Cuáles son las teorías de moda entre los economistas
Por Sebastián Campanario y Ezequiel Burgo
Clarín
Hay un boom de trabajos y líneas de pensamiento. Y siguen creciendo los centros de estudios. La duda es si lo que hacen le servirá a la gente o no.
Cuando se les pregunta a los economistas en qué estado se encuentra la ciencia se recogen dos impresiones. Para algunos, la disciplina atraviesa una crisis porque no realiza aportes significativos para mejorar la calidad de vida de la gente. Para otros, la academia pasa por uno de los momentos de mayor efervescencia de las últimas décadas.
Si bien ambas ideas pueden ser ciertas, esta última retrata mejor el actual estado de la ciencia sombría hoy en día: la economía parece estar viviendo una suerte de boom, al menos a nivel académico.
La aplicación de teoría económica alcanzó niveles de producción insospechados tiempo atrás. Esto se debe a que los economistas —que nunca supieron conquistar el amor de la gente—, fueron avanzando sobre diferentes “espacios” para desplegar su método.
En un comienzo fueron las universidades las fábricas de economistas por excelencia. Pero en los últimos años se multiplicó el número de usinas de producción teórica y de pensamiento.
“, Primero, la oferta académica de las universidades se amplió en el mundo y en la Argentina.
“, Segundo, hoy en día hay en el mundo más “think tanks” de economía y de temas afines que hace treinta años.
“, Tercero, los bancos centrales ya no se limitan solamente al manejo de la política monetaria, sino que ahora se han convertido en importantes contribuyentes de papers y trabajos que aportan a la discusión. Sin ir más lejos el Banco Central de la República Argentina tiene un equipo de economistas y hace poco relanzó la propia revista de la entidad (Ensayos Económicos).
Además, con la figura del “economista divulgador” y el desarrollo de los medios, los economistas ganaron prensa. Claro que este salto en la cantidad y producción de papers en la economía en general, no dice nada sobre “una mejor economía”. De hecho, existe toda una discusión acerca de si lo que están “produciendo” hoy los economistas va por el buen camino o no.
La fiebre de los experimentos
Como la ropa, la ciencia también tiene sus modas. La economía del comportamiento, por ejemplo, que aplica herramientas de la psicología para entender mejor la conducta de los consumidores e inversores, fue uno de los hits de los últimos años.
Pero también crecieron mucho otras ramas como el desarrollo económico y el estudio sobre la vinculación entre instituciones y la estructura económica.
En Harvard, por ejemplo, ahora mismo es furor lo que los economistas llaman “programme evaluation with randomised experiments” (evaluación de programas con experimentos al azar).
Funciona como un programa piloto para ver si una política pública sirve o no: si los resultados son satisfactorios entonces se expande. “Se va a dos pueblos en Kenia y se ofrece básicamente un mismo plan de vacunación con algunas diferencias entre uno y otro lugar”, cuenta a modo de ejemplo Federico Sturzenegger, profesor visitante en Harvard.
“Estos experimentos ayudan a entender el funcionamiento de planes y políticas sociales. Se trata de hacer experimentos controlados. Hay mucha excitación con todo esto aquí”.
Todo esto no está exento de polémica de vez en cuando. Hace unos años, en México, estalló un escándalo cuando se descubrió que un grupo de economistas “experimentaba” con dos pueblos otorgándole un subsidio para el campo a uno y no al otro.
Otra novedad que aparece en la academia internacional hoy en día es lo que se llama “poverty traps” (trampas de pobreza). Se trata de analizar a través de modelos sofisticados (con múltiples equilibrios) cuando una economía se encuentra estancada en un equilibrio pobre por distintas razones sin poder salir de allí. De esta forma puede establecerse de manera más eficiente dónde conviene aplicar una decisión de política pública para ayudar a los sectores más en dificultades.
En la Argentina, el análisis económico de temas como pobreza, empleo y distribución del ingreso está al tope de la agenda. En la última reunión de la Asociación Argentina de Economía Política, por ejemplo, la mayor parte de las investigaciones fueron orientadas a estos temas (un 20% del total).
