Venezuela: Desabastecimiento, inflación y desempleo
Por Miguel Molero
Venezuela Analítica
Las invasiones y las expropiaciones a las que ha sometido el régimen la tierra y la propiedad privada en el país, incrementa la inseguridad jurídica de los productores venezolanos. Esta política del régimen abona a favor del problema de la escasez alimenticia, que actualmente confrontamos los venezolanos. Esta política unida al control de precios al detal, hace el doble play perfecto de la escasez de alimentos.
El régimen en su propósito de sustituir el capitalismo y construir el “socialismo del siglo XXI” (Que hasta ahora nadie sabe su definición epistemológica) ha expropiado por la vía de la fuerza (Ejercito y Guardia Nacional) fundos, fabricas, frigoríficos, y todo lo que en su criterio entorpezca la construcción del “socialismo del siglo XXI y el desarrollo endógeno”; paralelo a ello, amenaza a pequeños comerciantes y distribuidores de despojarlos de su fuente de trabajo y mantenimiento de su familia, acusándolos de acaparadores y especuladores. Esta conducta del régimen, aunada a la sobrevaluación de la tasa de cambio y el control de precios, incentiva las importaciones de alimentos y desincentiva la producción interna, lo que contribuye al desabastecimiento.
La necedad y el atraso ideológico y político del régimen, de llevar a Venezuela a modelos políticos superados por la historia, hacen predecible que los venezolanos nos veamos obligados en el muy corto plazo, a hacer largas e interminables colas, para abastecernos de la tarjeta de racionamiento alimenticio del que disponga el régimen. “Mercal es sinónimo de grandes colas bajo el sol, de angustia porque siempre existe la probabilidad de llegar al mostrador cuando ya la mercancía está agotada” (2001. 26-02-07)
Concomitante con el desabastecimiento, los venezolanos vemos disminuir cada vez más nuestro salario, como consecuencia de la inflación. Así tenemos que entre Enero de 2006 y Enero de 2007 el precio de los alimentos y bebidas no alcohólicas fue del 31,1 % mientras IPC fue del 18,4 % lo que significa que los precios de los alimentos fueron mayores en un 12,7 %. Si consideramos que los venezolanos dedican más o menos un 38 % de sus ingresos a la compra de alimentos, entenderemos entonces, como el poder adquisitivo de nuestros ingresos salariales, es cada vez menor. La inflación es una especie de enfermedad de la economía, que debe ser enfrentada con medidas económicas, y no con represalias y amenazas. En un una economía donde el gasto público en los últimos dos años crece a un ritmo de 50 %, mientras el incremento monetario es del 68 %, la inflación, estará asociado principalmente a la variable fiscal, en tanto el gasto público hace crecer la demanda agregada (C + I + X – M) donde: C = Consumo; I = Inversión; X = Exportaciones; M = Importaciones. Mientras esto ocurre con la demanda, paralelamente por el lado de la oferta se produce una contracción debido a la incertidumbre que crea la política represiva e intimidatoria del régimen.
Teóricamente un incremento de la demanda agregada produce a su vez un incremento en la producción y en el empleo, pero es el caso de que en Venezuela, ello no ocurre así debido a que no se producen las necesarias inversiones en la economía real, es decir, no crece la formación bruta de capital fijo, o lo que es lo mismo, no hay nuevas instalaciones de planta y equipos, que hagan crecer la infraestructura industrial para la producción de bienes transables. Esta situación nos remite a la calidad de la inversión pública, puesto que el régimen ha priorizado el gasto corriente, sobre el gasto en inversión reproductiva, desarrollando para ello, las llamadas misiones que le han permitido hasta ahora, mantener un substancial apoyo popular.
Gracias a esta política el empleo se ha contraído principalmente en el sector de los transables, sector éste que mayormente crea valor agregado. El régimen se muestra eufórico por que el PIB de 2006 se ubicó en 10.3 % lo cual no es otra cosa que el valor del aumento producido por el trabajo (y su distribución entre capital y trabajo), que en el corto plazo su valor sólo aumenta si se incrementa el empleo. Situación que lamentablemente no se producirá en Venezuela, gracias a la descomposición sectorial de la actividad productiva que ha profundizado el régimen con su política económica
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