Crisis de seguridad
Por Jorge Castro
Perfil
En los últimos dos años, no hay en el mundo ningún conflicto entre Estados; es una rareza histórica que, por su unanimidad, parece transformarse en nueva pauta estructural.
La totalidad de los 19 conflictos identificados entre 2004 y 2006 como “conflictos mayores armados” fueron registrados como “conflictos intraestatales” por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).
En un mundo crecientemente integrado por el fenómeno de la globalización, cada vez más los conflictos intraestatales tienden a transformarse en internacionales, lo que significa que la distinción tradicional entre “internos” y “externos” se torna crecientemente irrelevante. La mayoría de éstos son también antiguos, ya que todos, salvo tres, tienen más de 10 años; los únicos con menos de una década de antigüedad son el de Al Qaeda, la guerra interna de Irak y el de Darfur, en Sudán.
Los 19 conflictos intraestatales de los últimos dos años se desarrollan en 17 lugares distintos, 6 en Africa, 6 en Asia y 3 en Medio Oriente. De los restantes, tres están situados en el continente americano y uno en Europa.
El caso de Irak es el de un conflicto internacional que se convierte en guerra interna plena con el transcurso del tiempo.
El conflicto de Irak comenzó como guerra internacional el 20 de marzo de 2003, cuando Estados Unidos y sus aliados, el Reino Unido y Australia, atacaron e invadieron el territorio iraquí.
La intervención militar internacional, Libertad de Irak, como los Estados Unidos denominaron a la invasión, terminó menos de tres semanas después, el 1° de mayo de 2003, cuando el presidente George W. Bush declaró el fin de las operaciones militares y la victoria de Estados Unidos y sus aliados.
El 22 de mayo de 2003, el voto unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reconoció a las fuerzas ocupantes de los EE.UU. y de Gran Bretaña como “la Autoridad” en Irak, responsable de la administración del territorio y la promoción del bienestar de su población.
Casi de inmediato, comenzó un nuevo tipo de conflicto, de carácter interno, con una amplia gama de actores no estatales, en el que EE.UU. y sus aliados se convirtieron en el “partido del Estado”, uno más entre los múltiples protagonistas.
En junio de 2004, los poderes de las fuerzas ocupantes de EE.UU. y Gran Bretaña, que constituían la Autoridad Provisional de la Coalición (Coalition Provisional Authority – CPA), fueron transferidos a un gobierno interino iraquí, liderado por Ayad Allawi, con lo que se puso término formalmente a la ocupación. Al hacerlo, el gobierno interino de Irak también heredó la condición de “partido estatal”, dentro del continuo y creciente conflicto interno, en el que EE.UU. y sus aliados, ahora denominados Fuerza Multinacional (Multinational Force – MNF), lo asistían.
Irak se transformó en los últimos tres años en uno más de los conflictos intraestatales, sólo que, en vez de convertirse crecientemente en guerra internacional, el orden fue inverso: un conflicto internacional se convirtió en guerra interna.
En Irak, al igual que en los restantes conflictos internos de la época, no son dos los antagonistas que se enfrentan (Estado vs. insurgencia), sino una multiplicidad de actores, con una diversidad de fuerzas combatientes, acompañadas de una intensificación inusitada de la delincuencia organizada.
Hobbes dice que “no es la guerra civil la que provoca la desintegración del Estado, sino la desintegración del Estado la que provoca la guerra civil”.
El régimen de partido Baath gobernó Irak desde la década del 60; dentro de él, el más consecuente e implacable en el ejercicio de sus reglas de funcionamiento fue Saddam Hussein. En los países no consolidados políticamente, el régimen político abarca la totalidad de las escasas estructuras estatales; y su desaparición, como ocurrió en Irak en mayo de 2003, las arrastra en su caída.
El régimen de Saddam Hussein no fue una dictadura militar; el poder estaba en el líder máximo, y era ejercido a través del partido y del control de los sistemas de inteligencia, con subordinación de los mandos militares. Desapareció el partido y cayó el Estado; de ahí surgió el actual conflicto intraestatal, con multiplicidad de actores y violencia generalizada y creciente, sobre todo con respecto a la población civil. Esta población es el objetivo del conflicto, incluso antes que las fuerzas militares del adversario.
El secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, sostuvo la semana pasada en el Congreso de Washington que “EE.UU. no está ganando la guerra”; una afirmación que adquiere características crecientes de obviedad, aunque no significa que lo contrario sea cierto: que sus adversarios la estén ganando.
La característica central del conflicto en Irak es la profundización de la violencia y la multiplicación de los actores; antes que una derrota militar, lo que hay es un crecimiento exponencial de la inseguridad.
“La hora de la verdad no es más la guerra, sino la crisis”, dijo Raymond Aron; y la crisis en Irak, como en el mundo, es ante todo política.
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