La carga de los cien mil “pobres”
Por Manuel Márquez-Sterling
Diario Las Americas
La cuestión cubana, como el famoso cuento de la niña Alicia, hace ya muchos años que cruzó hacia el otro lado del espejo y se perdió, –dicen que sin regreso–, en ese otro mundo donde reina lo absurdo y la razón de la sin razón.
Por años se esperaba que con la incapacitación del tirano su régimen si no se vendría abajo al menos empezaría su colapso. No parece que, por lo pronto, sea así. Ahora resulta que a Cuba la gobiernan dos tiranos: un beodo que lo único que ha hecho en este mundo es ser el hermano del hermano, y desde un hospital muerto clínicamente y vivo artificialmente la “hez fecal máxima”.
Pero ahí no se acaba la cosa. Ahora resulta que a Cuba la van a gobernar tres tiranos pues, embarrado de petróleo de pies a cabeza y con una billetera de la que en catarata inacabable se desbordan las divisas provenientes de las estaciones gasolineras norteamericanas, está Chávez, quien como un agitado mono mandril aspira a reinar por todo el absurdo hemisferio sur.
Ahora leemos que Chávez anuncia que ha llegado a un acuerdo con los dos tiranos de Cuba. En este acuerdo se provee el envío de nada menos que cien mil “pobres” venezolanos a Cuba. ¡Nada menos que cien mil! Es como si moviéramos a la ciudad de Santiago de Cuba entera a otro país.
Por supuesto, que este anuncio ha provocado en el exilio diferentes reacciones y unas cuantas discusiones sobre las razones de ese envío del mandril. ¿Para qué en realidad se mandan esos cien mil “pobres” al país de la “pobreza máxima”?
Unos afirman que estos van a Cuba a ser entrenados en el vitae de imponer e infligir el terror y la represión a Venezuela ahora que el mandril, ya si ambages algunos, se encamina a hacer de su país un ejemplo perfecto de lo acaecido en el nuestro. No nos sorprendamos, pero cuando allá por los años sesenta vinieron de Checoslovaquia sus agentes de la seguridad interna a Cuba, se quedaron maravillados con lo que Castro ya había organizado, y muchos de ellos, en privado, manifestaron que allí no tenían nada que enseñarles a los cubanos. Esta tesis de ir a aprender eso en Cuba tiene peso y lógica, pues la Universidad de la Represión está ahora allí.
La otra opinión nos afirma que esto es el revés. Que Chávez, previendo que en Cuba ocurra una reacción en contra del régimen a la muerte de la “hez máxima” ha decidido colocar en Cuba cien mil guardianes que solamente respondan a sus órdenes directas, para que en un momento preciso defiendan al régimen y destruyan a cualquier movimiento militar encaminado a su derrocamiento. En fin, que ahora esos venezolanos “pobres” han substituido a aquellos “técnicos” rusos de hace unos quince años. ¿Es qué ya se nos ha olvidado, aquella ocupación de Cuba? Esta opinión se refrenda explicándonos que una pérdida de Cuba para Chávez sería de muchas formas un gran bacatazo para los planes imperialistas del mandril bolivariano. No se puede en realidad constituir un imperio sin un santuario ideológico donde acudan los peregrinos a beber las aguas mágicas de su conversión.
Ya Chávez, de muchas formas, y a pesar de su infinito ego sediento de protagonismo, trata a la “hez máxima” como a un venerable patriarca, como a la antorcha que alumbró el camino a seguir. No dudemos que a su muerte se le construya en La Habana, con dinero de Chávez, por supuesto, un mausoleo formidable, y que en una urna de cristal se exhiba como a una fruta seca y sin el saquito plástico de sus últimas excrecencias a Castro…
¿Imposible? ¿Y qué cosa ha sido imposible en lo de Cuba desde que ella cruzó el umbral del espejo de Alicia hacia el otro lado? ¿Cosas veremos Mio Cid?
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