¿Qué explicación se le encuentra a esto?
En primer lugar hubo un avance de la ciencia en general. Existen desarrollos de economía aplicada, computadoras y software que facilitan la tarea de análisis que hacen los economistas y que antes se tenían a mano.
En segundo lugar “ayudó” la situación del país. En el Centro de Estudios de Pobreza de la Universidad de Michigan, por ejemplo, había festejos cada vez que ganaban los republicanos porque seguro iba a estar en alza su “tema”. En la Argentina los economistas que se dedican a estos temas pueden ir festejando: parece que la pobreza y la mala distribución del ingreso continuarán afectando a una porción significativa de la población.
En tercer lugar, hay cada vez más economistas y centros especializados en la Argentina, como las universidades nacionales de Sarmiento y La Plata, por ejemplo, que se dedican a seguir muy de cerca estos temas.
También ayudó a que se “democratizara” el estudio de esta rama, el hecho de que ahora estén disponibles en la red datos que antes no figuraban, como por caso la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.
Big bang en la economía
Ahora ¿qué es lo que viene para los próximos años? ¿Qué ideas, herramientas y políticas, los economistas proveerán a los políticos en las elecciones de 2019, por ejemplo? La mayoría de los economistas reconoce que la producción teórica recorre un momento de transición, pero no se sabe bien en qué terminará.
Daniel Heymann, que trabaja en la CEPAL, cree no se está frente a “el fin de la historia” ni mucho menos en materia económica. Es de los que piensan que probablemente en el futuro aparezcan novedades. Su argumento es más o menos el siguiente: mientras la economía en todo este tiempo ha sido una disciplina “exportadora” hacia la sociología o las ciencias políticas, en otros campos hubo desarrollos que fueron introducidos en la economía aunque de manera periférica como es el caso de la psicología cognitiva y la neurobiología. “Es posible que esas importaciones tengan un impacto apreciable a la larga”, dice.
Para Fernando Navajas, economista de Fiel, la ciencia está parada frente a “una especie de big bang”, aunque no sabe exactamente qué saldrá de ello. “Pero seguramente se modele de forma diferente el comportamiento humano y las interacciones sociales a los fines de entender mejor los problemas de distribución de los recursos”.
Si esto no sucedió, ensaya Na vajas, es porque esta explosión deberá producirse en otro lado del conocimiento científico. “Cuando aparezca el salto se va a generar mucho ruido. Pero hasta entonces los adelantos van a ser pausados”.
Por otro lado, hay cierta revalorización de la política económica, una rama de la economía en la que las matemáticas no pesan tanto. Tony Lawson, profesor de la Universidad de Cambridge que dirige un seminario de economía “post autista”, dice que “la economía todavía tiene la tarea de encontrar la mejor forma para que la gente satisfaga sus necesidades de subsistir y, en tanto y en cuanto el trabajo sea una necesidad, mejorar su vida”.
Lawson es experto en matemáticas, pero no las utiliza tanto porque conoce sus limitaciones, según explica. Y es uno de los favoritos del argentino Javier González Fraga, que fue su alumno en un seminario.
La opinión de los economistas acerca de si los temas en que se están trabajando aportarán finalmente un resultado positivo al desarrollo de la sociedad, se encuentra dividida.
Para Sturzenegger, en la economía hoy están pasando cosas “fascinantes” y hay mucha “exitación” en la comunidad universitaria. Pero Javier González Fraga en cambio dice estar “desencantado” con la economía actual porque tiene un exceso de fórmulas matemáticas. “Dentro de algunos años vamos a considerar estos 50 años de papers llenos de fórmulas como una etapa muy oscura en la que no se pudo solucionar con respuestas concretas los problemas de la gente. Existe una producción elegante en los grandes journals, pero de poca relevancia”, explicó.
Navajas cree que los economistas hoy realizan esfuerzos enormes que van atrás de preguntas “chiquitas”. “El resultado es una dispersión en donde el debate y la misma comunicación entre economistas se ha reducido”.
