Estados Unidos: virulencia antiinmigratoria
Por Alfredo Toro Hardy
El Universal
En primer lugar están las encuestas. Según The Economist, 3 de diciembre, 2005, una encuesta de CBS mostraba que 75% de los norteamericanos y 87% de los republicanos, opinaban que debía mantenerse fuera de sus fronteras a los inmigrantes ilegales. Pew Research Center, del 30 de marzo, 2006, señalaba que 53% de los norteamericanos consideraba que las personas que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos debían ser forzados a salir del país, 76% decía que debía negárseles acceso a trabajos y 67% a los servicios sociales.
En segundo lugar está la actitud prevaleciente en el Congreso con particular referencia a la Cámara de Representantes y, dentro de ella, a la fracción republicana, que en un 80% es contraria a la inmigración. Prueba de ello fue la Ley aprobada por la Cámara de Representantes en diciembre de 2005, que establecía la construcción de una muralla de 1.125 kilómetros en la frontera con México y que clasificaba a la inmigración ilegal como un crimen y no ya como una ofensa civil.
Lo curioso es que el Congreso estadounidense tampoco quiere a los inmigrantes calificados. En 2003 redujo el número de visas tipo H1B (visas temporales para profesionales altamente calificados) de 200 mil a 65 mil al año. Como resultado de ello las empresas de alta tecnología, las facultades de ciencia y Wall Street, se han visto confrontados a significativas limitaciones de personal.
The Economist, 24 de marzo, 2007, señalaba: “Estudiantes de postgrado y trabajadores del sector de la alta tecnología cuentan las mismas historias de pesadilla, de meses enteros de espera para tramitar la presentación de algún documento. Mientras tanto las compañías de alta tecnología se quejan de manera reiterada por no poder obtener visas de entrada para los mejores cerebros del mundo”.
En tercer lugar, en el ámbito académico, periodístico e intelectual, una fuerte corriente de pensamiento se ha dedicado a satanizar a los inmigrantes, presentándolos como factores de decadencia, alto costo económico, pérdida de identidad y amenaza a la seguridad nacional. Samuel Hungtinton y George Borja de Harvard, el reconocido periodista Peter Bimelow y el ex precandidadato presidencial Pat Buchanam, sobresalen dentro de esta línea. Ellos recuerdan la virulencia xenofóbica que caracterizaron a las cruzadas contra la inmigración, los judíos y los católicos, en la segunda mitad del siglo XIX.
Lo anterior va a contracorriente de las necesidades económicas de ese país. Según Philippe Legrain, 28,3% de los trabajos disponibles en EEUU se corresponden a labores que “la mayoría de los trabajadores no calificados nacidos en EEUU no ocuparían de ninguna manera” (Inmigrants, London, 2006). En cuanto a la inmigración calificada, Anna Lee Saxenian de la Universidad de Berkeley, señalaba que para comienzos del 2000, ingenieros chinos e indios dirigían el 29% del negocio tecnológico en Silicon Valley, representando ventas por 19,5 millardos de dólares y empleando a 73 mil personas (Brookings Review, diciembre, 2002).
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