Democracia amenazada
Por Gonzalo Maldonado Albán
El Comercio
Freedom House (FH), una organización independiente dedicada al monitoreo de las libertades civiles y políticas en el mundo, acaba de publicar su evaluación del año 2006, con una conclusión bastante descorazonadora: la democracia en el mundo está amenazada.
No solo el porcentaje de países democráticos se ha estancado durante la última década, dice FH, sino que existe un desdén creciente por salvaguardar los derechos de las personas y una voluntad cada vez más manifiesta por destruir las instituciones que garantizan la libertad de las sociedades.
Durante el año 2006, agrega FH, en distintas partes del mundo las libertades civiles y políticas de las personas fueron sistemáticamente violadas a vista y paciencia de los ciudadanos, pero ninguno de ellos parece haberse molestado por ello (salvo los perjudicados, claro está).
Aquí, en Ecuador, sucede lo mismo: desde nuestro retorno a la democracia, los políticos no han hecho otra cosa que violar la Constitución y las leyes para obtener beneficios particulares y coyunturales, pero los electores continúan eligiéndolos como si hubieran sido funcionarios con una ejemplar hoja de servicio.
Los nuevos políticos -con Rafael Correa y Lucio Gutiérrez a la cabeza- son solo un sucedáneo de esa cultura antidemocrática y desdeñosa de la legalidad que tiene la sociedad ecuatoriana. Gutiérrez, un militar golpista que clausuró la Función Judicial, y el presidente Correa, un líder que amenaza con clausurar el Congreso, se han convertido en los alfiles de la política nacional y todo el mundo parece feliz con ello.
Tal vez sea que a la gente le gusta el autoritarismo y desprecia la democracia y la legalidad. Tal vez sea que han asumido como cierta aquella versión interesada que culpa a la democracia de todos los males que afectan al país y que omite deliberadamente los logros que el Ecuador ha alcanzado gracias a esa misma democracia.
Aprovechándose de la permisividad que los ecuatorianos tenemos cuando se trata de violar la Constitución y el régimen democrático, el Ejecutivo y el
Congreso -es decir, Correa y Gutiérrez- han autorizado una consulta popular que nos llevará a una asamblea constituyente que hasta ahora no sabemos lo que hará, pues al día siguiente de haberse hecho efectivo ese acuerdo, el Primer Mandatario se ha apresurado a decir que la asamblea constituyente no tendrá poderes limitados, como se entiende del texto aprobatorio emitido por el Congreso Nacional.
Así, el Ecuador entrará en una nueva etapa ‘refundacional’ que, en el peor de los casos, podría fin a su régimen democrático y que, en el mejor de ellos, entregaría un nuevo texto constitucional que también será irrespetado por quienes ostenten el poder.
Lo más preocupante es que la gente quiere otros resultados de la asamblea constituyente. Espera, por ejemplo, que le dé empleo, salud, vivienda. Apenas un 4% de los ecuatorianos, según una encuesta de Informe Confidencial, esperan que la asamblea constituyente traiga una reforma política.
Cuando las expectativas de las personas sean nuevamente defraudadas, se culpará otra vez a la democracia y al régimen de partidos y se intentará crear un sistema de Gobierno aún más autoritario y desdeñoso de la legalidad. Malos tiempos para la democracia ecuatoriana.
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