Comenzó la sangría de funcionarios de la administración Bush
Por Hugo Alconada Mon
La Nación
WASHINGTON.- Por lo menos seis meses antes de lo que indica la tradición de esta capital, funcionarios clave de primera y segunda línea de la administración Bush han comenzado a dar las hurras. Se marchan al sector privado o, más drástico, al ostracismo, lo cual ha afectado seriamente al equipo de seguridad nacional de Estados Unidos.
La ola prematura de retiros, cuando faltan 20 meses para que George W. Bush se marche de la Casa Blanca, se combinó además con otra de las tradiciones más antiguas en todo el mundo: cuando algo anda mal, échale la culpa a otro. Y si se trata de Irak, más todavía.
Unos 20 altos funcionarios presentaron su renuncia o fueron forzados a firmarla, desde fines de 2006, según un repaso por las filas del Consejo de Seguridad Nacional, el Pentágono, el Departamento de Estado y la comunidad de inteligencia. Entre los últimos en juntar sus cosas aparecen dos consejeros adjuntos de seguridad nacional, J. D. Crouch y Meghan O Sullivan, especializada en Irak, y los dos puntales de referencia dentro del Consejo para las Coreas, Victor Cha, y Rusia, Tom Graham.
Sin contar al vituperado ex jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, también cerraron su capítulo público, al menos en este gobierno, su jefe de Inteligencia, Stephan Cambone; el segundo para Asuntos de Seguridad Internacional, Peter Rodman, y el coordinador de Políticas de Defensa para Asia, Richard Lawless.
El Departamento de Estado no se queda atrás. A su polémico halcón y embajador ante las Naciones Unidas, John Bolton, se sumaron en la calle el consejero de Condoleezza Rice para Irak y Afganistán, Philip Zelikow, además del subsecretario para Asuntos Políticos y Militares, John Hillen, y su coordinador para contraterrorismo, Henry Crumpton. Algunos, como Bolton y el subsecretario para Control de Armas y Seguridad Internacional, Robert Joseph, se fueron criticando la debilidad ante Corea del Norte.
Sus partidas responden a múltiples factores. Al agotamiento que genera la función pública se suma que, esta vez, y a diferencia de lo que ocurrió en el ocaso de los mandatos de Ronald Reagan y Bill Clinton, no se postulará el vicepresidente Dick Cheney.
Un alto funcionario contó a LA NACION otro factor, a menudo silenciado. “Unos cuantos pasan a trabajar como lobbistas y facturan su acceso a los despachos que hasta hace poco recorrían como funcionarios. Cobran por sus contactos”, explicó.
La emigración es habitual a medida que se agota una presidencia, pero en este caso “es en un número alto”, dijo el profesor de Servicio Público de la Universidad de Nueva York, Paul Light. “Es demasiado pronto para este tipo de éxodo masivo”, estimó.
También la debilidad de Bush acelera el goteo, cuando por lo menos 6 de cada 10 estadounidenses consideran que Irak es una causa perdida, según la última encuesta de Ipsos. La ocupación de Irak resulta hoy radiactiva en Estados Unidos. Y eso alienta el “juego de las culpas”.
Acusaciones cruzadas
Otro ex funcionario, el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) George Tenet, es el último en sumarse al cruce de acusaciones y la expiación de los pecados propios con su libro En el centro de la tormenta: mis años en la CIA , por el que cobró US$ 4 millones.
El juego comenzó hace tres años, cuando el general Tommy Franks acusó a Douglas Feith, ex número tres del Pentágono y responsable de la información sobre las supuestas armas de destrucción masiva en Irak, de ser el “tipo más estúpido sobre la faz de la Tierra”.
Ya el año pasado, el neoconservador Kenneth Adelman, el mismo que antes había dicho que la invasión de Irak sería “un paseo”, acusó a Tenet, Franks y el ex administrador civil norteamericano en Bagdad, Paul Bremer, de ser “tres de las personas más incompetentes” que hubiera visto.
Otro neocon , Richard Perle, conocido como “el Príncipe de la Oscuridad”, apuntó más alto. Dijo que Bush y su equipo habían cometido “errores gigantescos”, mientras que una de las figuras preferidas del prólogo de la invasión, Ahmad Chalabi, dijo: “El verdadero culpable de todo esto es Wolfowitz”, por el ex número dos del Pentágono y actual presidente del Banco Mundial.
Todos, además, le echan la culpa a Rumsfeld. Y no pocos también le apuntan a Rice, que como consejera de Seguridad Nacional dijo en 2002 que había que evitar que un ataque inminente de Irak contra el mundo tuviera “forma de hongo” atómico.
Pero son más los que señalan a Cheney, que reforzó su ya célebre bajo perfil. Pero Rice contraatacó ante los últimos golpes de Tenet. El domingo aclaró que por inminente no había querido decir “golpear mañana”. Y, en la senda de Tenet, prometió que contará su versión en otro -su propio- libro.
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