¿Hillary derrotará a Obama?
Por Maureen Dowd
The New York Times – La Nación
MANCHESTER, Nuevo Hampshire – Hoy por hoy, el interrogante es qué constituiría una mayor desventaja en una puja presidencial: ¿el género o la raza? Sin duda, la respuesta dependerá de cuán varonil sea la mujer y cuán blanco sea el negro.
Hillary Rodham Clinton y Barack Hussein Obama, a horcajadas sobre dos mundos, intentan sacar ventaja de ambos.
Aunque Hillary desea parecer mucho más experimentada que su rival, en la política de alto nivel ha representado principalmente el papel de esposa: una primera dama que se sintió elegida por el pueblo. La abogada recibida en Yale tenía un pie en el mundo de los superdotados emprendedores que gobernaban el planeta y el otro en el mundo de las mujeres de mediana edad humilladas por las travesuras de sus maridos con despampanantes compañeras de oficina.
Sólo obtuvo su banca de senadora después de haberse ganado, como víctima, la simpatía de la gente. Todavía pugna por mantener el equilibrio entre Marte y Venus, ora mostrando su acerado temple político, ora trayendo café para sus colegas masculinos.
Obama se desliza entre el mundo político negro y el blanco. Un domingo, en Nuevo Hampshire, este abogado graduado en Harvard habló ante distintos públicos, casi todos de raza blanca. Vestido con la informalidad de un banquero de Wall Street en día viernes, parecía sentirse absolutamente cómodo y su decir sonaba tan blanco como el de Lou Dobbs. Citó a Martin Luther King Jr. y a Louis Brandeis con parejo aplomo. Y comentó, en tono irónico, que cuando trabajaba en la reconstrucción de una comunidad negra, en el South Side de Chicago, los vecinos lo llamaban “Yo Momma” porque no podían pronunciar su nombre.
Admite que habla a los grupos negros con una cadencia distinta, pero dice tomarla de ellos. Rechaza el supuesto libreto de los políticos negros -así lo llama él- según el cual “para ser auténticamente negros tienen que ofender de algún modo a los blancos” (cito una declaración suya a Jeff Zeleny, del Chicago Tribune ). También rechaza las quejas de algunos negros respecto a su insuficiente negritud. Obama es hijo de madre blanca, natural de Kansas, y padre negro, nacido en Kenia. Sus padres se conocieron en Hawai. Allí se crió él y asistió a la escuela. Y, como señala Zeleny, Hawai no es precisamente una congregación negra tradicional.
Durante la campaña de Bill Clinton, los encuestadores solían preocuparse porque Hillary no mostraba una imagen suficientemente maternal. Obama, por el contrario, sazona sus charlas con comentarios sobre sus experiencias de marido y padre. “No esquivo el cambio de pañales”, confesó ante algunos padres mientras autografiaba ejemplares de un libro en Nuevo Hampshire. Más tarde, les dijo a los periodistas que aún debía decidir si su esposa, Michelle, “la mejor amiga, la más lista, dura y divertida que podría anhelar jamás”, participaría en la campaña.
Con pareja elegancia, se dirigió a la audiencia femenina en el show de Oprah Winfrey y a la masculina en Lunes a la noche, fútbol , donde hizo la escena cómica de apertura sobre la audacia de las hipérboles intencionales y terminó poniéndose una gorra de los Bears y disparando su típica sonrisa fulminante. (Este doble triunfo en Chicago, ciudad natal de Hillary, debe de haber puesto verde de envidia a su competidora.) Obama es la peor pesadilla de Hillary. El se siente muy cómodo con su tez, y ella, muy incómoda con la suya.
“Cuando arrecie la campaña, creo que costará más vender el género que la raza”, opina Deb Chase, una maestra de Gilmanton (New Hampshire) que siguió a Obama desde Portsmouth hasta Manchester para verlo dos veces. “No me refiero a que la mentalidad popular descrea de una mujer presidente -prosigue-. Pero fíjese en las escuelas locales: hay montones de maestras primarias y muy pocas inspectoras generales.” No obstante, Chase, como otros demócratas de Nuevo Hampshire, piensa que no es una mera cuestión de género: el problema es Hillary.
Desde el punto de vista legislativo y senatorial, son dos figuras insustanciales. Hasta ahora, ella es la senadora Bache y él es el senador Lista de Best-Sellers.
Sin embargo, a diferencia de su impertinente retador, Hillary tendrá que disfrazarse y hacer bastantes pasos de danza para explicar sus opiniones sobre la guerra de Irak. Y ya sabemos que baila mal.
Su campaña, basada en el culto de la personalidad, será implacable en cuanto a pisotear a “Obambi”, como apodó un columnista de Chicago a este político avezado, pero idealista, y tan ingenuo que no supo esquivar a un recaudador de fondos ruin que quiso comprarlo con una estupenda transacción inmobiliaria.
Por algo Hillary ha esperado tanto tiempo y ha hecho tantos sondeos de mercado. El mensaje de Obama quizás exprese un comunitarismo sensiblero (¿por qué no podemos llevarnos bien siendo, como somos, una manta multicolor?), pero el de Hillary es, simplemente, el Derecho Divino de los Clinton.
Surge, pues, un segundo interrogante, que tal vez haga jaque mate a la raza y al género: ¿Obama es duro y Hillary, sincera?
(Traducción Zoraida J. Valcárcel)
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