La valija socialista
Por Sebastián da Silva
El Pais, Montevideo
El proverbio popular es claro, cuando la limosna es grande hasta el santo (o el pobre) desconfía. Las relaciones entre las fuerzas políticas progresistas del continente encontraron desde la irrupción de Hugo Chávez un decidido desapego a las normas elementales de convivencia entre naciones independientes, un desconocimiento total de las normas de Derecho internacional y por supuesto, una discrecionalidad en el manejo financiero que llama la atención hasta un niño de tercero de escuela.
Motivados quizás por el internacionalismo manifiesto de las izquierdas, es que sus partidarios toleraron las inadmisibles intromisiones en asuntos internos de estados soberanos que impulsó el régimen Chavista. Vargas Llosa, los presidentes colombianos, Toledo, los opositores a Kirchner, la oposición ecuatoriana y boliviana, y en la actualidad hasta el propio Lula sufrieron las impertinencias bolivarianas, y su falta de respeto hacia quienes tienen otra opinión.
En nuestro Uruguay no fuimos ajenos a su estilo de hacer política. Ya en el momento de la ley de Asociación de Ancap sobrevolaba la suspicacia de que el chavismo podría estar detrás del financiamiento de la campaña pro referéndum, para beneficio de la empresa petrolera PDVSA en un gobierno frenteamplista.
Aquella opulencia demostrada por los detractores de la ley sorprendió, máxime cuando estábamos a sólo meses de las elecciones nacionales.
Casualidad o no, a tres años de aquellos episodios, las nuevas autoridades energéticas del Uruguay están siendo cuestionadas por la absoluta predilección en los negocios con PDVSA, el no llamado a licitación internacional para la remodelación de la refinería y otros menesteres referidos a los productos exportados a Venezuela, canjeados por el petróleo más pesado de la tierra.
Estas casualidades coinciden con el escándalo de la valija descubierta en Buenos Aires. Allí, se incauto casi un millón de dólares que un personaje no desconocido en nuestro país pretendía ingresar en un avión rentado por una empresa publica argentina. Nadie se pasea por los cielos del planeta con ese dineral, el que no elige una discreta y segura transacción electrónica para direccionar su capital es porque sencillamente no puede. No puede justificar su origen o no puede justificar su destino, por tanto se presume una utilización ilícita, que en este caso es más que evidente.
No estamos frente a un nuevo episodio de la corruptela del sistema político argentino de los que suelen informar los medios, sino que puede tratarse de la punta de un iceberg donde se logre descubrir la otra cara de la omnipotente generosidad del régimen Chavista.
El Sr. Antonini Wilson estuvo varias veces en Uruguay, mantuvo entrevistas con gobernantes, realizó contactos comerciales con las empresas privilegiadas de canje de petróleo por productos y se presentó como asesor oficial. Por tanto no queda otra alternativa que investigar todas las vinculaciones y propósitos llevaron a que este hombre sea tan bien recibido en nuestro suelo.
Los negocios con las estaciones en Argentina, la asociación de Alur, el régimen de exportaciones por petróleo, la llegada del Bandes hasta este nuevo barco carguero que quieren imponer deben de quedar fuera de sospecha.
Sólo así estaremos realmente tranquilos de que en estas expediciones de los nuevos salvadores de la patria no se haya entrado por error otra valijita.
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