¿Qué es lo que hace a un mal líder?
Por Jack y Suzy Welch
Portafolio
Goran Milic, Zagreb, Croacia – ¿Por qué formula esa pregunta? No creemos que se proponga ser un mal líder. Eso solo puede ser porque está examinando sus instintos acerca de alguien que conoce. Tal vez, inclusive, la persona que le escribe el cheque con que le pagan el salario.
Y en eso, usted no está solo. Hemos escrito en una columna previa acerca de empleados que son inveterados ‘enemigos de los jefes’. Por cierto, ese ha sido uno de nuestros comentarios más controversiales. Sin embargo, nunca le habíamos dado a los malos jefes su merecido. Por lo tanto, aquí daremos a conocer algunas de las maneras en que los líderes pueden equivocarse, algo que con frecuencia hacen.
La manera más importante, y tal vez la más frustrante, en que algunas personas se convierten en malos líderes, es por suponer que lo saben todo. Pueden informar cómo funciona el mundo, qué es lo que piensan los ejecutivos de una corporación, cómo es que algo andará mal si usted intenta hacer esto o lo otro, y por qué es imposible cambiar inclusive una iota de un determinado producto. Esos jefes hasta saben qué clase de automóvil usted debería manejar.
En ocasiones, esos personajes se fortalecen en su arrogancia debido a algunas experiencias positivas. Pero por lo general son simplemente víctimas de su mal carácter. Y como resultado, también usted y su compañía se convierten en víctimas, pues esos personajes no son solamente insoportables: también son peligrosos.
Ellos no escuchan, y esa ‘sordera’ impide que nuevas ideas sean escuchadas, debatidas, ampliadas o mejoradas. Ninguna persona, sin importar su inteligencia, puede llevar una empresa a la cima por su propia cuenta. Para eso se requiere que cada voz sea escuchada. Y el líder que cree saberlo todo generalmente crea un silencio total.
Si ese tipo de sabihondos son insufribles, otro tipo de líderes son también peligrosos por lo poco que aportan. Estamos hablando de jefes que se distancian emocionalmente de sus empleados. Se sienten más cómodos a puertas cerradas, que lidiando con su equipo.
Si bien esos líderes remotos asisten a reuniones y a otras funciones a las que están obligados por su cargo, prefieren quedarse mirando a las computadoras. Y cuando resulta posible, todo ese complicado asunto con el personal es delegado a gerentes de recursos humanos cuya oficina está en otro piso.
Al igual que los sabelotodos, este tipo de líder es peligroso, pero por una razón diferente. Ellos no se comprometen. Y por lo tanto, no logran inspirar. Ese es un problema grande. Los líderes, después de todo, necesitan obtener seguidores para concretar sus tareas. Y los seguidores necesitan pasión para alimentarse.
Una tercera categoría de malos líderes está compuesta por jefes que son desagradables, insensitivos, prepotentes, o las tres cosas a la vez.
Tal como un lector neoyorquino nos escribió en fecha reciente: “Mi jefe es irrespetuoso, le gusta echar la culpa a otros, y en ocasiones es inclusive paranoico”. Tales líderes suelen ser protegidos por sus superiores pues cumplen con sus tareas y reditúan ganancias. Pero, debido a su personalidad destructiva, en muy raras ocasiones se ganan la confianza de los empleados.
Esa no es una manera de administrar una empresa y, por eso, ese tipo de líderes suelen autodestruirse. Tal vez, no ocurra tan rápido como usted espera. Pero, a menos de que sean propietarios de la empresa, eso ocurre eventualmente.
Y el tipo siguiente de mal líder está en el otro extremo del espectro: se trata de aquel que es demasiado gentil.
Esos jefes carecen de la capacidad para adoptar decisiones duras. Dicen sí a la persona más insignificante en su oficina, y luego pasan horas tratando de eliminar la confusión que han creado. Tales jefes suelen defenderse diciendo que intentan crear consenso. Lo que ocurre, en realidad, es que tienen miedo. Su agenda real es la auto preservación.
Eso conduce a una versión final del mal liderazgo: el de los jefes que carecen del coraje de diferenciar. Lo cierto es que no todas las oportunidades de inversión son iguales. Pero algunos líderes son incapaces de enfrentar la realidad. Por lo tanto, distribuyen sus recursos como el queso en la pizza, algo en cada parte.
Como resultado, prometedoras oportunidades de crecimiento no reciben la infusión de dinero y de personas que necesitan. Si lo hacen, alguien podría resultar ofendido durante el proceso de asignación de recursos. Alguien tal como el gerente de una compañía débil, o el patrocinante de una dudosa propuesta de inversiones.
Los líderes que no saben diferenciar generalmente son los que causan el mayor daño posible a los empleados. Al negarse a brindar evaluaciones francas, rigurosas, sobre el desempeño de cada subordinado, ofrecen a todos el mismo elogio: buen desempeño. Y cuando se distribuyen las recompensas, dan a las estrellas algo similar a lo que reciben los rezagados.
Ahora bien, algunos pueden calificar ese enfoque ‘igualitario’ de amable o justo, y esos malos líderes lo hacen, pero en realidad, sólo se trata de debilidad. Y cuando se trata de crear una empresa próspera donde las personas tengan la posibilidad de crecer y tener éxito, esa debilidad es temible.
Podríamos continuar, pero concluiremos con una advertencia. No esperamos que los malos líderes lean esta columna y se vean como son. Parte de ser un mal líder, sin importar la categoría, es que la persona no advierte sus problemas.
Pero si usted considera que su jefe figura entre los malos líderes antes mencionados, piense que cuando finalmente le llegue su turno sabrá bien qué es lo que no debe hacer.
Jack y Suzy Welch son autores del libro ‘Winning’.
- 15 de agosto, 2022
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