Nuevos tiempos
La realidad es que los años de “alta teoría” de la economía ya pasaron y lo que existe ahora es un cambio de agenda en la economía: una especie de diáspora temática, con gente que estudia fenómenos que están en el borde de la disciplina o más allá.
Allá por entre 1925 y 1940, la economía atravesó verdaderas revoluciones, tanto en la microeconomía (competencia imperfecta) como en la macroeconomía (Keynes). Hay quienes se preguntan si la evolución actual se corresponde a un progreso de la economía o a una etapa regresiva.
Hay quienes creen, por ejemplo, que la teoría de expectativas racionales de la Escuela de Chicago terminó siendo un programa regresivo, porque lo único que se consiguió fue hundir más a la economía en la matemática artificial y extraer conclusiones erróneas de política monetaria.
Pero eso es tan difícil de dilucidar como responder si el esquema de Bilardo en México 86 hizo retroceder al fútbol porque a partir de allí se pusieron más jugadores en la mitad de la cancha. ¿Gusta más, gusta menos? Sólo se sabe que es distinto. Aunque Bilardo ganó.
Heymann reconoce que al haber una enorme actividad de investigación económica, “esto aumenta la probabilidad de que haya algún descubrimiento importante en la ciencia”.
La mayoría pronostica que la economía del futuro difícilmente pueda prescindir del uso de complejas operaciones matemáticas. Todo indica que el método económico aplicado a problemas “no económicos” continuará afirmándose de la mano de poderosos softwares. “Se hicieron avances interesantes en economía”, reconoce Andrés López, director de la carrera de Economía de la UBA. “Las conclusiones de los experimentos bien diseñados ayudan”.
En la Argentina, ya hay grupos interdisciplinarios de economistas y psicólogos avanzando con estudios de campo sobre la Felicidad, que se conocerán antes de mitad de año.
La economía de sombría ya no tiene un pelo, pareciera. Pero a no confiarse. En un mundo que crece como nunca y que acumula desequilibrios a cada paso, con mercados volátiles y una producción teórica de vanguardia que aún no madura, no sería extraño que algún día alguien volviera a rebautizarla como alguna vez lo hizo Thomas Carlyle.
Si bien ambas ideas pueden ser ciertas, esta última retrata mejor el actual estado de la ciencia sombría hoy en día: la economía parece estar viviendo una suerte de boom, al menos a nivel académico.
La aplicación de teoría económica alcanzó niveles de producción insospechados tiempo atrás. Esto se debe a que los economistas —que nunca supieron conquistar el amor de la gente—, fueron avanzando sobre diferentes “espacios” para desplegar su método.
En un comienzo fueron las universidades las fábricas de economistas por excelencia. Pero en los últimos años se multiplicó el número de usinas de producción teórica y de pensamiento.
“, Primero, la oferta académica de las universidades se amplió en el mundo y en la Argentina.
“, Segundo, hoy en día hay en el mundo más “think tanks” de economía y de temas afines que hace treinta años.
“, Tercero, los bancos centrales ya no se limitan solamente al manejo de la política monetaria, sino que ahora se han convertido en importantes contribuyentes de papers y trabajos que aportan a la discusión. Sin ir más lejos el Banco Central de la República Argentina tiene un equipo de economistas y hace poco relanzó la propia revista de la entidad (Ensayos Económicos).
Además, con la figura del “economista divulgador” y el desarrollo de los medios, los economistas ganaron prensa. Claro que este salto en la cantidad y producción de papers en la economía en general, no dice nada sobre “una mejor economía”. De hecho, existe toda una discusión acerca de si lo que están “produciendo” hoy los economistas va por el buen camino o no.
La fiebre de los experimentos
Como la ropa, la ciencia también tiene sus modas. La economía del comportamiento, por ejemplo, que aplica herramientas de la psicología para entender mejor la conducta de los consumidores e inversores, fue uno de los hits de los últimos años.
Pero también crecieron mucho otras ramas como el desarrollo económico y el estudio sobre la vinculación entre instituciones y la estructura económica.
En Harvard, por ejemplo, ahora mismo es furor lo que los economistas llaman “programme evaluation with randomised experiments” (evaluación de programas con experimentos al azar).
