Las costumbres en el Ecuador
Por Franklin López Buenaño
El Comercio, Quito
Este es el título del libro de Osvaldo Hurtado Larrea, que debiera ser lectura obligada en colegios y universidades. La tesis del libro no es nueva: los valores culturales, las actitudes y costumbres de la gente no solo son un factor importante para el desarrollo sino talvez la mejor explicación del desempeño económico de un país. Aunque parezca una perogrullada, el nivel de desarrollo depende de las condiciones iniciales e históricas, de lo que se ha venido a llamar ‘el camino andado’. Pero lo importante es que el pasado aunque no ‘determina’ el futuro no se puede negar su influencia y la imperiosa necesidad de cambiar para no ‘estar condenados a repetirlo’.
En este libro, Hurtado nos brinda un relato del pasado y cuasi presente de los ecuatorianos. Como se lo va leyendo uno va asintiendo la cabeza, diciendo, es verdad, es verdad, así fuimos, así somos… Quedan claras y evidentes las causas de nuestro pobre desempeño económico: desdén y desinterés por el trabajo, paternalismo, cortoplacismo, falta de una cultura de respeto a los derechos a la propiedad privada, desconfianza, impuntualidad, indisciplina y dejadez, incumplimiento de contratos, inobservancia de la Ley y de las normas, desdeño de la educación. Hurtado nos describe cómo siglo tras siglo estas costumbres son un lastre para el despegue económico. No escatima crítica, nadie se salva de sus observaciones, a excepción de la Compañía de Jesús: políticos, empresarios, hacendados, religiosos, burócratas, maestros, estudiantes, desde los más ricos a los más pobres, practican costumbres que empobrecen a todos.
Lamentablemente, muchos de los estudios históricos del desarrollo del Ecuador han atribuido el atraso al aislamiento de la República hasta inicios del siglo XX, a catástrofes climáticas, terremotos y otros factores naturales como la geografía andina, el clima inhóspito de la Costa o el Oriente, inclusive factores externos como la ‘dependencia de los países del centro’. Factores que no se pueden descartar; pero Hurtado hace hincapié en la cultura -el conjunto de valores, actitudes, costumbres, sentimientos, creencias, ideales y comportamientos que determinan la conducta de los individuos en su vida cotidiana- como la razón fundamental para el desempeño colectivo. Pero el estudio del pasado y de las tristes consecuencias de una cultura no apta para el desarrollo no debe ser motivo para el pesimismo, resignación o desidia.
Hurtado concreta sus recomendaciones anotando el éxito de Cuenca , de otavaleños y de los emprendedores árabes y judíos que se afincaron en el Ecuador. Cuando estamos en un proceso de cambio, es importante anotar lo que hay que ‘cambiar’. Y esta es la contribución más importante. Porque nos vamos dando cuenta que no vamos a tener un nuevo país simplemente con una nueva Constitución o si continuamos echando la culpa a los factores exógenos, como ‘el consenso de Washington’ o un fantasmagórico neoliberalismo.
El autor es profesor de la USFQ
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