Elecciones en Argentina: Muchas preguntas y una sola certeza
Por Roberto Cachanosky
La Nación
Unos meses atrás no había lugar para el debate sobre quién sería el próximo presidente. La continuidad del oficialismo el 28 de octubre próximo era un dato. Hoy, el resultado electoral de octubre ya no se lo toma como un dato, sino que pasó a ser tema de análisis. Dicho en otras palabras, se analizan escenarios políticos que antes se ignoraban aunque todavía no se crea que tengan un alto porcentaje de probabilidad de que ocurran.
Pero supongamos que, efectivamente, el 28 de octubre Cristina Fernández de Kirchner gana las elecciones en primera vuelta. La agenda de trabajo que le deja su esposo es bastante extensa y con temas complicados. Crisis energética a resolver, inflación creciente, profunda distorsión de precios relativos y, lo más complicado, un manejo de la economía que se basa sobre mecanismos primitivos que espantan a cualquiera que quiera invertir en la Argentina.
Recurrir a mecanismos para regular los precios y obligar a las empresas a abastecer el mercado con métodos propios del código de Hammurabi, escrito unos 1700 años antes de Cristo, que imponía precios máximos, o el famoso edicto de Diocleciano, emperador romano en el 285 de la era cristiana, que estableció precios máximos a todas las mercaderías y servicios y duras sanciones a quienes los violaran, llegando hasta la pena de muerte, no es el ideal para atraer inversiones. De más está decir que el edicto fue un fracaso y Diocleciano dejó de ser emperador, dedicando el resto de sus días al cultivo de coles y a meditar sobre la locura y la indocilidad humana.
Se desconoce si Diocleciano llegó a alguna conclusión de por qué los precios igual siguieron subiendo a pesar de las presiones y los castigos que implementó. Y también se desconoce si descubrió que la locura no era de la gente, sino de él. Pero volviendo a nuestros días, y dejando atrás los 4000 años de fracasos en los controles de precios, si la esposa del presidente gana las elecciones, tendrá un problema de tiempos. Es que ante la agenda de trabajo mencionada no podrá apelar al conocido discurso de la herencia recibida. Siendo que el lema de su campaña es la continuidad, ya tiene esa restricción. Además, habiendo participado activamente del diseño de la actual política económica e institucional no dispondrá de la luna de miel que suelen tener los presidentes cuando llegan al poder. Es decir, la gente ya no podrá decir que hay que darle tiempo a que arregle las cosas, dado que se presenta como la continuidad de lo que se hace actualmente.
De seguir la actual estrategia económica, la reestructuración de precios relativos tendrá que ser realizada en un contexto de inflación creciente, con tasas significativamente alejadas de las que marca el Indec. Ir corrigiendo el precio del combustible y del gas, con atrasos que van desde el 100% hasta el 200% no es tarea fácil de llevar a cabo en momentos en que el salario real está siendo erosionado por efecto de la inflación que se trata de disimular. Realizar este tipo de ajuste bajo presiones inflacionarias ya existentes requiere un sólido respaldo político teniendo en cuenta los problemas sociales que pueden llegar a suscitarse cuando se corra el telón y quede al descubierto la cruda realidad que durante tanto tiempo se trató de esconder. Otro dato que no es menor pasa por el tema fiscal. En el período enero-julio de este año los ingresos corrientes aumentaron el 38% respecto de enero-julio de 2006, mientras que los gastos corrientes subieron el 52%, reduciendo el superávit fiscal un 21%.
Es evidente que el traspaso compulsivo de afiliados de las AFJP al sistema de reparto no alcanzó para financiar la fiesta de haber otorgado jubilaciones a personas que nunca habían aportado al sistema. Pero también es claro que el aumento del 70% en las transferencias discrecionales del Ejecutivo a las provincias constituye parte del soporte político del Gobierno. Teniendo en cuenta que el apoyo político del oficialismo está en los gobernadores e intendentes K, sostener ese apoyo discrecional hace al poder político.
El problema es que la caja no es interminable, como de hecho podemos apreciarlo en la caída del superávit fiscal. Llegará un momento, entonces, en que la caja no alcanzará para subsidiar el transporte, la energía, la reestatización del sistema jubilatorio y, además, tener resto para sostener el apoyo de intendentes y gobernadores. El superávit seguirá achicándose y será una frazada corta que si se tira para arriba dejará sin financiamiento a los intendentes y gobernadores y si se la tira para abajo, dejará de haber financiamiento para los subsidios a la energía y el transporte. A mí me parece que si bien hoy la gente siente el impacto de la inflación en sus bolsillos, todavía no entró en pánico porque las cuentas de luz, gas, teléfono, agua y el boleto de los trenes y colectivos siguen sin moverse. Podemos decir que parte de la fiesta de consumo de los últimos años se financió, en cierta medida, retrasando estas tarifas de servicios públicos más el precio del combustible.
Feroz lucha
Corregir esta distorsión de precios relativos impactará sobre los ingresos de las familias y los costos de las empresas. De manera que al próximo presidente le tocará lidiar con una feroz lucha por la distribución del ingreso. Y se necesitará mucho respaldo político para enfrentar una situación social de la envergadura que es esperable que ocurra cuando se destape la olla. Y quienes vivimos el Rodrigazo sabemos lo que significa sincerar una inflación cero que estuvo comprimida por la ley de abastecimiento de Gelbard y sus controles de precios. Y como la Argentina no tiene moneda en el estricto sentido de la palabra, sino que tiene unos simples vales que sirven para hacer transacciones de corto plazo, habrá que ir pensando cómo dominar el arca de Noé, que es a la que todos quieren subirse cuando ven venir el diluvio. Me refiero, obviamente, al dólar.
No quisiera estar en los zapatos de quien tenga que reacomodar esta colosal distorsión de precios. Sólo podrá salir airoso de tal prueba aquel que entienda que la economía no se maneja sobre la base de amenazas, ni con llamadas de teléfonos intimidatorios o con medidas caprichosas. Por el contrario, este tipo de estrategias le generan pánico a cualquiera que piense en invertir en un ambiente de aprietes y patoterismo.
La clave para superar la prueba que se viene está en entender que no sólo hay que reestructurar los precios relativos y tener disciplina fiscal y monetaria, sino también crear un ambiente de negocios que incentive el ingreso de capitales para poder crecer en serio. De manera que el interrogante de quién ganará las próximas elecciones pasó a ser irrelevante. Las dudas son si tendrá capacidad para controlar la situación, si comprenderá el problema en que estamos metidos, si entenderá la necesidad de crear un ambiente de negocios y si tendrá el poder político para llevar a cabo las correcciones necesarias. Lo único que sabemos es que al problema habrá que enfrentarlo.
El autor es economista.
- 15 de agosto, 2022
- 14 de febrero, 2025
- 27 de noviembre, 2019
- 8 de junio, 2015
Artículo de blog relacionados
- 31 de agosto, 2012
Por Carlos Alberto Montaner Firmas Press La secuencia tiene cierta importancia. El 18...
31 de julio, 2006- 8 de noviembre, 2014
Por Julio María Sanguinetti La Nación “La memoria de nuestros duelos nos impide...
22 de diciembre, 2006













