Venezuela: Navidad socialista
Por Adolfo P. Salgueiro
El Universal
Mañana es Nochebuena y el lunes Navidad. Ocasiones propicias para escribir algo “light” acerca del nacimiento del Niño Jesús, del amor, de la confraternidad y la convivencia universal si no fuera por que en este mismo momento, en nuestras propias narices, se está cocinando el Holocausto de la democracia venezolana y se trama la supresión de nuestros valores tradicionales sacrificándolos ante el altar de un proyecto político excluyente y sectario que nada tiene que ver con nuestra forma de ser.
Oficialistas y opositores debemos tener bien claro que los resultados del 3D no son en absoluto un mandato para refundar la República (por segunda vez en siete años) sino apenas el triunfo del indudable carisma de un líder hábil, que -con la ventaja de los inagotables recursos públicos a su favor- logró la necesaria conexión con la mayoría de electores que se inclinaron por continuar con la orientación social que el Sr. Chávez ha impreso a su gestión, pero sin que ello tenga relación con el asunto del Socialismo del Siglo XXI que es apenas un nebuloso pasticho ideológico aún en formación.
La mayoría de los electores fue atraída por el éxito de las misiones, el facilismo, el reparto de la piñata y la controversia de clases reintroducida ahora en el escenario político venezolano. La consecuencia obvia será la quiebra de PDVSA que como “ahora es del pueblo” se ocupa mas de lo social que del negocio petrolero; la reforma de la Constitución que hasta hace poco se nos vendía como la “mejor del mundo” y el coartamiento de las libertades hasta donde el pueblo se lo deje hacer.
Nadie puede estar en contra del Socialismo del siglo XXI si lo caracterizamos como el camino hacia la justicia social, las reivindicaciones de los excluidos, la excelencia educativa y demás metas deseables. Por el contrario, si socialismo es dilapidar los recursos que el azar derramó en nuestro suelo, si es la oportunidad de cambiar la corrupción de unos por la de otros, si es atentar contra la libertad de educación en aras del pensamiento único, si es seguir aguantando que nos metan a Bolívar hasta en la sopa, pues entonces así no nos interesa.
Si socialismo es comprar en Mercal para convertirnos en rehenes del aparato estatal de distribución de alimentos, no lo queremos. Si es tener que mostrar la cédula hasta para comprar pan, tampoco lo queremos; si es cambiar los bellos carros de la modernidad por las carcazas que circulan en La Habana, pues menos.
No se trata de reivindicar el liberalismo a ultranza que es impracticable en el siglo XXI. Solo se trata de reivindicar la razón y las experiencias históricas exitosas.
Por todo ello es que en este día el suscrito prefirió alertar a sus lectores sabatinos y no dejarse caer en la tentación de los pajaritos preñados del “amor universal” y demás cosas importantes que solo podremos apreciar si nos comprometemos con la causa de la libertad y del pluralismo. Ese es el deseo que requiere Venezuela en esta Navidad del 2006 cuando acabamos de presenciar que la regla de oro democrática del gobierno de las mayorías nos conducirá con toda seguridad al despeñadero.
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