Las lecciones del polonio 210
Por Modesto Montoya
El Comercio
Las informaciones sobre la muerte del ex espía ruso Alexander Litvinenko, envenenado con polonio 210, han sido profusamente difundidas a través de los medios de comunicación. Sin embargo, poco se ha dicho sobre las particularidades del radioisótopo polonio 210, y sobre qué lo hace tan peligroso. Una de las razones para ser investigado en el pasado fue su presencia en los cigarros y su influencia en el cáncer a los pulmones.
Los tres tipos más conocidos de radiactividad son las emisiones de partículas alfa, beta y gamma. Los rayos gamma no tienen masa ni carga y para frenarlos se requiere blindajes de plomo o concreto. Las partículas beta son electrones –partículas livianas con una unidad de carga– y para frenarlos se necesita láminas delgadas de aluminio. En cambio, las partículas alfa son masivas como 8 mil electrones juntos, tienen dos unidades de carga y para frenarlas basta con una hoja de papel o algunos milímetros de aire. Las células animales tienen un alto poder de absorción de partículas alfa, a costa de su propia integridad.
Debido a su alto poder destructivo alrededor de pequeñas distancias, las sustancias emisoras de alfas son peligrosas al ingresar al cuerpo. La sustancia se difunde por los órganos, destruyendo las células que se encuentren a su paso.
El riesgo para las personas contaminadas con emisores de alfas depende de su actividad. Una cantidad de polonio 210 emite miles de veces más partículas alfa por segundo que una cantidad similar de plutonio 239 (el radioisótopo que sirvió para elaborar la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki). Ello hace que el polonio 210 libere mucho más rápidamente su energía: mientras que la actividad del plutonio 239 baja a la mitad en 24.000 años, el polonio 210 lo hace solo en 138 días.
Por investigaciones realizadas en Rusia, se sabe que fracciones de miligramos de polonio 210 pueden ser letales. Como la destrucción de las células es progresiva, en la medida en que la sustancia vaya emitiendo partículas alfa, en el caso de recibir una dosis letal, la muerte no es inmediata, puede tomar unos días.
En caso de que la cantidad de polonio 210 en el organismo no sea letal en el corto plazo, a la larga puede causar daños genéticos o cáncer. Tal es el caso de los fumadores de tabaco. El tabaco contiene polonio 210, debido a que son abonados con fosfatos que contienen ese radioisótopo. Los átomos de polonio 210 que ingresan a los pulmones dispararán sus partículas alfa, destruyendo células o iniciando procesos de cáncer.
Otro emisor peligroso de alfas es el radón 222, isótopo tan activo que pierde la mitad de su actividad en solo 3.82 días. El radón está distribuido en la corteza terrestre, debido a que es descendiente natural del uranio 238, distribuido ampliamente en la corteza terrestre en los tiempos de formación de la Tierra. Emite partículas alfa a tan alta actividad que esta llega a la mitad en tan solo 3.8 días. El radón es gaseoso y sale de las rocas, por lo que los seres humanos la respiran involuntariamente. La peligrosidad del radón fue identificada por el número elevado de casos de cáncer entre los trabajadores en minas de uranio. Sin embargo, ahora se sabe que el peligro está también en habitaciones hechas de concreto, por lo que, en los países desarrollados, se realiza dosimetría de partículas alfa en las construcciones.
En consecuencia de lo dicho, seguramente, los espías se cuidarán más de lo que ingieran. Y la gente normal, para disminuir el riesgo de cáncer al pulmón, no fumarán tanto y tratarán de no vivir en una casa con tanto concreto. Además, las empresas mineras deberían medir la cantidad de radón que tienen sus minas.
El autor es físico nuclear
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