Cuidado con los asaltantes virtuales
Por Stephen J. Dubner y Steven D. Levitt
Portafolio
Los ladrones de la red compran y venden información, que otros usan para beneficiarse, como en el caso de las compras con tarjetas de crédito.
Steven Peisner estaba tecleando con entusiasmo en su computador, recorriendo un chat room en el cual ladrones de identidad compran y venden nombres, direcciones, números de la Seguridad Social y números de identificación personal, o PIN (siglas en inglés de personal identificación number, en Estados Unidos).
Algunos de esos seres son estadounidenses, pero otros son de Rusia, la India, Filipinas, Nigeria, Vietnam, Irán cualquier lugar, en realidad, donde hombres jóvenes y computadoras cohabitan.
¿Cómo funciona este mercado? Si un estafador acaba de piratear la base de datos de un hospital y se va con 10.000 informes ‘completos’ (un conjunto de información personal que llega hasta el apellido de soltera de su madre), él pondrá en el correo eléctrónico el precio que pide (típicamente de 10 a 30 dólares por un ‘completo’, dependiendo de su actualidad), además de una muestra de los datos para probar su legitimidad.
Los estafadores también ponen en el correo preguntas específicas. “Aquí hay una, dice Peisner, leyendo en su pantalla: “Se necesita una confirmación femenina en WU. Su parte: 40 por ciento”. Esto significa que necesitan que alguien vaya a la oficina de Western Union en alguna cafetería en Rumania para recoger el dinero -porque Vlad puede hacer un montón de cosas, pero él no puede ser Amy Weiss de Manhattan Beach, California”.
Actualmente hay tantas variedades de robo de identidad como hay variedades de, digamos, hongos. Y hay la misma cantidad de ideas erróneas sobre el alcance del problema, los incentivos para frenar ese comercio ilegal, y cómo lidiar con los gastos.
SIN POLICÍAS ELECTRÓNICOS
Para comenzar, hay indicaciones de que el robo de identidad se ha debilitado. Un estudio hecho por Javelin Strategy and Research sostiene que 8,4 millones de adultos de Estados Unidos sufrieron alguna forma de fraude con la identidad en el 2006. La cifra fue de 10,1 millones en el 2002. Hay que tener en cuenta que el estudio de Javelin fue pagado en parte por tres instituciones de servicios financieros, que ciertamente tienen un incentivo para aliviar los miedos de los clientes.
Pero la Federal Trade Commission también informa de una disminución, como también lo hace el Departamento de Policía del Condado de Los Angeles, que maneja una de las fuerzas de tarea sobre robo de identidad más agresivas del país.
Aún así, para quienes están inclinados a eso, el robo de identidad continúa siendo un crimen muy atrayente.
La mayoría de los departamentos de policía no tienen el personal o el knowhow para perseguir a los perpetradores. El FBI, mientras tanto, generalmente no se involucra a menos que el fraude alcance los 100.000 dólares.
Lo cual conduce a una pregunta obvia: si quienes hacen cumplir la ley no se preocupan por el robo de identidad, ¿quién lo hace?
La respuesta también parecería obvia: usted, la víctima potencial. Pero según los datos de Javelin, la gente probablemente se preocupa demasiado sobre el robo de identidad. Setenta y tres por ciento de las víctimas no incurren en ningún gasto de su bolsillo sea el que fuere; la desafortunada minoría pierde, en promedio, 2.000 dólares, mucho menos de lo que nos harían creer las historias de terror. Y en más de la mitad de los casos de robo de identidad, el ladrón es un pariente, un amigo, o un compañero de trabajo.
Así que mientras usted estaba siendo asustado para que no vuelva a usar una tarjeta de crédito, la mayor parte del costo del robo de identidad estaba en realidad siendo pagado por algún otro.
¿QUIEN PAGA?
Entonces ¿son los bancos y las empresas de tarjetas de créditos aquellos desesperados para frenar el problema? El sargento Robert Berardi, que dirige la fuerza de tareas para descubrir el robo de datos de identidad en el departamento de policía de Los Angeles, ha encontrado algo diferente. “Los bancos tienen un conflicto entre la seguridad y el obtener ganancias”, dice. El robo de identidad, añade, es visto simplemente como parte del costo de hacer negocios.
Entonces si los bancos, el consumidor y la policía no están muy interesados en frenar el robo de identidad, ¿quién lo está? El comerciante.
Eso es lo que Peisner, un veterano del negocio de tarjetas de créditos de 44 años de edad, ha descubierto. “Digamos que uno de estos piratas toma la información que encuentra en un chat room, dice. El va al sitio de internet de Sony, compra una computadora portátil por 1.000 dólares, y un mes más tarde el verdadero propietario de la tarjeta de crédito recibe la cuenta mensual. Él llama a su banco y dice: “Yo no ordené una computadora de Sony”. En ese momento, el emisor de la tarjeta de crédito, supongamos Citibank, envía un chargeback, una devolución de dinero, a través del sistema de intercambio al banco. Esos 1.000 dólares se los quitan a la cuenta bancaria de Sony, y a ellos también les cobran una tarifa por chargeback de 25 dólares.
Por lo tanto, el comerciante ha perdido el dinero de la venta (como también la computadora portátil) y debe pagar la tarifa por chargeback, otras tarifas del banco y los costos de procesamiento y envío. “Si usted es un comerciante, dice Peisner , tiene que cargar con todo eso”.
Y, en consecuencia, cuenta con el incentivo para detener el crimen.
Stephen J. Dubner y Steven D. Levitt son los autores del libro ‘Freakonomics: A Rogue Economist Explores the Hidden Side of Everything’.
- 18 de mayo, 2012
- 6 de junio, 2011
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- 15 de agosto, 2022
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