El capitalismo asiático
Por José Luis Cordeiro
El Universal
No hay nada de mágico en la combinación de crecimiento con equidad bajo el capitalismo
Cuando el proceso de crecimiento capitalista se aceleró en Inglaterra a inicios del siglo XVIII, las condiciones de los trabajadores eran pésimas. Los obreros que laboraban durante cerca de 100 horas a la semana, el gran número de campesinos que inundaban las ciudades, el analfabetismo y la insalubridad, el trabajo de niños menores y mujeres, los salarios de subsistencia y las difíciles condiciones laborales eran las realidades de esa época y fueron las ideas que inspiraron las famosas novelas del escritor inglés Charles Dickens. Alemania pronto experimentó las mismas dificultades durante el inicio de su industrialización capitalista.
Allí fue donde comenzó a escribir Carlos Marx sobre el comunismo antes de ser expulsado por sus ideas subversivas para la aristocracia prusiana. Según Marx, la “lucha de las clases” entre la burguesía y el proletariado eran la “inevitable” consecuencia del capitalismo. Ante el gran temor a la expansión comunista, el canciller alemán Otto von Bismarck se vio obligado a dictar las primeras leyes laborales del mundo moderno. Marx, desde Londres, siguió prediciendo el inminente triunfo comunista en los países industriales avanzados como Alemania e Inglaterra; sin embargo, fueron dos sociedades agrícolas y pobres, Rusia y China, las que eventualmente adoptaron el comunismo más de medio siglo después.
El crecimiento del capitalismo en Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, también produjo inequidades que forzaron las migraciones continuas de muchos trabajadores hacia el “Oeste Norteamericano” en busca de nuevas oportunidades. A pesar de que las condiciones eran muy diferentes, los pocos países latinoamericanos que comenzaron a probar con ideas capitalistas a inicios del siglo XX también experimentaron crecimiento pero con grandes inequidades. Lo mismo ocurrió en los contados países africanos que intentaron modelos seudocapitalistas después de su independencia en la segunda mitad del siglo XX.
En gran medida, hasta hace tan sólo unas décadas, era casi dogmáticamente aceptado que el capitalismo eleva el nivel de vida promedio de la población pero sólo después de un período inicial de dolorosos cambios. De hecho, muchos economistas famosos hablaban del inevitable aumento de la inequidad durante el ajuste inicial hasta que toda la población comenzara a beneficiarse de las ventajas de un mayor crecimiento.
Tal era la teoría aceptada hasta que Asia Oriental demostró al mundo occidental que no hay nada de mágico en la combinación de crecimiento con equidad bajo el capitalismo.
Hoy el modelo a seguir es el capitalismo asiático.
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