Funciona como un programa piloto para ver si una política pública sirve o no: si los resultados son satisfactorios entonces se expande. “Se va a dos pueblos en Kenia y se ofrece básicamente un mismo plan de vacunación con algunas diferencias entre uno y otro lugar”, cuenta a modo de ejemplo Federico Sturzenegger, profesor visitante en Harvard.
“Estos experimentos ayudan a entender el funcionamiento de planes y políticas sociales. Se trata de hacer experimentos controlados. Hay mucha excitación con todo esto aquí”.
Todo esto no está exento de polémica de vez en cuando. Hace unos años, en México, estalló un escándalo cuando se descubrió que un grupo de economistas “experimentaba” con dos pueblos otorgándole un subsidio para el campo a uno y no al otro.
Otra novedad que aparece en la academia internacional hoy en día es lo que se llama “poverty traps” (trampas de pobreza). Se trata de analizar a través de modelos sofisticados (con múltiples equilibrios) cuando una economía se encuentra estancada en un equilibrio pobre por distintas razones sin poder salir de allí. De esta forma puede establecerse de manera más eficiente dónde conviene aplicar una decisión de política pública para ayudar a los sectores más en dificultades.
En la Argentina, el análisis económico de temas como pobreza, empleo y distribución del ingreso está al tope de la agenda. En la última reunión de la Asociación Argentina de Economía Política, por ejemplo, la mayor parte de las investigaciones fueron orientadas a estos temas (un 20% del total).
¿Qué explicación se le encuentra a esto?
En primer lugar hubo un avance de la ciencia en general. Existen desarrollos de economía aplicada, computadoras y software que facilitan la tarea de análisis que hacen los economistas y que antes se tenían a mano.
En segundo lugar “ayudó” la situación del país. En el Centro de Estudios de Pobreza de la Universidad de Michigan, por ejemplo, había festejos cada vez que ganaban los republicanos porque seguro iba a estar en alza su “tema”. En la Argentina los economistas que se dedican a estos temas pueden ir festejando: parece que la pobreza y la mala distribución del ingreso continuarán afectando a una porción significativa de la población.
En tercer lugar, hay cada vez más economistas y centros especializados en la Argentina, como las universidades nacionales de Sarmiento y La Plata, por ejemplo, que se dedican a seguir muy de cerca estos temas.
También ayudó a que se “democratizara” el estudio de esta rama, el hecho de que ahora estén disponibles en la red datos que antes no figuraban, como por caso la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.
Big bang en la economía
Ahora ¿qué es lo que viene para los próximos años? ¿Qué ideas, herramientas y políticas, los economistas proveerán a los políticos en las elecciones de 2019, por ejemplo? La mayoría de los economistas reconoce que la producción teórica recorre un momento de transición, pero no se sabe bien en qué terminará.
Daniel Heymann, que trabaja en la CEPAL, cree no se está frente a “el fin de la historia” ni mucho menos en materia económica. Es de los que piensan que probablemente en el futuro aparezcan novedades. Su argumento es más o menos el siguiente: mientras la economía en todo este tiempo ha sido una disciplina “exportadora” hacia la sociología o las ciencias políticas, en otros campos hubo desarrollos que fueron introducidos en la economía aunque de manera periférica como es el caso de la psicología cognitiva y la neurobiología. “Es posible que esas importaciones tengan un impacto apreciable a la larga”, dice.
Para Fernando Navajas, economista de Fiel, la ciencia está parada frente a “una especie de big bang”, aunque no sabe exactamente qué saldrá de ello. “Pero seguramente se modele de forma diferente el comportamiento humano y las interacciones sociales a los fines de entender mejor los problemas de distribución de los recursos”.
Si esto no sucedió, ensaya Na vajas, es porque esta explosión deberá producirse en otro lado del conocimiento científico. “Cuando aparezca el salto se va a generar mucho ruido. Pero hasta entonces los adelantos van a ser pausados”.
