Venezuela: En la ruta de la libreta de racionamiento
Por Amir Portillo
Correo del Caroní
Si partimos de hechos ciertos, podemos inferir más allá de la simple especulación sin jugar a prestidigitadores. El propio Presidente de la República ha manifestado en varias ocasiones que el paro petrolero fue una estrategia bien planificada por él. O quizás no, sólo que desde el golpe de estado del 92, sus derrotas se han convertido -por ahora- en éxitos rotundos.
Y no sólo el paro petrolero le vino como anillo al dedo para sus planes de gobernar in perpetuum, puesto que le era necesario echarle mano a la industria petrolera del país a fin de ir ganado el poder necesario, especialmente para los planes expansionistas de su revolución bolivariana actualmente llamada “socialismo del siglo veintiuno”, eufemismos usados para mimetizar el comunismo que avanza a pasos de vencedores; sino que, aquellos sucesos le dieron pie para producir la primera purga de oficiales de distintos rangos que aún no gritaban ¡Patria, socialismo o muerte! Su poder alcanzaba así dos sectores estratégicos: el económico -con el petróleo y las divisas que de él se obtienen- y el militar.
Mucho se ha venido diciendo por varios connotados economistas del país, que las estrategias en la política económica de Venezuela van por un rumbo tan caótico que va a llevar al país al desastre. Sin embargo, las cosas en esa materia son una contradicción ante los ojos del análisis simple: mientras se dice repetidamente que vamos hacia la debacle económica, se ha desatado una vorágine de compra por el consumidor venezolano -el boliburgués y los mogrollos del régimen- que ha ocasionado escasez en todo rubro adquisitivo. Lo que sucede, por ejemplo, con los vehículos es una locura total: largas colas de compradores reposan en los concesionarios a la espera de un carro nuevo, especialmente de rústicos y camionetas de lujo. En el área de los alimentos, desaparecen paulatinamente productos que no se encuentran ni para remedio. Y es una contradicción, puesto que, habiendo tanto dinero circulando para comprar, habiendo un supuesto crecimiento económico, la pelota de nieve del caos económico sigue cuesta abajo.
Los precios petroleros, que se mantienen elevados, le permiten al gobierno revolucionario el ingreso de dólares como nunca antes se había tenido en Venezuela, lo que ha producido la sensación equivocada de crecimiento económico concentrado en el gasto público dispendioso y desordenado que ha tenido. Si aquellos cayeran a los niveles que tenían cuando Chávez empezó el poder, otro sería el cuento que estaríamos echando.
Si los planes de Chávez son instaurar definitivamente en el país el sistema comunista que con mucho reticencia han llamado socialismo del siglo veintiuno, a paso de vencedores han ido cayendo uno a uno los sectores del país que han ido conformando su estructura. Primero fueron los poderes públicos: Contraloría General, Fiscalía General, Tribunal Supremo, Consejo Nacional Electoral, luego -y a la par- la industria petrolera y la FA, como los más importantes.
No creo que la destrucción del sistema productivo del país sea un acto de torpeza del sistema económico del régimen, y me perdonan mis dudas. Aunque propuestas como gallineros verticales, cultivos hidropónicos, la ruta de la empanada, fundos zamoranos y otras inefables ocurrencias de Chávez que han terminado en el olvido, todo ha surgido como eslabones en la cadena de sucesos que deben llevar al país hacia la dependencia total del estado, hacia el único sistema económico conocido en el mundo que va en contra del sistema capitalista: el comunismo. Está en Cuba nuestro más cercano icono latinoamericano, el mar de la felicidad, el ejemplo a seguir.
Una vez que el aparato productivo del país termine de exhalar sus últimos alientos, lo demás será el control completo del ciudadano que no le quedará otra que adquirir sus alimentos, y demás rubros de su canasta básica y no básica -los que el régimen estime- en Mercal. Cuando los frigoríficos, redes de supermercados y expendios de alimentos ya no puedan sostenerse más y deban cerrar, a menos que dobleguen y se unan al sistema comunista de producción, es decir, cooperativas comunitarias, -ocasión que el caudillo espera agazapado en su madriguera- éste habrá tenido los motivos, las razones para nacionalizarlas. Tiene dinero para importar mientras entrega el aparato productivo a las cooperativas y al poder comunal, con lo que mantiene muy contentos a quienes creen que con semejante atrocidad se puedan beneficiar. El objetivo es controlarlo todo, a paso de vencedores. Lo está logrando, el petróleo da para eso y mucho más, aún. El bienestar económico del país, el progreso, el desarrollo, están por debajo de la revolución comunista. Los líderes no sufren por eso, no tendrán necesidades. No en balde se le ha venido enseñando al pueblo absurdos como “ser rico es malo”, o “no importa si no hay para comer, lo que importa es la revolución”. ¿O no?
Mientras tanto, el consumidor venezolano, sin darse cuenta -como quien quiere y no quiere- está siendo acostumbrado a modificar sus hábitos de consumo: a comprar en las redes de comercio de alimentos del régimen: Mercal. Por una simple casualidad, puesto que yo no veo televisión basura, un día mientras usaba el control del televisor, pasé por VTV, y presencié como estaban enseñando a fabricar jabones de baño. Quizás después, en otro programa, le enseñen a las féminas a fabricar sus propias toallas sanitarias. ¡Así, así, así es que se gobierna! No sobrará quien piense que esto es un disparate de opositor trasnochado. Por si acaso, anótenlo por ahí, después hablamos.
- 23 de junio, 2013
- 1 de febrero, 2026
- 31 de enero, 2026
- 15 de agosto, 2022
Artículo de blog relacionados
Infobae Alfredo, soy yo, Andreina. Aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los...
29 de enero, 20186to Poder Venezuela ha otorgado a Bolivia 404 millones de dólares en donaciones,...
21 de junio, 2013Por Joanna Slater The Wall Street Journal Al igual que los viajeros que...
30 de julio, 2007- 14 de diciembre, 2017














