“Supersarkozy”, el líder que tiene en vilo a Europa
Por Luisa Corradini
La Nación
El sarcasmo tiene, sin embargo, mucho de verdad. Desde que asumió sus funciones, el 16 de mayo, Sarkozy consiguió imponer un mini Tratado Institucional a la Unión Europea, participó en la cumbre del G-8 en Alemania, asistió a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, visitó a cada uno de sus principales socios europeos, viajó a Libia, Rusia, Marruecos, Estados Unidos, Chad, China, Argelia, Afganistán, el Vaticano y Egipto.
Y todavía le quedó tiempo para imponer su proyecto de reforma de los regímenes especiales de jubilación en Francia, divorciarse de Cécilia, recibir con gran pompa al líder libio Muammar Khadafy, tomarse vacaciones, seguir haciendo jogging cada mañana y subirse a la montaña rusa en Eurodisney en compañía de su nueva novia, la ex modelo italiana Carla Bruni.
Según sus colaboradores, casado, divorciado o enamorado, una cosa jamás cambia en el Palacio del Elíseo: la utilización que hace del tiempo el nuevo jefe de Estado.
“Jamás tiene un minuto para perder. Está en constante movimiento”, reconoce uno de sus asistentes, que describe una agenda completamente abarrotada en días de semana, de las 8.30 a las 20.30.
“Con una nutrida vida privada antes y después”, subraya.
Para sus numerosos detractores, ese movimiento perpetuo responde únicamente a una estrategia mediática muy bien pensada de “ocupación permanente de la actualidad”.
“El “sarkoshow”es non-stop y su autor no se conforma con escribir el libreto de cada día: también lo pone en escena y lo sobreactúa él mismo”, escribió el semanario satírico Le Canard Enchaîné.
“Si bien es cierto que la característica principal del presidente es la velocidad, es necesario preguntarse si finalmente no está confundiendo movimiento con agitación”, reflexionó más seriamente Dominique Moïsi, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI). En todo caso, en sus idas y venidas, Sarkozy no pierde nunca de vista un objetivo fundamental: los negocios.
Entre su viaje a China y Argelia, y la visita de Muammar Khadafy a París, el presidente francés logró contratos para las firmas francesas por 51.000 millones de dólares.
“La cifra es impresionante. Pero hay que recordar que algunos son contratos negociados antes de su elección. Además, muchos de esos acuerdos siguen en la etapa de proyecto”, advirtió el economista Philippe Frémeaux.
Sarkozy es totalmente insensible a esos bemoles. Para él, la preocupante situación de la economía francesa justifica su hiperactividad. Este año, el déficit de la balanza comercial llegará a 51.000 millones de dólares y el crecimiento será inferior al 2 por ciento.
“Los franceses me eligieron para hacer algo positivo en todos los frentes”, suele repetir Sarkozy.
El problema es el método que emplea. Sarkozy no fue el único líder occidental que le tendió la mano a Khadafy desde que la comunidad internacional le levantó la cuarentena diplomática en 2003. Tony Blair, Romano Prodi y hasta Jacques Chirac visitaron Trípoli, y el rey Juan Carlos lo recibió en Madrid. Todos firmaron contratos millonarios.
Gestos a Khadafy
Pero nadie como Sarkozy le organizó semejante recepción. En París, Khadafy tuvo dos audiencias con el presidente, una recepción en el edificio del Parlamento, una cena en el Elíseo -que coincidió con el Día Internacional de los Derechos Humanos-, y pudo cazar en el antiguo coto real de Rambouillet.
Esas atenciones provocaron la indignación de la oposición de izquierda, de las ONG y también de muchos miembros del partido de gobierno.
Sarkozy afirma que puede hablar con cualquier régimen que se declare dispuesto a cambiar.
También suele señalar que está haciendo lo mismo que sus homólogos y sus predecesores: usar la diplomacia con fines comerciales.
La diferencia reside en que sólo él declamó públicamente que el principal objetivo de la diplomacia francesa sería “promover la libertad y los derechos humanos en la escena internacional”.
“Es necesario denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometen en China y en Rusia, aunque se trate de dos grandes potencias”, afirmó la noche de su triunfo electoral.
No obstante, cuando visitó China el mes pasado -donde firmó contratos por 28.000 millones de dólares-, Sarkozy excluyó a Rama Yade de la comitiva. Yade es una de las funcionarias favoritas del presidente, pese a que osó criticar la recepción a Khadafy en Francia.
Hace un mes, cuando Rusia organizó unas elecciones legislativas que fueron calificadas de “ni libres ni transparentes ni democráticas” por la canciller alemana Angela Merkel, Sarkozy fue el único líder occidental que llamó a Vladimir Putin para “felicitarlo” por el triunfo de su partido.
“¿Dónde se detiene el realismo comercial y dónde comienza el compromiso con los tiranos?”, se preguntó el politicólogo Jacques Juilliard.
Pero las críticas de los intelectuales no hacen mella en el presidente francés. Preocupado únicamente por los resultados, Sarkozy -también llamado “Presidente Biónico”, “Supersarko”, “Omnipresidente”, “Speedy” o “Presidente Bling-Bling” -por su gusto desmesurado por el lujo, el dinero y el show-biz – parece haber adoptado una línea definitiva de conducta: “Si funciona, sirve”.
¿Bruni, primera dama?
PARIS (EFE).- La madre de la cantante y ex modelo italiana Carla Bruni, la nueva compañera sentimental del presidente francés, Nicolas Sarkozy, se imagina a su hija como primera dama. “Si Carla se convierte en primera dama de Francia, tendrá que conservar para ella un lugar y un tiempo para escribir” sus poesías, componer su música y grabar sus álbumes, dijo la madre de Bruni, Marisa Borini, al diario Le Parisien . Las imágenes de Sarkozy, de 52 años, y Bruni, de 39, han vuelto a copar las revistas estos días, durante unas mediáticas vacaciones en Luxor y Sharm-el-Sheikh, Egipto.
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