Por otro lado, hay cierta revalorización de la política económica, una rama de la economía en la que las matemáticas no pesan tanto. Tony Lawson, profesor de la Universidad de Cambridge que dirige un seminario de economía “post autista”, dice que “la economía todavía tiene la tarea de encontrar la mejor forma para que la gente satisfaga sus necesidades de subsistir y, en tanto y en cuanto el trabajo sea una necesidad, mejorar su vida”.
Lawson es experto en matemáticas, pero no las utiliza tanto porque conoce sus limitaciones, según explica. Y es uno de los favoritos del argentino Javier González Fraga, que fue su alumno en un seminario.
La opinión de los economistas acerca de si los temas en que se están trabajando aportarán finalmente un resultado positivo al desarrollo de la sociedad, se encuentra dividida.
Para Sturzenegger, en la economía hoy están pasando cosas “fascinantes” y hay mucha “exitación” en la comunidad universitaria. Pero Javier González Fraga en cambio dice estar “desencantado” con la economía actual porque tiene un exceso de fórmulas matemáticas. “Dentro de algunos años vamos a considerar estos 50 años de papers llenos de fórmulas como una etapa muy oscura en la que no se pudo solucionar con respuestas concretas los problemas de la gente. Existe una producción elegante en los grandes journals, pero de poca relevancia”, explicó.
Navajas cree que los economistas hoy realizan esfuerzos enormes que van atrás de preguntas “chiquitas”. “El resultado es una dispersión en donde el debate y la misma comunicación entre economistas se ha reducido”.
Nuevos tiempos
La realidad es que los años de “alta teoría” de la economía ya pasaron y lo que existe ahora es un cambio de agenda en la economía: una especie de diáspora temática, con gente que estudia fenómenos que están en el borde de la disciplina o más allá.
Allá por entre 1925 y 1940, la economía atravesó verdaderas revoluciones, tanto en la microeconomía (competencia imperfecta) como en la macroeconomía (Keynes). Hay quienes se preguntan si la evolución actual se corresponde a un progreso de la economía o a una etapa regresiva.
Hay quienes creen, por ejemplo, que la teoría de expectativas racionales de la Escuela de Chicago terminó siendo un programa regresivo, porque lo único que se consiguió fue hundir más a la economía en la matemática artificial y extraer conclusiones erróneas de política monetaria.
Pero eso es tan difícil de dilucidar como responder si el esquema de Bilardo en México 86 hizo retroceder al fútbol porque a partir de allí se pusieron más jugadores en la mitad de la cancha. ¿Gusta más, gusta menos? Sólo se sabe que es distinto. Aunque Bilardo ganó.
Heymann reconoce que al haber una enorme actividad de investigación económica, “esto aumenta la probabilidad de que haya algún descubrimiento importante en la ciencia”.
La mayoría pronostica que la economía del futuro difícilmente pueda prescindir del uso de complejas operaciones matemáticas. Todo indica que el método económico aplicado a problemas “no económicos” continuará afirmándose de la mano de poderosos softwares. “Se hicieron avances interesantes en economía”, reconoce Andrés López, director de la carrera de Economía de la UBA. “Las conclusiones de los experimentos bien diseñados ayudan”.
En la Argentina, ya hay grupos interdisciplinarios de economistas y psicólogos avanzando con estudios de campo sobre la Felicidad, que se conocerán antes de mitad de año.
La economía de sombría ya no tiene un pelo, pareciera. Pero a no confiarse. En un mundo que crece como nunca y que acumula desequilibrios a cada paso, con mercados volátiles y una producción teórica de vanguardia que aún no madura, no sería extraño que algún día alguien volviera a rebautizarla como alguna vez lo hizo Thomas Carlyle.
- 15 de agosto, 2022
- 29 de enero, 2019
- 31 de enero, 2026
- 23 de junio, 2013
Artículo de blog relacionados
- 22 de noviembre, 2020
Diario Las Americas Mientras más leo los análisis políticos internacionales, más me siento...
20 de agosto, 2016BBC Mundo Una nueva generación de grupos armados y narcotraficantes en Colombia ha...
12 de septiembre, 2010The Wall Street Journal Por primera vez en casi dos años, las familias...
18 de septiembre, 2009













