Tensión laboral entre hispanos, negros y patrones en un pueblo de EE.UU.
Por Evan Pérez y Corey Dade
The Wall Street Journal
STILLMORE, Georgia —Tras una serie de redadas de las autoridades de inmigración, hace algunos meses, la procesadora de pollos Crider Corp. perdió el 75% de su fuerza de 900 trabajadores, compuesta principalmente por hispanos. La ofensiva estremeció la estructura económica de esta pequeña ciudad en la zona rural de Georgia.
Sin embargo, para los afroamericanos nativos del pueblo, la dramática aparición de los agentes federales presentó una oportunidad inesperada. Crider rápidamente elevó los sueldos en su planta a US$8 o US$9 la hora, más de un dólar por encima de lo que la compañía pagaba a los empleados inmigrantes. La empresa pasó a ofrecer transporte gratis a ciudades vecinas y habitaciones en un complejo de dormitorios cerca de la fábrica. Por primera vez en años, dicen autoridades locales, Crider empezó a buscar vigorosamente trabajadores en la oficina estatal de empleo, que ayuda a un gran número de trabajadores poco calificados a encontrar empleo. De los 400 candidatos que la agencia envió a Crider —la mayoría de ellos, afroamericanos—unos 200 fueron contratados.
El cambio repentino en la fortuna económica de Stillmore subraya algunos de los aspectos más complejos del actual debate sobre la inmigración: ¿los inmigrantes les están quitando trabajo a los estadounidenses poco capacitados? En un principio, la respuesta en Stillmore parecía ser que sí. Pero en los meses siguientes a la contratación de centenares de afroamericanos en Crider, la respuesta se volvió más compleja.
La planta ha sufrido un aumento en la rotación de personal, una caída en la productividad y disputas salariales entre los nuevos empleados y subcontratistas. El atractivo de tener empleados latinos dispuestos a aceptar un trabajo agotador y duras condiciones a cambio de un sueldo minúsculo se ha convertido en un hábito difícil de perder para Crider, particularmente porque los trabajadores locales que los reemplazaron suelen reclamar más sobre las condiciones y exigir lo que consideran sueldos y derechos justos.
Los estadounidenses no aceptan ese tipo de trabajo porque “no pueden subsistir con esos sueldos y los rechazan”, dice Debra Sabia, profesora de la Universidad del Sur de Georgia. “Si hace una encuesta entre estadounidenses preguntándoles qué tipo de trabajo desearían, un matadero no estará entre las respuestas. No es el tipo de trabajo que uno desea para sus hijos”.
Hasta fines de los 90, Crider empleaba es su mayoría negros en la línea de producción. Para 2000, los inmigrantes latinos que llegaban a la región como trabajadores temporales en la agricultura empezaron a echar raíces, como parte de una tendencia en todo el país. Los estados sureños poseen el 33% de la población hispana de Estados Unidos. En 2005, el número de hispanos en el estado superó los 625.000, el 7% de la población.
Deseando el salario mínimo
Con la llegada de tantos inmigrantes dispuestos a trabajar largas jornadas por poco dinero, el número de trabajadores negros en la fuerza de Crider cayó del 70% hace una década a 14% a principios de 2006. A medida que los afroamericanos dejaban sus puestos, huyendo de sueldos estancados en menos de US$6 la hora, los latinos los reemplazaban.
Ejecutivos de Crider dicen que la transformación de la fuerza laboral en una mayoría hispana ocurrió gradualmente a lo largo de una década y que la empresa no estimuló el cambio. “Tenemos que encontrar una nueva fuente de trabajadores, y Stillmore no nos proveerá esa fuente. No es lo suficientemente grande”, dice Dave Purtle, presidente de Crider.
Durante las primeras redadas, los agentes federales arrestaron a unos 120 trabajadores, la mayoría mexicanos, según las autoridades de inmigración. El resto huyó o se escondió en la región. La semana siguiente, docenas de latinos dejaron la ciudad. Desde la visita de las autoridades, los afroamericanos pasaron a representar el 65% de la fuerza laboral de Crider, mientras que los blancos son el 30% y los hispanos un 5%, según la empresa. La rotación de empleados es alta.
Los trabajadores hispanos legales que permanecieron en Crider se quejan de que a los nuevos empleados les pagan más a pesar de no trabajar tan fuerte como ellos.
“Los afroamericanos se sientan en la cafetería y no van a trabajar hasta que los pollos llegan, pero los hispanos ocupamos el tiempo limpiando y haciendo otras cosas que sean necesarias”, dice José Sauceda, un inmigrante legal que entró a trabajar en Crider en 2004 pero que ya ha dejado la compañía.
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