Ser libre no es un crimen
Por Alejandro A. Tagliavini
El Nuevo Herald
Buenos Aires — Mientras escribo esto, mi madre está de visita por Viet Nam, en un viaje turístico. Le envié un e-mail: “Si ves algún prisionero yanqui, intenta liberarlo”.
La broma me dejó pensando. Claramente las guerras no sirven para nada. No es una cuestión de gustos ni de ”pacifismo”, simplemente son ineficientes e inconducentes. Muchos murieron, hubo mucha destrucción. ¿Para qué? Hoy, los herederos de los comunistas vencedores, sin guerras, adoptaron el camino ideológico que se quiso, y no se pudo, imponer con las armas. Tonta guerra.
No podía salir de mi asombro al escuchar que Estados Unicos exigirá pasaportes a sus propios ciudadanos que viajen a países como México. Al final, el muro fronterizo ¿es para que no entren ”ilegales” o para que no salgan estadounidenses? ¿Serán los EEUU la próxima ”isla cárcel” al estilo castrista?
Ciertamente la todavía comunista China no es un paraíso de libertades personales que deba imitarse. Pero mientras el gigante asiático se abre cada vez más, Estados Unidos blinda sus puertas. Y así se ven los resultados.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un fuerte crecimiento mundial –próximo al 5%– para 2007, registrando así, por cuarto año consecutivo, su tasa más elevada desde 1973. Pero ha rebajado el crecimiento previsto para Norteamérica a sólo el 2.8% en este año, desde el 3.5% en 2006. Mientras que China crece a tasas superiores al 9%.
El dragón asiático, gracias a su apertura, ha recibido más de un trillón de dólares desde el exterior, luego de 25 años, con la entrada de unas 500 mil empresas extranjeras. Todo esto le permite mantener en su cuenta de capital un superávit, cuentas corrientes con balanza favorable y unas reservas que superan los US$ 400 billones.
Pero no sólo eso sino que, gracias al ahorro chino y con su compra de bonos estadounidenses, el dólar se mantiene relativamente estable, mientras el gobierno norteamericano consigue financiación extraordinaria. Estados Unidos parece consumir, y endeudarse, mientras que los chinos producen, ahorran y financian a sus clientes americanos en lo que algunos quieren llamar el acuerdo de Bretton Woods II.
Entre sus múltiples logros, China, que ya tenía a la Unión Europea (UE) como su mayor socio comercial desde 2005, exportó al bloque europeo productos por valor de unos US$165,000 millones, superando los 157,000 millones de Estados Unidos, convirtiéndose en el principal proveedor de la UE. En total, el comercio entre China y los europeos ascendió a US$ 272,300 millones en 2006, 25.3% más que en 2005.
Así, la UE acaparó el 15.5% del comercio exterior chino y se consagró, además, como el mayor proveedor de tecnología para China al exportarle, en 2006, US$ 8,100 millones, superando los 4,800 millones de importaciones chinas a Japón y los 3,800 millones de las compras tecnológicas a EEUU.
Pero lo insólito es que en lugar de mejorar las cosas, Norteamérica prepara una limitación a las exportaciones de tecnología a China, pues teme que sea usada con fines militares. Esperemos que las quejas de las empresas del sector, que recelan que se beneficie, precisamente, a sus rivales europeos, sean escuchadas. Dicen los sabios que el miedo es mal consejero y ¡qué razón tienen!
China cambió la utopía maoísta por el pragmatismo de Deng Xiao Ping, quien con un crudo realismo les descubrió a los chinos que ”ser rico no es malo”. Parafraseando a Deng, habría que decirle a Bush que “ser libre no es un crimen”.
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity del Independent Institute, de Oakland, California.
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