Revolución socialista con dólares capitalistas
Por Ramón Guerra B.
Correo del Caroní
El presidente Chávez, ungido para inmiscuirse en los asuntos internos de cualquier país del mundo (Dios libre a quien lo haga en el de él), manifestó su abierto respaldo, en el pasado proceso electoral peruano, al candidato Ollanta Humala. No le fue bien, salió con las tablas en la cabeza. El discurso bajo y soez de nuestro presidente refiriéndose al candidato Alan García, catapultó a éste quien, al comienzo de la campaña, no tenía chance alguno. El país cerró filas ante lo que consideró una agresión y hoy Alan García es presidente del Perú, gracias a Chávez.
El asunto no queda aquí. En la diatriba surgida entre nuestro presidente y el candidato peruano, éste último lo retó a que pasara de la palabrería antiimperialista y decidiera dejar de vender petróleo a los EE UU. Ese reto de Alan García prácticamente cerró el debate. El locuaz presidente enmudeció y “tú sabes Alan, negocios son negocios”.
Con la llegada al poder de Fidel Castro en Cuba en 1959, se inicia la salida al exilio de miles de cubanos, quienes no compartían el proyecto castrista. Esta disensión les costó tener que abandonar su país, dejando todo atrás y el calificativo siempre usado por Fidel, ¡Gusanos! Treinta años más tarde, los despreciados gusanos salvaron la revolución. Con la caída en 1989 de la Unión Soviética, sostén económico de Fidel, las remesas en dólares enviadas a sus familiares en la isla por los cubanos exiliados en Miami, constituyeron el 80% de los ingresos en divisa. Sorpresas te da la vida, dice Rubén Blades. Y diez años después, a partir de 1999, los mismos dólares del imperialismo, vía petrodólares en manos de Huguito, reoxigenan la revolución cubana.
Discúlpenme la anterior digresión, pero es que deja al descubierto la doble moral de la revolución socialista por antonomasia en América y no podía pasarlo por alto. Volvamos entonces a la revolución de moda, la bolivariana, ahora también socialista, la cual no escapa al discurso hipócrita, de doble moral, cuando critica al capitalismo salvaje lanzando sus desafíos al imperialismo.
En su reciente gira anti Bush, el mandatario venezolano, al dirigirse a los congregados en un estadio de Buenos Aires (el alquiler costó 600 mil verdes, amén de los buses y pagos por asistencia), aseguraba el corte progresivo del suministro de petróleo a EE UU. Tremenda cova. Si en algún momento el destino económico -y todo lo que ello implica- de Venezuela ha estado unido a eso que llama imperialismo yanqui, es ahora. La gran fuente de divisas de nuestra economía está en el país gobernado por el oloroso a azufre. Según el presidente, todo allá es malo, menos los dólares. Los altos precios del petróleo pusieron en manos del presidente Chávez, un torrente inimaginado de petrodólares que garantiza la existencia a la gestión gubernamental más disparatada de las sufridas por nuestro país y le permite, incluso, exportar su revolución.
Un venezolano excepcional, Arturo Uslar Pietri, advirtió hace 70 años, la necesidad de sembrar el petróleo. Llevamos la misma cantidad de años sin escucharlo. El actual presidente recuerda esas sabias palabras, pero sembrando el petróleo venezolano en Cuba, Argentina, Bolivia, etc. Ojalá que EE UU no decida, de la noche a la mañana, dejar de comparar nuestro petróleo, ese día, como también advirtió el Dr. Uslar, habrá que llamar a la Cruz Roja Internacional para que traiga comida a esta zona de desastre.
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