Raíces de libertad
Por David Samaniego Torres
El Universo
La complejidad intrínseca del ser humano se explica por un amasijo de concepciones y voliciones que desde temprana edad van estructurando el descubrimiento de su individualidad. El cómo y el porqué de nuestra aparición en el universo es punto de partida para decisiones vitales; no ingresamos al reino de los vivos por voluntad propia ni supimos el porqué ni el para qué éramos convidados a la mesa de la vida. Simplemente nacimos y luego se inició un proceso de domesticación afectuosa que un buen día nos hiciese entender que fuimos seres deseados y amados aun antes de ser concebidos. Pero esta historia, inconscientemente, es la que todo humano no la quiere reeditar, pues afanosamente buscamos ser dueños de nuestros actos, gobernar nuestras vidas, trascender en el espacio y el tiempo que nos toque desempeñarnos.
Los años de formación del ser humano exceden en mucho a la preparación para la vida del resto de los seres vivientes; durante doce o quince años aprendemos a entender nuestro complejo mundo psíquico, a conocernos y a entrenar nuestra voluntad para que el cuerpo pueda estar al servicio del espíritu, para quienes un día aceptamos que somos cuerpo y alma. Los largos años de formación, que en ocasiones duran toda una vida, van de la mano con el deseo intrínseco de saberse libres y de gradualmente obtener una maestría en el uso de todas la libertades inherentes a la realización de la persona humana; este ejercicio paulatino de una libertad cada día más amplia convierte la potencialidad en acto, para dejar de ser la libertad un tema de proclamas, canciones y monumentos y convertirse en el hilo conductor o en el telón de fondo de la existencia humana.
Pido permiso al Diccionario Enciclopédico (Edit. Herder) para apropiarme de una definición que viene al caso, que coincide con mi manera de pensar y que concuerda con el tema motivo de este análisis: “La libertad se considera componente esencial del ser del hombre, ya que da significado a la existencia y especifica y caracteriza el obrar del hombre: obrar que, por libre, se hace moral”. Vale la pena dedicar unos renglones a la ampliación de este concepto. Cuando se dice que la libertad “se considera componente esencial del ser del hombre”, se afirma algo que trasciende toda apreciación ligera o apresurada; algo es esencial cuando no puede faltar para que un hecho, fenómeno o realidad se haga presente; para que exista el aire y podamos respirar, debe estar presente el oxígeno, en consecuencia, sin oxígeno no existe aire y sin aire no existe vida; un hombre o mujer sin libertad carece de algo esencial para que pueda ser considerado como un hombre o mujer verdaderamente humanos. Estas reflexiones, a su vez, nos conducen a la afirmación de que misión primordial de los humanos es conquistar la libertad y una vez conquistada, defenderla con toda energía a fin de no ser privados de algo que constituye su propia esencia.
El totalitarismo siempre es miope. La miopía no permite mirar más allá de las propias narices. La miopía alienta y engorda toda egolatría.
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