La industria de los bebés adoptados
Por Guillermo I. Martínez
Diario Las Americas
Ciudad de Guatemala, Guatemala.- Desde hace mucho tiempo conocida principalmente por sus ruinas Mayas y sus edificaciones coloniales, Guatemala se ha convertido ahora en un paraíso para aquellas parejas que buscan adoptar un bebé saludable de “conocido origen”.
Las imágenes son, al mismo tiempo, muy bellas y muy crudas. Son increíblemente obvias en los vestíbulos y en los restaurantes de los grandes hoteles afiliados a las grandes cadenas americanas. Es en estos lugares donde los padres adoptivos se sienten más cómodos. Y es ahí, también, donde se efectúa el traspaso de criaturas y en donde los infantes empiezan a acostumbrarse a su nueva familia.
A la hora del desayuno es perfectamente normal ver entre 20 y 30 parejas, la mayoría norteamericanas, con un bebé de tez obscura y rasgos faciales indígenas. Los niños parecen estar bien cuidados, lucen saludables y mimados por sus nuevos padres. Aquellos que adoptan pueden ser parejas que ya remontaron la edad para convertirse en padres por medios naturales, homosexuales y aún personas solteras. La única restricción impuesta por las leyes guatemaltecas es que la edad límite es que las parejas tengan menos de 55 años.
Por unos honorarios que pueden llegar a los 40,000 dólares usted puede adoptar un bebé saludable en Guatemala. Al menos 160 agencias anuncian servicios y prometen que en menos de 9 meses pueden conseguir un infante. Se garantiza que los bebés han sido sometidos a exámenes médicos y están libres del virus VIH, hepatitis B o alguna otra enfermedad. Estos son bebés sanos para parejas con recursos económicos.
Las mujeres guatemaltecas se ofrecen para ser madres por encargo, a cambio de 5,000 Quetzales (alrededor de 700 dólares). Complementariamente, ellas reciben alimentación y cuidado médico durante el proceso de gestación. Algunas, han prestado sus servicios más de una vez.
Si los bebés encuentran un buen hogar, tanto mejor. Además, es muy buen negocio para las agencias y los abogados que se encargan de los trámites.
Un reportaje publicado en el 2006 en el periódico “Prensa Libre” de Guatemala afirmó que estos son “bebés hechos por pedido”. Revelaba que, en un promedio per cápita, Guatemala exporta más bebés adoptados que ningún otro país en el mundo. Según la misma publicación, entre 1997 y el 2006, madres guatemaltecas habían dado 23,474 niños para ser adoptados. De éstos, el 90 por ciento fueron a parar a Estados Unidos.
La industria de la adopción le representa a Guatemala ingresos por 150 millones de dólares al año. Pero este comentario no es acerca de números, dólares o centavos. Es acerca de niños, padres adoptivos que los quieren y madres que están tan desesperadas que se alquilan para dar a luz a criaturas que serán criadas por otros.
Durante la mañana, a la hora del desayuno, los nuevos padres de familia juegan con sus bebés vestidos con ropas nuevas, disfrutando de relucientes andadores. La mayoría de los infantes que yo vi eran de menos de un año. Pocos lloraban.
Uno puede notar el amor y la ternura en los rostros de los nuevos padres que ven cristalizados sus sueños. Uno puede ver la alegría que los embarga pensando en que podrán llevarse a sus nuevos hijos a Estados Unidos.
Sin embargo, una tarde, la escena en el vestíbulo del hotel fue diferente.
Dos mujeres rubias-una llorando de alegría-estaban recibiendo a un bebé. Estaba entregando a la criatura su verdadera madre acompañada de otros pequeños. De repente, el bebito empezó a llorar y una hermanita mayor lo cargó para consolarlo. Superado el llanto, el niñito fue entregado nuevamente a su nueva madre.
Las imágenes yuxtapuestas de las muchas parejas contentas y lo que atestigüé aquella tarde al ver al bebé llorando me hicieron pensar.
Sí, entiendo que estos niños tendrán una mejor vida en Estados Unidos o en Europa. Cualquiera que puede permitirse el lujo de pagar 40 mil dólares por adoptar a un bebé saludable es capaz de proporcionarle un futuro económico más seguro que una madre india que acepta 700 dólares para convertirse en madre por encargo.
También se entiende, como me explicó un periodista guatemalteco, que los padres adoptivos prometen mantener informadas del desarrollo de sus hijos a las madres biológicas. Llegan también a prometer que traerán a los bebés de regreso a Guatemala, para que visiten a sus familias, tantas veces como sea posible. Pero: ¿qué puede garantizar tal cosa? ¿Será bueno para la criatura o para la madre?
No lo sé. Comprendo que los niños del tercer y cuarto mundo tienen un futuro miserable. Pero, un negocio o una industria que ofrece “bebés a la carta” me deja con emociones encontradas y con más preguntas que respuestas.
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