Argentina: Estancamiento en el sector industrial
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
Quien se llena la boca hablando del “crecimiento argentino”, y más si insiste con el crecimiento “a tasas chinas”, particularmente en el caso de la industria manufacturera, está pasando rápidamente del plano de lo discutible al del ridículo, y confunden a quienes, notando que en sus mostradores no se verifica tal crecimiento, diagnostican de manera equivocada por qué les ocurre lo que les ocurre.
Tanto las estimaciones públicas como las privadas indican que en la industria manufacturera el nivel de actividad se estancó, y no un mes sino un semestre (siempre hay que prestarle atención al último dato, pero no “hacer una teoría” de la última observación. Pero como digo, aquí no se trata simplemente del último dato).
En efecto, el Estimador Mensual Industrial (EMI) que calcula el INDEC aumentó 0,2%, desestacionalizado, comparando marzo contra febrero de 2007, y subió apenas 0,3% comparando el primer trimestre de 2007 contra el cuarto trimestre de 2006, ambos desestacionalizados; en tanto que el Indicador de Producción Industrial (IPI) que calcula FIEL también aumentó 0,2%, desestacionalizado, comparando marzo contra febrero de 2007, y cayó 0,8% comparando el primer trimestre de 2007 contra el cuarto trimestre de 2006, ambos desestacionalizados.
Luego de 2 meses de estancamiento, febrero contra enero de 2007 el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que calcula el INDEC aumentó 0,6%, planteándose la duda porque el aumento del sector construcción difiere notablemente del que surge del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), que también elabora el INDEC.
Si la industria está estancada, si la construcción dejó de crecer de manera vertiginosa; ¿qué puede sostener el crecimiento “a tasas chinas”?
Cualquier serie estadística referida a producción y ventas reales tiene forma de “V”, cuando muestra su evolución desde, digamos, 1998. Porque a partir de 1999 comenzó a caer, primero lentamente, luego de manera vigorosa, y a partir de 2002-2003 comenzó a reactivarse, también de manera vigorosa.
Lucio Reca acuñó una frase feliz. Según él, “la Argentina no es un país cíclico sino ciclónico”. Aquí el PBI cuando sube, sube 9%; pero cuando cae, también cae 9%.
La lectura profesional de la “V” es entonces la de un fuerte ciclo, con gran caída primero y fortísima recuperación después. Luego de la recuperación puede venir la morigeración (con tasas de crecimiento bien inferiores a las de la recuperación), el estancamiento o una nueva recesion. Será para lamentarlo, pero no es para suicidarse.
La lectura politizada le presta atención exclusivamente a la porción derecha de la “V”, interpreta que el crecimiento del PBI verificado a partir de 2003 no tiene que ver con la recuperación que siguió a la fuerte caída, sino que se trata de un “nuevo modelo de país”, del “triunfo de la heterodoxia”, y de la superación del “Consenso de Washington” por parte del “Consenso de Buenos Aires”.
La lectura profesional toma el ciclo como viene, ayuda a entender por qué en muchos mostradores el nivel de venta crece en términos nominales, por la inflación, pero no en número de unidades, y se prepara para la nueva fase, donde las consideraciones microeconómicas volverán a tener importancia. En una misma ciudad, en un mismo período, no a todos los pizzeros les va igual, pero esto no se puede explicar por la bolsa de Shangai o la tasa de descuento del Banco de Inglaterra, sino por cómo atiende cada pizzero.
La lectura politizada, basada en la creencia que el Gobierno descubrió cómo crecer permanentemente “a tasas chinas”, puede llegar a diagnosticar el estancamiento industrial y el mucho menor crecimiento de la construcción, porque la política fiscal es poco expansiva y porque el Banco Central está absorbiendo demasiada liquidez emitiendo Letras, con lo cual apretará todavía más el acelerador.
Por eso es muy importante prestarle atención a ambas realidades. La lectura profesional indica cómo funciona la realidad, mientras que la lectura politizada puede indicar los pasos futuros en materia de política económica. Y de ambas realidades debe alimentarse la toma de decisiones individual.
Que la industria manufacturera haya dejado de crecer no quiere decir que no tenga un buen nivel de actividad. Esto no solamente los saben los dueños de las empresas, sino también los asalariados y los dirigentes sindicales.
En 2002, los asalariados aceptaban recibir en pesos lo que hasta 2001 recibían en pesos-dólares, bancándose sin chistar el aumento de precios. Los dirigentes sindicales miraban para otro lado, y los empresarios rezaban para que les hicieran una huelga, porque así no tenían que acumular la producción por falta de ventas, aumentando los inventarios involuntarios.
En 2007 ocurre exactamente lo contrario. Buena parte de los asalariados sabe que si por alguna razón pierden el trabajo, tienen buenas chances de conseguir otro; muchos están moviéndose de una ocupación a otra, obligando a los empleadores a aumentar remuneraciones para retenerlos y los dirigentes sindicales saben que una medida de fuerza hoy a los empresarios les duele, porque la producción que no se realiza tenía su entrega comprometida.
En estas condiciones, nadie cree que en serio en 6 gremios los salarios aumentaron 16,5%. Cuando digo “en serio” aludo a lo que el asalariado sentirá en su bolsillo, y el empresario en su contabilidad y en su caja.
No se entiende bien por qué en la Argentina se insiste en que “nada sea como se lo quiere hacer parecer”. Los salarios nominales aumentan bastante más de 16,5% (los reales veremos), los precios a los cuales se consiguen los bienes están aumentando bien por encima de lo que le hacen decir al INDEC (que las estaciones de servicio cobren “servicio de playa” es la última paquetería), la industria dejó de crecer y el PBI total del país tiene que estar creciendo mucho menos que el de China, etc. No se entiende, pero es así.
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