Una reflexión más sobre la pobreza en Venezuela
Por Zenair Brito Caballero
Correo del Caroní
Prolongando mis reflexiones sobre el discurso de la pobreza en Venezuela, he venido observando, que se extiende y se hace cada vez más común que los sufridos venezolanos y venezolanas nos veamos bombardeados por insistentes mensajes televisivos y radiales, donde se nos devela la manera como el país ha logrado nuevos estadios, logros, triunfos, éxitos, ganancias y beneficios en el avance hacia “el mar de la felicidad y el progreso”.
Los presidentes de la llamada IV República se agasajaron con el pretendido ingreso al “primer mundo”, el “bienestar para tu familia” y en definitiva la caída permanente de los niveles de pobreza y marginación. Pareciera ser, que la tierra prometida siempre está al alcance de los pobres, pero que algo siempre falla en el último momento, pues la actual administración se encarga de evidenciar las falacias de la anterior: el populismo, la demagogia, la manipulación de las emociones, la irresponsabilidad en el gasto, la deuda incontrolable, la corrupción, la “economía ficción”, y demás excusas unas más, otras menos verdaderas. Es decir, que los presidentes venezolanos nos han enseñado a no creer en las bienaventuranzas cantadas por los agoreros salientes, y mejor reservar nuestro ánimo para posibles desengaños, en ocasiones dramáticas. Tanto así, que las diversas crisis de los últimos 25 años del siglo XX ocasionaron la caída a la pobreza de decenas de miles de venezolanos y venezolanas, hasta acumular un inconcebible 54% del total de la población en esa condición en el año 2000.
El arribo de Chávez al poder ejecutivo en su primer gobierno, hizo albergar las esperanzas a los millones de pobres, que las cosas pudieran cambiar. Hugo Chávez comenzó su responsabilidad sobre buenas bases macroeconómicas, pero no tuvo el buen tino de no malbaratar la experiencia acumulada por una clase político-financiera que se había profesionalizado mucho, pero que podría tener dificultad en colaborar con el nuevo gobierno en beneficio de la economía nacional. La autonomía del Banco Central de Venezuela, con el Dr. Felipe Maza Zavala a la cabeza, aseguraba la estabilidad de precios y la convertibilidad libre del bolívar.
En la presentación del reporte del Banco Mundial “Generación de ingresos y protección social para los pobres”, quedó en evidencia que en la reducción de los indicadores de pobreza no han jugado un papel de enorme trascendencia esos factores macroestructurales, como era de esperarse. Además los programas oficiales de desarrollo social a través de las llamadas misiones populistas y de adoctrinamiento ideológico, si quizás han tenido algún efecto positivo “para reelegir al caudillo”, como lo aseguran los personeros gubernamentales, todavía están limitados a la superficie asistencialista de la que no se ha podido librar el gobierno revolucionario.
La prueba más clara la da el hecho que la pobreza en las ciudades venezolanas, prácticamente no ha cambiado en estos 8 años de populismo socialista del siglo XXI. Los programas sociales y las misiones no actúan con mayor efectividad en los entornos urbanos, ni la pobreza disminuye en el campo. Por esto, es necesario considerar que la tradición del triunfalismo acrítico del gobierno cree no terminar ni siquiera con un gobierno de alternancia en el futuro, que pareciera enfrentar con horror las evidencias de su intrascendencia histórica, con relación a las esperanzas que ha despertado en un alto porcentaje de venezolanos y venezolanas, el nefasto gobierno del Teniente Coronel.
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