio como arma de doble filo. En otras palabras, los gobernantes del país han arribado a la conclusión –errónea espero– de que pueden salirse con la suya ordenando atentados terroristas mientras desafían a la comunidad mundial en cuestiones de armas nucleares.
Argentina ha dado un paso importante al enfrentar resueltamente a Irán y Hezbolá. Es verdad que llegó un poco tarde, pero en este caso más vale tarde que nunca. ¿Pero ahora Argentina se quedará sola mientras otros países, incómodos, apartan la vista del informe del fiscal? ¿O la comunidad de naciones se agrupará alrededor de Argentina, exigiendo el arresto de los ocho nombrados en los pedidos de captura, declarando de una vez por todas a Irán una nación paria que representa un claro y actual peligro para la armonía global y las perspectivas de una resolución pacífica en el conflicto en Medio Oriente? Doce años después, la justicia y la preservación de la memoria de las víctimas de la AMIA está pidiendo exactamente eso.
Director ejecutivo del American Jewish Committee.
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