El Frente Revolucionario Democrático y Playa Girón
Por José Ignacio Rasco
Diario Las Americas
La historia del proceso político que culminó en el desastre de Playa Girón a veces semeja una novela surrealista que puede superar la imaginación más fecunda y extravagante, donde la lógica y el sentido común parecen haber estado ausente de todo aquel proyecto que culminó con un ridículo desastroso. Y lo peor es que hubiera podido resultar un plan exitoso si el sentido común y la lógica más elemental hubieran primado.
Lo único que no puede ponerse en duda fue el valor y el arrojo de los luchadores cubanos y algunos americanos que, con un afán de liberar a Cuba del despotismo castrista, expusieron sus vidas y sacrificaron, carreras y familias en una entrega total a la causa de la liberación. Los miembros de la Brigada 2506 y los héroes conocidos o anónimos que pelearon en esta noble causa democrática en tantos frentes diversos, merecen el reconocimiento y homenaje en la nueva Cuba que algún día renacerá de sus cenizas.
Tuve la suerte de haber formado parte del Frente Revolucionario Cubano (FRD) que se constituyó a fin de organizar la lucha por la reconquista democrática de nuestra patria. Con Tony Varona, Aureliano Sánchez Arango y Justo Carrillo –representativos de la generación del 30– y con Manuel Artime y el que esto escribe, (único superviviente hoy de aquella pentarquía) grupo de partidos o equipos que no tenían contaminaciones fidelistas o batistianas.
Los cinco fundadores del Frente aspirábamos a aliarnos con los Estados Unidos para luchar contra el castrismo. Algo así como lo que había hecho De Gaulle con los aliados en la lucha contra los nazis.
El “test” para obtener el ingreso en el FRD era contar con una organización en Cuba que ya se había pronunciado abiertamente contra el régimen y demostrara poseer afiliados en todas las provincias. En aquella ocasión nuestro MDC, Movimiento Demócrata Cristiano, pudo ya dar nombres de personas o grupos en más del 85% de los municipios cubanos.
Antes de salir de Cuba los cinco integrantes nos habíamos reunido varias veces con la idea de crear una junta revolucionaria para pactar un acuerdo de ayuda a nuestra causa, en un “Pacto de Caballeros” con el gobierno norteamericano, representado por la CIA, con el compromiso de repagar cualquier tipo de ayuda que los norteamericanos prestaran a la causa.
Así se comenzó a trabajar por este noble empeño liberador dentro y fuera de Cuba. Dentro de Cuba se designó a Enrique Ros, Vice-presidente del MDC y exitoso Coordinador del Frente, pero pronto tuvo que exiliarse. Inicialmente una mística de pelea existió en todas las organizaciones. Se oficializó el FRD en México y por toda la América y Europa pronto se dio a conocer el esfuerzo cubano frente a la tiranía. No era fácil esta tarea pública, dado que todavía subsistía una imagen de simpatía hacia Fidel Castro y el Che Guevara especialmente en América Latina. Por otra parte, había figuras cubanas muy prestigiosas que colaboraban con el régimen y no veían todavía lazos marxistoides de Castro con la Unión Soviética. No era fácil deshacer tantos entuertos.
Por otra parte, los cubanos no somos muy solidarios para trabajar en grupo cohesionadamente. Y los norteamericanos se sorprendieron con nuestra actitud de colaboración, pero de mutuo respeto. Ni teníamos voto de obediencia con los gringos que creían podían manejarnos a su capricho. No eramos “yes man”. Por luchar contra el imperialismo comunista tampoco íbamos a someternos a los designios de Washington. Los más jóvenes del grupo fuimos acaso más rebeldes que los mayores aunque tampoco éstos aceptaban imposiciones. En más de una ocasión tuve que recordarles a los “gringos” que la Enmienda Platt había sido derogada…
Para complicar más el cuadro se fue imponiendo la tesis de “la revolución traicionada” que mantenían, con todo derecho, los que habían demorado más en alejarse de la revolución y empezaron a llegar a Miami, con legítimas aspiraciones a coparticipar en la lucha contra Castro y gozaban de la mejor simpatía del Departamento de Estado.
Por otra parte en el frente político norteamericano el baile de siglas institucionales, la multiplicidad de agentes de Washington (los Jimnys) que merodeaban por Miami, fomentando legítimas ambiciones de cubanos con afanes conspirativos era bien estimulada por los de habla inglesa. Nuestro jefe militar cubano Martín Elena tuvo que renunciar. El control yanqui creció. A algunos se nos prohibió inscribirnos en el ejército o visitar los campamentos. Los planes para el desembarco variaban de lugar y fecha. Las estrategias y tácticas cambiaban con las horas del día. Sin mucho consejo se fue del Frente al Consejo Revolucionario Cubano, la nueva agrupación que representaría a casi toda la cubanidad anticastrista, Aureliano se había ido antes del FRD. Tony Varona luego de elegido Coordinador pasa el poder al Dr. José Miró Cardona, presidente del flamante Consejo y el Frente se fundió con el nuevo organismo rápidamente creado.
Este es un simple recuento periodístico con ocasión de un aniversario más de Playa Girón. Todo lo que digo es cierto, aunque a saltos y con urgencia de tiempo. Y me queda mucho por decir, y ya en otras ocasiones he precisado más algunos puntos que considero necesario recordar.
Mientras más investigo y recuerdo, lamento que todo aquello fue un fracaso que consolidó a Castro y puso en tela de juicio la supuesta eficiencia y claridad estadounidense. Al releer el Informe del Inspector General de la CIA sobre Bahía de Cochinos me convenzo más que si no supieron entendernos a los cubanos entonces ahora tampoco, pues dicho informe está lleno de inexactitudes y de apreciaciones muy distantes de la realidad. El mito de la eficiencia y capacidad norteamericanas se hace añico al conocer el modo como se frustó aquella aventura que hubiera podido liberar a Cuba entonces. El precio pagado ha sido muy caro tanto para los cubanos como para los propios Estados Unidos.
Claro que tampoco con estas afirmaciones quiero desconocer otras responsabiliadades de muchos cubanos. Pero ese es otro tema para otro día.
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