Grupo ALBA, casi como el alba, entre la luz y la noche
Por Juan Paredes Castro
El Comercio
Si no es el Gobierno de Venezuela, algún invento en las sombras ha sembrado a través de varios puntos del país un programa de “asistencia social” denominado ALBA, que más tiene de encubierto que de transparente.
Sus patrocinadores, organizadores y operadores sostienen que no se trata de una cabecera de playa político-desestabilizadora montada por el régimen chavista, sino la expresión inocente de un voluntariado social destinado, entre otras cosas, a limpiar de cataratas los ojos de mucha gente pobre del sur peruano y a brindarle auxilios médicos básicos a quienes no solo no pueden ser atendidos en los hospitales nacionales sino que carecen de una mínima posta médica local.
¿Hay que estar agradecidos o preocupados de esta dinámica acción aterrizada entre el día y la noche, como su propio nombre, y dónde que penetra en el tejido social peruano bajo la siempre entendible motivación de la caridad?
Si mañana una institución particular peruana que se oculta en el anonimato descubre que en ciertos barrios marginales de Caracas hay una degradación juvenil a causa del consumo de drogas, ¿su obra de caridad consistiría en llevar allí una brigada de Cedro para hacer lo que no puede o no quiere hacer el Gobierno Venezolano?
Si de hacer caridad se trata, no faltaría una competencia grande entre quienes de aquí y de allá estarían dispuestos a entrar y salir sin permiso del país que se quiera con tal de impulsar en él cualquier acción encubierta.
Si ALBA no tiene conexión con el Gobierno Venezolano, ¿entonces con quién la tiene, pese a las evidencias que demostrarían lo contrario? En resumen, de qué se trata, cuál es su origen, cuáles sus propósitos, quiénes sus directivos y responsables. La caridad no da para todo ni encubre todo. Si yo dono anteojos tengo que hacerme responsable de que estos no dañen la visión de quienes los usen. Si yo me comprometo a una prestación de salud caritativa, tengo que tener garantías de calidad y responsabilidad. Con toda la pobreza crítica que puede mostrar en muchas partes del interior, el Perú no es una carpa de campaña abierta a la arbitrariedad asistencial de cualquiera que con un brazalete en el brazo puede fungir de socorrista de nuestras deficiencias gubernamentales y estatales.
Que alguien diga con toda franqueza qué es ALBA, que desea y qué quiere hacer aquí, en el Perú, y de qué se hace responsable y de qué no. Tampoco estamos para negar la caridad, pero comenzando porque esta sea franca y transparente.
Lo que no podemos aceptar son contrabandos políticos y desestabilizadores, menos de quienes podrían recibir ayuda caritativa en materia de democracia y libertades.
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